Para Schilling, Graf es un “gran director” – uno de sus preferidos: no es “exigente” en exceso, en el sentido de no querer controlarlo todo, y confía mucho en sus actores.

Por Elena Garuz

Berlín, 2 de marzo (EFE).- El actor alemán Tom Schilling cumple con su interpretación de Jakob Fabian en la adaptación al cine de un clásico del escritor Erich Kästner su sueño de trabajar con el cineasta Dominik Graf en uno de los cuatro filmes que optan este año al Oso de Oro de esta atípica Berlinale virtual.

En una mesa redonda virtual con varios medios extranjeros, entre ellos Efe, Schilling (1982) confiesa que no conocía el libro de Kästner en el que se basa Fabian oder Der Gang vor die Hunde (Fabian – Going to the Dogs) ni está particularmente interesado en el tiempo de entreguerras en el que transcurre la trama.

“Fue Dominik Graf. Siempre había querido trabajar con él. Desde hace casi veinte años que intento trabajar con él, pero no se había dado”, dice al precisar la razón por la cual se interesó por este filme.

Para Schilling, Graf es un “gran director” – uno de sus preferidos: no es “exigente” en exceso, en el sentido de no querer controlarlo todo, y confía mucho en sus actores.

Además, resulta “bastante fácil” rodar con él, porque “hace todo el trabajo”, es muy “apasionado” y “de hecho estaría todo el tiempo filmando”, agrega.

El actor dice de sí mismo que se distrae con mucha facilidad y que por eso le gusta trabajar con un director tan “concentrado”.

Schilling, que de hecho es actor más bien “por casualidad” -simplemente en preescolar y en el colegio se fijaron en él para unas películas- señala que para interpretar a Fabian, un personaje literario, se preparó igual que para cualquier otro personaje.

Cada película requiere una cosa diferente; para unas se necesita algún tipo de preparación física, para otras hay que familiarizarse con alguna idea determinada, señala.

Si interpreta a un matemático, lo quiere saber todo sobre matemáticas, si interpreta a un pintor como Gerhard Richter en “Never Look Away”, de Florian Henckel von Donnersmarck, lo quiere saber todo de pintura, dice.

“Para esta película en particular básicamente sentí que tenía que familiarizarme con Erich Kästner, porque el personaje de Fabian es muy cercano a Erich Kästner, muy próximo a su propia biografía”, precisa.

Así que leyó muchos poemas del escritor, conocido sobre todo por ser un referente de la literatura infantil.

Otro aspecto que le pareció importante a la hora de preparar el papel es “la gran intimidad” de la película, razón por la cual sintió que debía acercarse a sus compañeros de reparto para que no hubiera una “gran distancia” entre ellos cuando comenzara el rodaje.

“Así que pasamos mucho tiempo juntos previamente, lo cual no es realmente trabajo, pero de alguna manera sí que es trabajo”, indicó.

FABIAN, FATALISTA, OBSERVADOR, AL MÁRGEN

El filme, basado en una de las novelas más destacadas de la República de Weimar, transcurre en Berlín, entre habitaciones subarrendadas, talleres de pintura y burdeles, con los nazis tomando ya las calles.

Fabian, filólogo con vocación de escritor, trabaja de día redactando textos publicitarios; por la noche recorre con su amigo Labude los establecimientos más excéntricos de la ciudad.

“Es un personaje más bien fatalista, no le veo con mucha esperanza. Es un observador. Parece indiferente, pero si lo observas con más atención, en realidad sí que se preocupa por el mundo. Pero no quiere tomar partido, no le quiere decir a los demás cómo deben vivir su vida, o lo que está bien o lo que está mal. Se queda al margen, observando”, le describe Schilling.

Fabian espera el triunfo de la decencia, sin creer mucho en ello y sólo el amor hacia Cornelia -“de la que se enamora accidentalmente” y que se convierte en un halo de esperanza- le hace dudar de su fatalismo.

La cinta está basada en el clásico de Erich Kästner. Foto: EFE

Schilling explica que siempre había querido rodar una historia de amor melodramática, no sentimental, sino tierna y desgarradora.

Estos dos elementos “combinados” -una historia de amor melodramática situada en “una época en la que la sociedad y la gente se tambaleaban y todo parecía estar al borde del colapso”- también atrajeron la atención del actor.

Para Schilling es “trágico” que la Berlinale no se pueda celebrar de momento con público, aunque en el mundo hay cosas aún más trágicas, reflexiona.

“Siempre había querido tener una película en competición”, reconoce, y lo que más echa de menos son las salas de cine llenas de gente “curiosa” por ver cómo va a ser la película.

Es un buen momento para el cine alemán, con cuatro películas a competición en el festival, dice, pero también malo, tanto para los filmes alemanes como en general, porque por la pandemia “nadie va al cine”.