Un edificio en la Ciudad de México. Foto: Cuartoscuro.

Por: Máximo Ernesto Jaramillo-Molina

El impuesto predial, cobrado a la propiedad inmueble, es un pilar fundamental del sistema tributario a nivel global, que en México es administrado por los gobiernos municipales[1]. Tiene características interesantes, debido a que es difícil ocultar la riqueza que las personas poseen en forma de casas, departamentos o edificios, además que la ley exige que la propiedad de estos inmuebles esté registrada ante las oficinas de catastro, por lo tanto, el gobierno tiene la lista de las propiedades que posee cada persona, y con base en ello cobra el impuesto.

En algunos países, es cercano al 10% del total de impuestos recaudados, como es el caso de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Dentro de la región latinoamericana, en Chile, llega al 3.4%; por su parte, en México apenas alcanza 1.2% del total.  La baja recaudación de predial en México es crónica. Mientras que los países de la OCDE recaudan en promedio 1.1% del PIB por este concepto, en México apenas se alcanza 0.22%, indicador que ha estado estancado desde hace dos décadas, cuando se recaudaba 0.25%.

A pesar del promedio tan bajo de recaudación a nivel nacional, hay diferencias que vale la pena resaltar. Por ejemplo, mientras que en la Ciudad de México se recaudaban más de $1,600 pesos promedio por persona a raíz de este impuesto en 2019, en Oaxaca apenas alcanzaba $50 pesos: una diferencia de 32 veces más en la primera.

Las diferencias también son amplias respecto a la evolución histórica de la recaudación por impuesto predial. A nivel nacional, la recaudación per cápita por predial de 2013 a 2019 aumentó sólo $9 pesos en términos reales, al pasar de $124 a $133 pesos[2], incremento equivalente al 7% en tasa anual.

Al respecto, existe abundante investigación sobre cuáles son los principales problemas que mantienen la recaudación baja, de entre los cuales se podría destacar: 1) la desactualización de los catastros municipales (en términos de capacidades técnicas del personal empleado y de las tecnologías que usan), 2) las grandes diferencias que prevalecen entre el valor catastral y el valor de mercado, 3) las deducciones al cobro del impuesto hechas por distintas razones, y 4) el diseño del impuesto, en numerosas ocasiones con una tasa fija sumamente baja.

De acuerdo con dichos análisis, el impuesto predial podría mejorar con algunas recomendaciones mínimas, que deberían aplicarse a nivel nacional. Por un lado, el impuesto debería recaudarse completamente, evitando la acumulación de deudores, especialmente aquellos grandes contribuyentes con propiedades de alto valor (aún cuando estos deudores puedan ser políticos o personas con poder en la sociedad). Por otro lado, los descuentos y las deducciones deberían evitarse y, en caso contrario, justificarse en cuanto a su beneficio para la sociedad. Finalmente, las tasas cobradas deberían ser progresivas, ya que sólo diez ciudades capitales de los 32 estados tienen un diseño que cobra un mayor porcentaje a las propiedades de mayor valor.

Es muy alto el potencial recaudatorio de aplicar estas acciones y podría ser estimado dependiendo de diseños tributarios específicos. Para financiar el desarrollo de México, se necesita fortalecer de manera urgente la hacienda pública, en todos los niveles de gobierno, con un enfoque progresivo, redistributivo, desde los derechos humanos y que tenga por objetivo disminuir la exacerbada desigualdad.

 

* Máximo Ernesto Jaramillo-Molina, es investigador en el programa de Justicia Fiscal de @FundarMexico.

[1] En algunos casos, los municipios han acordado con el gobierno estatal para que se haga cargo de las facultades del cobro del impuesto.

[2] A precios constantes de 2019.