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Francisco Porras Sánchez

01/11/2020 - 12:02 am

La nueva política

El surgimiento de jefes de gobierno y de Estado populistas es un síntoma de la crisis de las instituciones tradicionales de la democracia representativa. En muchos lugares, los(as) votantes han elegido a líderes que establecen relaciones directas con ellos(as) -a través de narrativas y programas que buscan consolidar una base de apoyo clientelar- y que […]

¿Qué hacer ante estas nuevas formas de la política? Foto: Graciela López, Cuartoscuro

El surgimiento de jefes de gobierno y de Estado populistas es un síntoma de la crisis de las instituciones tradicionales de la democracia representativa. En muchos lugares, los(as) votantes han elegido a líderes que establecen relaciones directas con ellos(as) -a través de narrativas y programas que buscan consolidar una base de apoyo clientelar- y que cuestionan y socavan las instituciones mismas que permitieron su acceso al poder, incluyendo las encargadas de vigilar la limpieza de las elecciones; así como el ejercicio de la libertad de expresión de actores(as) no-gubernamentales.

Para unos(as), el problema de fondo es que la primera ola de democratización produjo sistemas en los que la democracia procedimental aseguró elecciones eficaces, pero sin realmente consolidar una segunda ola de democratización -en la que la democracia se vuelve una forma de vida basada en la participación ciudadana y la rendición de cuentas- (O’Donell, 1994). Para otros(as) más, el problema ha sido el desencanto que se ha producido por los gobiernos electos democráticamente que no han tenido buenos resultados en asegurar altos niveles de calidad de vida, crecimiento económico incluyente, y el acceso a los derechos cívicos, políticos, económicos, sociales y culturales fundamentales (PNUD y OEA, 2010). Todo esto ha generado nuevas formas de ejercer la política que, en muchas ocasiones, rompen con procesos de consolidación de la democracia que llevaban décadas, exacerbando la polarización política y social.

¿Qué hacer ante estas nuevas formas de la política? Evidentemente, no existen respuestas sencillas ante problemas complejos. Cualquier intento de solución debe reconocer la necesidad de co-generar entendimientos compartidos de los problemas y cooperación sostenida en las soluciones. Adicionalmente, cada sector de política pública y contexto tendrán características propias que deberán atenderse adecuadamente. Sin embargo, también es claro que necesitamos entender mejor las causas, los procesos y los efectos de la política populista -lo que es una tarea ardua, dado el número de “piezas movibles” del análisis y la rapidez con la que cambian los escenarios-.

José Ignacio Porras (2003) propone tres factores que deberíamos estudiar mejor. Para este académico, éstos son parte del análisis complejo que cualquier tomador(a) de decisiones debería realizar para continuar con la consolidación de la democracia -i.e. de la participación de todos(as) y cada uno(a) en las decisiones públicas que nos afectan- y evitar las tentaciones antidemocráticas de imponer la voluntad de las mayorías por encima de los derechos humanos fundamentales.

a) El primer factor es la individualidad. En los últimos años, la política se ha vuelto más identitaria, en el sentido de que nuestra relación con ella pasa por las categorías y valores que consideramos constitutivos de quienes somos. Como resultado, la vida política se ha fragmentado, fomentando expresiones que subrayan lo que nos hace diferentes (y únicos), y aumentando expectativas ciudadanas sobre la política clientelar que se considera una herramienta para satisfacer las necesidades concretas de los(as) votantes. El(la) ciudadano(a) se vuelve un(a) ciudadano(a)-cliente, en un mercado de ideas y decisiones gubernamentales que se le ofrecen como posibles opciones. El reto, como puede verse, es el desarrollo de identidades comunitarias que faciliten entender los problemas de manera compartida. Un ejemplo muy sencillo -pero difícil de lograr- son las políticas en torno al T-MEC, que deberían ser mexicanas y norteamericanas. Debemos desarrollar una identidad norteamericana, de la misma manera en que los europeos han logrado una identidad europea, para tomar decisiones que optimicen ese tratado.

b) Un segundo factor son las redes. Como bien menciona Porras(2003), él no argumenta que nos hemos vuelto “autistas políticos”, sino simplemente que las formas de organización político-social son ahora más flexibles y fluidas que en el pasado. El reto aquí es cómo lograr que organizaciones con pocas cosas en común y poco desarrollo institucional aporten de manera decidida al bien común de toda la sociedad. Necesitamos volver a las redes y grupos sociales instrumentos efectivos de la democracia, que no busquen solamente su propio interés individual o sectorial, sino que sean capaces de re-formular éste en términos de la sociedad en su conjunto. Debemos entender cómo las redes, de muy diverso tipo, nos posibilitan mantener una sociedad funcional complementando o cuestionando las instituciones formales y jerárquicas.

c) Por último, José Ignacio Porras propone la racionalidad. La política populista no se puede entender solamente en términos de beneficios monetarios o de otro tipo ofrecidos a las bases de votantes, sino que es indispensable entender -de una manera respetuosa- los problemas, dilemas, soluciones y valores que los(as) votantes enfrentan. La política populista usa imágenes en lugar de argumentos complejos; da saltos intuitivos y directos, en lugar de proponer encadenamientos lineales de fines y medios; explota el sentimiento y la experiencia directa a costa del pensamiento y la ponderación tranquila. El reto aquí es cómo fomentar que los(as) votantes sean cada vez más responsables, tomando conciencia del poder de su voto y de la participación ciudadana para el logro de fines comunes, que nos benefician a todos(as).

Estos son tres factores y tres retos indispensables. En ellos nos jugamos la sustentabilidad de la democracia.

 

 

Referencias

  • O’Donell, G. (1994). Democracia delegativa. Recuperado de https://www.liderazgos-sxxi.com.ar/bibliografia/Democracia-delegativa_.pdf
  • Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD] y Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos [OEA] (2010). Nuestra democracia. Recuperado de https://www.oas.org/es/sap/docs/nuestra_dem_s.pdf
  • Porras, J. I. (2003). Individualidad, racionalidad y redes. Las nuevas lentes para comprender “lo político” en la Sociedad de la Información. Recuperado de http://revista-redes.rediris.es/webredes/textos/Individualidad.pdf

Francisco Porras Sánchez
Doctor en Política y Estudios Internacionales por la Universidad de Warwick, Reino Unido. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Su línea de investigación es la Gobernabilidad urbana y regional contemporánea (finales del siglo XX y principios del XXI), con particular interés en gobierno, gobernanza y redes de política pública. Actualmente es profesor investigador del Instituto Mora. Twitter: @PorrasFrancisco / @institutomora

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