“Nos hemos preparado. Somos profesionistas. Hay calidad en los libros. Así nació Rostros en la oscuridad: con energía, con agallas, con atrevimiento, acompañado de los estudiantes”, expone Melchor López Hernández, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Ciudad de México, 2 de marzo (SinEmbargo).– Rostros en la oscuridad lleva en el título su antítesis. Las pamboleras, los pacientes de hospitales, las víctimas de la violencia, los migrantes… todos encuentran un poco de luz en las páginas.

El proyecto editorial nació con “punch” y arrojo. Ahora es una realidad: más de una decena de libros respaldan el trabajo de Melchor López Hernández, Karla Santamaría y Adán Magaña.

En entrevista para SinEmbargo, los integrantes del equipo de Rostros hablan sobre los años que construyeron su propia historia.

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–Melchor, cuéntanos sobre la historia de Rostros en la oscuridad.

–Hay antecedentes. Son años y actividades. En una escuela, el Cetis número 5, donde yo he dado clases, tuvimos una publicación estudiantil. Solamente participaban los estudiantes. Los sacábamos cada semana. La directora nos apoyaba con el tiraje. Sólo eran dos hojas, cuatro páginas. Se llamaba Serendipity. Comprábamos las hojas, buscábamos que los estudiantes escribieran. Nosotros engrapábamos y las distribuíamos en los salones, en el turno vespertino, en el turno matutino, y como ahí hay clases los sábados, íbamos también. Se distribuían mil 250 ejemplares y la idea se mantuvo durante siete años. Llegábamos a los salones y pedíamos una cooperación voluntaria. Había gente que te daba cincuenta centavos, pero había quien daba 3, 5, 10 pesos. Maestros llegaron a dar hasta 20, 25 pesos. Del dinero que juntábamos, primero apartábamos para comprar los paquetes de hojas para la siguiente edición. El resto del dinero lo distribuíamos entre los que iban a los salones a entregarlos. Es un buen antecedente porque ahí tuvimos la práctica del diseño, de la redacción, de la distribución. Si alguien quiere hacer alguna vez el estudio de la publicación de Rostros y sacarlo desde raíz, Serendipity sería el antecedente.

Después yo tuve la oportunidad de dar clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Y ahí hubo una producción de escritura por parte de los estudiantes y hasta ahí quedaba, como parte del ambiente estudiantil, académico, de producción escrita, pero como tareas, entregas… Nos gustaba mucho que ellos fueran a hacer entrevistas para que después las presentaran como relatos. Me acuerdo mucho de la lectura sobre una prostituta que siempre leíamos, que siempre impactó. Lo leíamos y se nos ocurrió que nosotros podíamos hacer eso y empezamos. Y ahí la idea fue que quisimos sacarlo del salón de clase, que no nada más quedara entre nosotros. Adán Magaña ya era profesor adjunto de la materia que yo doy y fuimos generando esa idea. Hubo un tiempo en que hacíamos el libro, pero sólo para nosotros. Teníamos 40 alumnos, sacábamos 40 ejemplares, nada más, pero ya se editaba. Se editaban las entrevistas.

Una vez tuvimos la idea de sacarlo ya como libro. Participamos en un taller de poesía y de relato corto en una cantina. Yo fui primero, después invité a Adán y luego invitamos alumnos. El coordinador de ese taller nos pedía dinero y lo invertía para sacar un tiraje de 300 ejemplares de los mejores poemas. Ahí vimos cómo era la producción, el tiraje de 300. Vimos varias cosas que nos llamaron la atención… fue el momento de fusión. En la misma cantina y en otros momentos parecidos, fuimos platicando, mientras seguíamos dando clases en la Facultad. Hacíamos prácticas, íbamos al Cervantino, a Oaxaca, hacíamos entrevistas. Tuvimos entonces el contacto con la imprenta. Nos dimos cuenta que era el paso más complicado, pero hablamos y nos lanzamos a hacer el proyecto.

Adán propuso la idea de cómo hacernos de recursos para lanzar el tiraje de mil ejemplares. Él hizo la cuenta matemática: ‘hay que pedirle a los estudiantes y después les damos tantos ejemplares’. Yo vi que era una idea muy precisa, muy atractiva. Tuvo la idea y la lanzamos. A partir de ahí ya discutimos el nombre del proyecto: Rostros en la oscuridad. Adán propuso ideas y yo dije: ‘va’. Lo vimos en la realidad en Rostros en la oscuridad: Relatos. Fue un tiraje de mil ejemplares. Lo hicimos con un grupo de primer semestre en la Facultad, en una materia que se llamaba Taller de Investigación Documental. Desarrollamos el programa de la materia y paralelo llevamos el proyecto del libro. A los muchachos les encantó. Ellos pusieron una parte de dinero y nosotros la otra. Ya después saltó la idea de hacerlo en convocatoria abierta, invitar a estudiantes de escuelas privadas y públicas. Rostros en la oscuridad es la fusión entre Serendipity, las clases en la Facultad y la producción periodística, intelectual y académica.

La distribución es la etapa más ruda. No nos ha costado trabajo porque tenemos un público cercano, permanente y cautivo. Ofrecemos la propuesta de trabajo cuando hay ciertas características del grupo. El grupo debe tener participación. Debe estar muy atento a nuestra forma de trabajo. Así se hace la invitación. Si no hay las características, no hacemos la convocatoria cerrada.  Ahorita tenemos convocatoria abierta para Rostros en la oscuridad: Cuba. Participa una estudiante de comunicación de La Habana, Cuba. La gente mayor se sorprende cuando ve a ‘morritos’ publicando en un libro que reúne las características para publicarse y distribuirse.

Así es como Rostros en la oscuridad se ha mantenido durante seis, siete años. De Rostros hay once libros. Ahorita va a entrar a imprenta Migrantes [coordinado por Isa Sánchez]. Está ya también en revisión Rostros: Sismos. Hace poco salió Rostros: Trans [coordinado por Sofía Fontanela]. Hemos tenido la oportunidad de presentarnos en varios lugares. El más espectacular fue en La Habana, Cuba. Quisimos presentarlo en Canadá, pero no ha pasado. Nos han dado espacio medios de comunicación. También hemos ido a poblaciones alejadas, como cuando fuimos a Guanajuato. Hemos estado en prepas, en ferias. A veces son más los que vamos a presentar que los que nos van a ver, pero también hemos llenado auditorios en la UNAM. Si bien es cierto que el tiraje de mil ejemplares es muy poco, pues algo es algo. Es una aportación. Son temas que debe tener cerca la población.

Melchor López Hernández. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

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–¿Por qué llamaron al proyecto Rostros en la oscuridad, Adán?

–Mandábamos a los alumnos a que entrevistaran a cierto tipo de personajes. Siempre nos acercamos al olvido: los marginados. Mandábamos que entrevistaran a taqueros, y varias de las entrevistas rudas venían de los paraderos, lugares sombríos. De ahí nace la idea de ponerle Rostros en la oscuridad. También se pensó en Personajes en las sombras, pero yo propuse Rostros en la oscuridad, que se englobaran las caras, los personajes que entre comillas están en la oscuridad, pues están con nosotros.

–¿Cómo se elige el tema?

–En los primeros partimos de relatos periodísticos que ya existían. Por ejemplo, los que sacaban en la revista Proceso, La Jornada. Pensamos en personajes urbanos, en general. Quisimos hacer un libro sobre prostitutas, pero sabíamos que ya se había hecho eso. Tampoco era tan fácil para los alumnos. Abrimos el abanico: personaje urbano. Podían ir con el barrendero, con el payaso del semáforo, con una prostituta, con el que vende tamales, muchos personajes. De ahí surgió Relatos. La primera entrevista es Lluvia de estrellas. Habla de una prostituta trans. Nos gustó, es el arranque del libro. El segundo libro fue igual, con la misma dinámica: los muchachos eligiendo el personaje. En el tercero decidimos salirnos del guión. Estaba la guerra de [Felipe] Calderón. Se nos hizo interesante abordar el tema de las drogas. El libro se llamó Rostros en la oscuridad: Paisajes de las drogas. No trató precisamente de narcotráfico, pues se hacían muchos trabajos, más bien sobre ámbitos particulares en la Ciudad de México. Se entrevistó a gente que tuvo contacto con las drogas. Nos gustó hacer homogéneo el concepto. Hicimos Cárceles, Perversiones, Trastornos mentales, Trans, Migrantes, Sismos. Los libros los cerramos en temáticas.

–Danos tu ‘top’ de relatos que se incluyeron en Rostros.

–Por cada libro que hacemos son 27 relatos aproximadamente. Son ya cientos de relatos. El primero me impactó: Lluvia de estrellas. Me impactó porque yo sabía sobre parafilias, pero no las había leído. ‘Una lluvia de estrellas’ es cuando alguien defeca en otra persona y a partir de eso, la persona se excita. Fue brutal… la forma en que se hizo con método periodístico. La alumnas que hicieron ese texto, tenían la suficiente capacidad para pelear con los grandes escritores y periodistas. Me impactó. Ellas fueron sobre Tlalpan. La prostituta dijo que no daba entrevista porque tenía padrote, pero le dijeron que podían comprarle tiempo.

También me impactó sobre una trans con doctorado. En el imaginario colectivo, como se narra en el libro, pues siempre se piensa que las trans son las que se prostituyen, son las que están en la estética, y ya en la entrevista, esta persona narra que tenía sus licenciaturas, maestría, doctorado. Te sorprendes.

Me gustó Cárceles porque las instituciones cerradas me parecen las más crudas: hospitales, cárceles, escuelas. Ahí se dan relaciones de poder.

Adán Magaña. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

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Ilse Jocelyn Tovar Resendes participó en Rostros en la oscuridad: Trans. Es una joven que se convertirá en escritora. También habla aquí.

–Cuéntanos sobre tu llegada a Rostros, Ilse.

–Yo llegué a Rostros en primer semestre. Fue impactante porque nos incitaron a escribir. Recuerdo una vez que escribí un relato sobre un familiar y Melchor me mandó un correo. Me dijo que estaba muy rudo el relato. A partir de eso vio el perfil que yo tenía para la escritura y después nos propuso escribir en Rostros: Trans. Nunca había tocado ese tema: transgénero, transexual. Fue grato hacer la entrevista y cuando vi el libro… pues sabes que puedes hacer cosas importantes.

Algo que identifica mucho a Rostros es visibilizar a los marginados. Acudí a presentaciones y luego formé parte de la corrección de estilo. Me tocó ya estar del otro lado, ya no nada más de ir a entrevistar y hacer el texto, sino de leer a los demás y ver al otro a través del texto. Es como un juego de ‘otredad’ muy padre. Cuando los lees, dices: ‘¿cómo se selecciona?’ Todos me gustan. Me costó mucho trabajo. Me tardé. Quería meter todos. Es [el proyecto] autogestivo. Se ve el lado social. Se toma conciencia. No sólo es sacar dinero, como suele pasar. Hay proyectos que no se cumplen porque se vician. Ellos [Rostros] no sólo ven el interés económico.

Rostros me ha dejado buenas experiencias. Recuerdo cuando los acompañaron los padres de los 43 normalistas. Hay que ir y escuchar a la gente. Tal vez en el futuro puedes estar tú del otro lado.

–¿Estarás al frente de Rostros: Feminidicios?

–Para mí es difícil escribir. Hace un año escribí un texto sobre el feminicidio. En Tlatelolco, Melchor me dijo que iba a ser la coordinadora de Rostros: Feminicidos. Yo lo hago para visibilizar la violencia de género. Ya la estamos normalizando. ‘Ah, apareció otra muerta’… suena impactante. Me causa estragos escuchar: ‘es que desapareció otra chava. La mataron’. Y que la mayoría de los casos no se resuelven. Me interesé más cuando tuve una entrevista con María Salguero, quien hizo el mapa de feminicidios. ‘¿Cómo entrevisto a los familiares de las víctimas?’ ‘¿Cómo les pregunto?’ No puedes llegar, preguntar e irte. ¿Cómo expresar tu empatía? ¿Cómo logras no revictimizar a las víctimas? El libro se hace con la intención de visibilizar. Y si el tiraje es de mil, que mil personas lo lean y que mil personas cambien su forma de pensar. Ese proyecto ya está en camino. Me gustaría hasta hacer un documental.

Ilse Jocelyn Tovar. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

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Adán Magaña explica cómo es el proceso y cuánto tiempo pueden tardarse en publicar uno de los textos.

–Son varias partes. la primera es el hacer el producto, el escrito. Es el arranque. Tenemos dos formas: cuando son un grupo de estudiantes que tienen ciertas características y adoptan la idea periodística, lo trabajamos cerrado. Se elige una temática. Hacen entrevista. Se redacta. Son unos dos meses. Después de dos meses se compilan. Ahí hacemos la selección. Después se pasa a Karla Santamaría, ella comienza con la corrección de estilo. Vienen otras leídas. Empiezo a enmaquetarlo. Entre revisiones y maqueta son otros dos meses. Luego se manda a imprenta y se sacan mil libros. Son entre 5 y 6 meses en todo el proceso. Luego viene la distribución. Nos podemos tardar hasta un año. Lo más rápido fue Trans, en cuatro meses. También mandamos convocatoria abierta. Es decir, la única peculiaridad que debe tener la persona es que debe ser estudiante de cualquier institución. La dinámica es distinta. No los vemos constantemente y los tiempos se alargan. Los participantes se extienden. Se pueden tardar 2, 3 meses. Por eso no ha salido Rostros: Sismos. Nos tardamos. El de Migrantes también ya lleva tiempo.

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–¿Melchor, qué pensabas cuando nació Rostros, qué piensas hoy?

–Cuando se estrena Rostros fue impactante. Se ha mantenido la intensidad. Soy de la idea de que si no hay intensidad, si no hay emoción… cuando nos enfrentamos a los muchachos y compañeras, les decimos que deben tener eso: ‘punch’, fuerza. Tiene que imaginar que los puede leer un ‘compa’ que va en el Metro y que lleve una mano en el tubo y otra Rostros. Solamente lo logrará si tiene intensidad el escrito. Deben llevar una carga emotiva para hacer esa actividad. Ese extra debe difundirse y deben conocerlo los familiares. Cuando se estrenó Rostros en la oscuridad: Relatos, fue un impacto muy fuerte porque hicimos la presentación con 400 butacas. El libro impacta porque es por estudiantes para estudiantes. Uno ve la necesidad de los que vienen por una etapa de iniciación. No hay que esperar a terminar la carrera y empezar la tesis. Hay gente que no capta la idea, pero hay los que sí, por eso existe Rostros. Arremeten con fuerza. Ha funcionado por su aportación. El proyecto se mantiene por la colaboración, algo que no pasa con otros proyectos. También está la etapa en la que ellos, los estudiantes, ayudan en la distribución. Eso es lo que ha mantenido. Actualmente han salido en lista varios libros. Hay energía. No es sólo el interés de nosotros. Vemos el interés de los otros, y lo compartimos. No sólo es el escrito y la aportación, también la convivencia. Otro gran elemento es que pensamos un paso adelante. Sabemos que es producción neta, con calibre, con calidad.

La experiencia nos ha arrojado este sentido del trabajo permanente y autogestivo. Nos hemos preparado. Somos profesionistas. Hay calidad en los libros. Así nació Rostros en la oscuridad: con energía, con agallas, con atrevimiento, acompañado de los estudiantes. Hay algo muy interesante: las generaciones que lo iniciaron nos siguen. Sentimos la calidez, la cercanía de los que ya participaron, de los que están. Me siento muy contento. A veces parece que nos manejamos con tranquilidad, pero de pronto ya está la edición nueva. Somos pocos, pero cercanos. Nos reconocemos.

Rostros en la oscuridad. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.