“¿Cómo involucrar más a la ciudadanía?”. Foto: Graciela López, Cuartoscuro

¿Cómo abordar la problemática del cambio climático? Mucho se ha hablado de la transición energética, así como de la modificación de estilos de vida y a patrones de producción y consumo. Estos cambios – urgentes y radicales – serán posibles solo con la participación activa de la ciudadanía.

Si bien es cierto que el sector privado – especialmente aquel ligado a fuertes emisiones contaminantes – y los gobiernos – mediante la formulación e implementación de políticas públicas adecuadas, así como a través de acciones propias – tienen responsabilidades mayúsculas; la realidad es que la ciudadanía debe participar en el tratamiento del problema.

Esto va más allá de acciones individuales tendientes a satisfacer posturas cuyo impacto es minúsculo si no se dan de modo agregado. Dichas acciones son parciales porque la cotidianeidad no permite tener un impacto integral como individuo. La huella de carbono de cada persona puede variar: puede haber reducción de emisiones derivado del uso de determinado tipo de transporte, pero puede haber reticencia a reducir el consumo de carne. Se puede estar en favor de la reforestación, pero quizá se dejan electrodomésticos conectados permanentemente y en modo de “ahorro de energía”, o se puede hablar de energía renovable mientras se viaja frecuentemente en avión o se va en carro al mercado que está a tres cuadras.

Los ejemplos pueden ser tan diversos como se guste. Lo que destaca es que esta ambivalencia de acciones es común en la gran mayoría de individuos, lo que no abona a combatir el cambio climático. Por el contrario, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen incrementándose con el paso del tiempo, aun cuando el discurso esperanzador está a la orden del día y se formulan acuerdos internacionales y políticas regionales y nacionales sobre la materia.

Entonces, ¿cómo involucrar más a la ciudadanía? Su participación, dada tanto a través de acciones individuales y locales como mediante manifestaciones en el espacio público demandando acciones de otros actores, tiende a estar presente en sociedades de países desarrollados.

Una propuesta que ha surgido recientemente en el Reino Unido refiere a la conformación de una asamblea ciudadana para combatir el cambio climático. Para este propósito, se enviaron invitaciones a 30,000 ciudadanos para conformar tal asamblea (Climate Assembly UK), en la cual ellos pueden escuchar tanto a científicos como a personas afectadas por la situación, además de discutir sobre las formas de viajar, comprar y usar energía. Dicha asamblea tendrá lugar entre enero y marzo del próximo año.

Éste puede ser un paso importante para una democracia real, puesto que se necesita apoyo público para modificar la estructura social y cultural en la que está basado el origen del cambio climático antropogénico. También es verdad que los consejos que emita dicha asamblea pueden ser ignorados por el gobierno. Otro aspecto a considerar es la frecuencia con que este tipo de asamblea tenga lugar, pues esta medida puede obedecer simplemente a la necesidad de mostrar nuevas propuestas de acciones, sin que se tengan impactos reales en el trato de este tema urgente.

Este tipo de acciones puede replicarse en otras latitudes que tienen otras prioridades inmediatas. Las sociedades de países en vías de desarrollo tendrán que voltear a ver el tema, ya sea tarde o temprano, y desarrollar estrategias incluyentes con distintos sectores de la sociedad.

Sin embargo, las sociedades de estos países tienen otras prioridades. Están enfocadas en satisfacer necesidades inmediatas, como alimentación, salud, empleo y educación. Si el medio ambiente no es prioridad, mucho menos lo es el cambio climático. Esto sucede aun cuando la evidencia científica indica que los países en vías de desarrollo son los más propensos a experimentar los efectos más crudos y desastrosos.

¿Y entonces? ¿Cómo se puede fomentar la participación ciudadana para combatir el cambio climático en países en vías de desarrollo?