Una entrevista con él abrió nuestro suplemento Puntos y Comas. Ahora, volver a hablar de Manos de lumbre y de El país de los hablistas es hacerlo con alguien profundamente comprometido con la literatura. Cree en las redes sociales, aunque lo considera “una moneda de dos caras”.

Ciudad de México, 2 de febrero (SinEmbargo).- Alberto Chimal todo lo escribe, al menos eso parece. Un librito acá, delicioso, las historias de Manos de lumbre (Página de Espuma), como diría Jean-Paul Sartre, “no hay necesidad de fuego, el infierno son los otros”.

Un escritor que practica el plagio literario, una mujer obsesiva bajo una maternidad malentendida o una enferma frente al trance de elegir son algunos de los personajes de Alberto Chimal que conviven con su propio infierno, con su propio disimulo, manipulación o incertidumbre.

También está el libro El país de los hablistas (FCE), en realidad una reedición en el que Chimal reunió diez textos. De ellos, el más importante es el primero, que lleva por nombre “La verdad”, pues en él está la cosmogonía que Chimal imaginó para todo el libro y además en él está expresado cuánto debemos confiar en el narrador.

De Alberto Chimal se ha escrito: “Alberto Chimal nos recuerda que todo ocurre aquí, en este mundo, en esta vida, en estas formas de imaginación de las que todos participamos», Francisco de León, Literal.

“Para los lectores algo cansados con el modo realista en el que se desenvuelve buena parte de la literatura latinoamericana contemporánea, Chimal es un escritor imprescindible”, Edmundo Paz Soldán, La Tercera.

“Así funciona la narrativa de Chimal: con potencia. Tiene poder, tiene eficacia, engancha”, Sara Mesa, Estado Crítico.

“Chimal se acerca a la zona de la penumbra, de las amenazas y las identidades indefinidas, en donde reina la “belleza terrible” y donde lo desconocido y lo aterrador cohabitan”, Carolina Herranz, Criticismo.

El país de los hablistas es un libro delicioso que tiene filosofía y televisión, ¿lo ves así?

–Un poco. Está todo entremezclado, un montón de influencias de todas partes.

–Un libro propio para los adolescentes, aunque tú no lo pensabas, ¿verdad?

–No, no estaba pensando para un público en particular, pero con el tiempo he notado que sí interesa a la gente joven. Tiene la intención de hacer un poco referencia a las historias de otro tiempo. A los cuentos de Las mil y una noches, donde todos encontramos las historias que nos interesan.

Un libro donde cada personaje comete una torpeza. Foto: Especial

–Empieza el libro con Amma y termina con Amma…

–Sí, jugaba un poco con eso, con el libro circular. Al final, algo que me gusta mucho, sobre todo una especie de capricho o de juego mío, jugar con la estructura de los libros.

–La sátira, la ironía, en el cuento de “Pargo y Rata”, es tu sentido del humor.

–Me gusta muchísimo el humor. Creo que un día de estos podría escribir un libro de “Pargo y Rata”, que son dos bribones arquetípicos, siempre están metiéndose en problemas y siempre acaban en una situación angustiosa. En el cuento que está ahí empiezan en una situación trágica, aunque pienso que siempre se salvan.

–El cuento de amor es conmovedor.

–Ese cuento de amor es trágico. Cuando lo escribí estaba en un plan como melodramático, creo que esas paradojas, esas ironías nos tocan a todos en la vida.

–El tema de la violencia está en ese hombre que mata a los niños, a su familia

–Fíjate que toda la violencia que hemos vivido en las últimas décadas, me recuerda a este cuento, que por otra parte tiene que ver con los cuentos de horror, aunque es un poco premonitorio. Este libro de cuentos se publicó en 2001.

–Decía la televisión porque se parece un poco a Game of Thrones.

–No lo sé, la principal inspiración es una escritora argentina que se llama Angélica Gorodischer, quien tiene un libro extraordinario que se llama Kalpa Imperial, donde hay un narrador de historias atemporales y por supuesto se parece también un poco a George R.R.Martin.

–Está también tu libro Manos de lumbre.

–Es el segundo libro que publico con Páginas de Espuma, que es un paso hacia delante en mi carrera. Es una frase que se decía en México cuando un niño cometía alguna torpeza. En el libro todos los cuentos tiene a un personaje que comete algún tipo de torpeza. La forma en la cual los seres humanos somos capaces de destruir y de destruirnos también.

–Tu literatura últimamente está en el infierno, ¿es así?

–Creo que en libros como este sí lo están, por diversas razones, desde las personales hasta el hecho de que el mundo ha derivado en una atmósfera más apocalíptica. No sólo en México sino en todos los lugares. Finalmente uno siempre está escribiendo desde su propio entorno.

Los objetos –el libro- es una opción más entre muchas que hay para pasar el tiempo, dice. Foto: FIL en Guadalajara

–¿Qué te han dado las redes sociales?

–Son una especie de monedas de dos caras. Por una parte nos han permitido una interacción que no hubiéramos tenido de otra manera. Creo que una buena parte de mi trabajo se difunde en las redes sociales. Y por el otro lado, nos toca vivir las consecuencias del discurso en línea más radical. Ese proceso es como el reverso de las ventajas que ofrecen las redes sociales.

–Tienes el contacto con los nuevos lectores, ¿qué te dicen esos nuevos lectores?

–Los nuevos lectores están abordando la literatura de una manera más desenfadada que sus padres. Hay una cierta actitud más frívola pero también más abierta. Los objetos –el libro- es una opción más entre muchas que hay para pasar el tiempo. Sí hay un reconocimiento de lo que puede ofrecer la lectura. Tienen otra relación con la jerarquía de la comunicación. Matizar los anuncios idealistas y los anuncios nihilistas, en generar muestran sólo algunos aspectos de una situación mucho más compleja.

–¿Después de la novela La torre en el jardín, no intentaste escribir otra novela?

–Sí, claro. Edité una novela para jóvenes y ahora tengo una nueva novela, que espero que encuentre pronto casa. Hay otra más que está contratada por el Fondo de Cultura Económica.

–¿Qué dirías de la novela hoy en el contexto de un México destruido?

–Creo que la novela mexicana tiene una variedad y tiene una serie de alcances y posibilidades bastante estimable. Sobre todo las escritoras. Puede quedar como un poco eclipsada por esa palabrería que está de moda. Libros de agenda política. El ataque a los narcos parte 1500, eso es lo que digo. No ofrecen nada esos libros. Hay mucha autoficción también, no todo es interesante. Por casa Canción de tumba, hay miles que no valen nada. La mejor novela no está uncida a estas modas.