En el país operan 16 cárteles. Imagen ilustrativa. Foto: Cuartoscuro.

Después del escándalo por la captura y liberación del General Salvador Cienfuegos Zepeda –quien en agosto último fue acusado de proteger al cártel H-2, distribución de drogas y lavado de dinero– la agencia antidrogas norteamericana –DEA– difundió una lista de nueve capos del narcotráfico que, se asegura, son buscados en todo el mundo debido a que son reclamados por la justicia estadounidense.

Cuatro de estos persnajes –Rafael Caro Quintero, Ismael “El Mayo” Zambada, Alfredo Guzmán Salazar y Nemesio Oseguera Cervantes–, todos con un largo historial en el crimen organizado, operan el tráfico de drogas a gran escala en territorio mexicano; sin embargo, el Gobierno de la Cuarta Transformación ni los persigue ni los molesta, por lo que se mueven en completa impunidad generando violencia por todas partes. Todo el territorio nacional es un paraíso para ellos, gracias a la inacción del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

En el país operan 16 cárteles que lo mismo distribuyen droga que cobran piso, asesinan, secuestran, venden protección, regentean negocios de giros negros, lavan dinero, entre otras actividades ilegales, que les reditúan millonarias ganancias.

Las cuatro organizaciones más poderosas, de acuerdo con datos oficiales, son el cártel de Sinaloa –con presencia en 150 países–; le sigue el cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) –con amplias redes desde Quintana Roo hasta Baja California–; el cártel del Golfo, cuyo posicionamiento se mantiene en Tamaulipas y buena parte del norte de México, así como el cártel de Noreste, una ala de “Los Zetas”, según versiones oficiales, que se independizó y ahora controla todo el Golfo de México.

Las fichas de la DEA, sin embargo, se centraron en nueve objetivos, de los cuales cuatro son mexicanos: se trata de Rafael Caro Quintero, conocido en el mundo del hampa como “El Príncipe”.

Dueño de una larga carrera criminal, Caro Quintero saltó a la palestra del mundo criminal a finales de los años setenta. Encabezó el cártel de Guadalajara, en aquellos años uno de los más poderosos, donde operaba en sociedad con Miguel Ángel Félix Gallardo –“El Jefe de Jefes” y autor del nuevo diseño de los cárteles–; Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, mentor de esta generación de narcotraficantes y tío de los hermanos Carrillo Fuentes. En aquel grupo ya figuraba Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, quien se autodesapareció en 2014, pues ninguna autoridad nacional ni extranjera ha podido confirmar si realmente está muerto o sigue vivo. Según sus familiares, el capo murió.

Caro Quintero –famoso en los años ochenta porque ofreció pagar la deuda externa de México a cambio de su libertad– fue detenido en 1985 en Costa Rica.

Hasta ese país centroamericano huyó en compañía de su novia, Sara Cossío –entonces su amor prohibido, pues es sobrina del exgobernador de Jalisco, Guillermo Cossío Vidaurri y en ese tiempo formaba parte de la llamada “alta sociedad”– para evadir la acción de la justicia tras ser acusado de asesinar a Enrique Camarena Salazar, “Kiki Camarena”, agente de la DEA que en esa época se había infiltrado en el cártel de Guadalajara para investigar a sus integrantes.

Tras su captura, Caro Quintero fue recluido en prisión, donde pasó 28 años. En el año 2013, un Juez lo puso en libertad bajo el argumento de que había sido procesado por una autoridad incompetente –en este caso la Procuraduría General de la República– ya que se le acusó de homicidio, delito que no corresponde investigar al fuero federal, según el alegato.

El juzgador adujo que, como ya había compurgado más de 80 por ciento de su pena, tenía derecho a ser liberado. Y lo liberó. Después, la Suprema Corte analizó el caso y concluyó que la PGR sí era competente debido a que Enrique Camarena era un agente de la DEA autorizado por el gobierno federal para operar en México. Y cuando solicitaron la reaprehensión de Caro Quintero éste ya estaba muy bien escondido en la sierra de Sonora, su bastión, donde retomó sus actividades de tráfico de drogas, aunque él lo niega.

La DEA lo persigue al igual que a su sobrino, José Gil Caro Quintero, “Don José”, a quien le atribuyen las operaciones de tráfico y bombardero de droga tanto en la Península de Yucatán como en Quintana Roo. En este año, por ejemplo, “Don José” ha introducido droga a esas regiones en unos 10 aviones, de los cuales dos han sido incautados.

La ficha de la DEA incluyó en su lista a Ismael “El Mayo” Zambada, de quien se asegura que es el líder del cártel de Sinaloa. Zambada García nunca ha pisado una prisión en poco más de cuarenta años que lleva en el narcotráfico.

En la entrevista que en 2010 le concedió a Julio Scherer, fundador de la revista Proceso, en la que le declaró: “Si me atrapan o me matan, todo seguiría igual”. Dijo, además, que en una ocasión estuvo cerca de ser detenido por elementos del Ejército Mexicano.

Otras versiones sostienen, sin embargo, que “El Mayo” Zambada –exsocio de Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, Joaquín “El Chapo” Guzmán, entre otros– fue detenido en a finales de 2009 por elementos de la Policía Judicial Federal, pero lo dejaron ir a cambio de un millonario soborno. Se asegura que el capo les dijo: “Les doblo lo que Estados Unidos ofrece por mí”. En aquel momento, la DEA ofrecía 5 millones de dólares a quien diera información para capturarlo. Los policías recibieron unos 10 millones de dólares. La Procuradora General de la República era Marisela Morales, quien habría aceptado la oferta.

Zambada García es recordado en Sinaloa como un personaje que comenzó trabajando en una mueblería. Julio Scherer le preguntó en la entrevista cómo había ingresado al narcotráfico. Y el capo respondió con un juego de palabras que dieron pie a este breve diálogo:

–Así, nomás.

–Así nomás? –replicó Scherer.

–Así, nomás –repitió Zambada.

La DEA ofrece 10 millones de dólares por información que permita su captura, pero en su ficha considera que el capo no debe ser detenido debido a que es muy peligroso y siempre está armado.

En Sinaloa mucha gente sabe dónde vive y qué come el jefe del cártel de Sinaloa. En un artículo firmado por Jesús Blancornelas titulado “El Chinchorro”, el periodista fundador del semanario Zeta de Tijuana escribió:

“Se llama “El Chinchorro”. Es una marisquería célebre. Está al hilo de la carretera Navolato-Culiacán. Nada pomadosa pero muy limpiecita. Olvídese. Ahí no hay que espantarse las moscas a la hora de saborear un sarandeado. Nunca he ido. Sé por mis amigos de tan exquisitas viandas. Por eso muchos la prefieren.

“Allí va muy seguido desde hace años Ismael “El Mayo” Zambada. Le encanta la variedad de platillos. Dicen que hasta se chupa los dedos. Me cuentan cuando llega. Tranquilo y sin dárselas de muy muy. No con “frenones” peliculescos. Estacionan correctamente su vehículo y el de acompañantes. Tampoco se apean los guardaespaldas estremeciendo a todo el mundo con las armas. Saluda sonriente a los comensales. Lo atienden bien, come mejor y sin preocupación.

“El Mayo” Zambada podrá seguir yendo a “El Chinchorro”. Cuantas veces quiera y pueda. Pero ahora con más cuidado. Si afamado restaurante estará vigilado será el primero en saberlo. Son cientos de sinaloenses que lo alertan del más mínimo movimiento policiaco. Zambada como todos los narcos de Sinaloa ayudan a cualquier persona sin regateo. Les quitan apuros de encima. Dinero para reparar la casita…atención inmediata si hay enfermo”.

En su crónica Blancornelas –quien falleció a causa de las consecuencias del atentado que sufrió por parte de los jefes del cártel de Tijuana– dio cuenta de que el capo más poderoso de América Latina vive en Sinaloa y mucha gente sabe dónde.

Lo grave es que el Gobierno federal no puede dar con su paradero. Para el Gobierno de la Cuarta Transformación es un personaje invisible.

“El Mencho”

Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, es otro objetivo clave de la DEA. Lo incluyó en su lista de los más buscados del mundo. La agencia estadounidense ofrece 10 millones de dólares a quien aporte información para detenerlo.

En México, Oseguera Cervantes ha construido un emporio criminal. Se llama Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), que en 15 años se ha colocado como el segundo grupo criminal del país, después de Sinaloa.

“El Mencho”, sin embargo, es el jefe del narcotráfico que más ha crecido en los últimos tres lustros, a grado tal que ya controla el corredor más grande de México: el que corre desde Quintana Roo hasta Baja California.

En esa amplia franja que cruza todo el país, el CJNG opera el tráfico de drogas, la venta de protección, la trata de blancas, la prostitución, la piratería, el huachicol, el cobro de piso, el tráfico de personas; también ejerce control en bares, cantinas y en los llamados negocios de giros negros. Su fortaleza radica en la distribución de drogas sintéticas, las cuales introduce a Estados Unidos, Europa y Asia.

A mediados de este año, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) –presuntamente le sigue los pasos pero no lo puede capturar– dio a conocer que el jefe del CJNG cuenta con un hospital privado donde es atendido de todos los males que padece. El más crónico, se asegura, es el que le afectó los riñones, por lo que debe ser dializado periódicamente.

Oseguera Cervantes es originario de Aguililla, Michoacán. Es sus inicios en el mundo criminal era aficionado a los gallos, por lo que se le conoce como “El Gallero”. Fue jefe de sicarios del cártel de los hermanos Valencia Cornelio, además de que fundó, junto con sus cuñados, el cártel de “Los Cuines”, uno de los más activos en la introducción de drogas hacia Estados Unidos.

“El Alfredito”

Otro de los personajes perseguidos por Estados Unidos es Jesús Alfredo Guzmán Salazar, conocido dentro y fuera de Sinaloa como “El Alfredito”. Es hijo de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, quien purga una cadena perpetua en Estados Unidos tras haber sido declarado culpable de los delitos de tráfico de drogas, homicidio y lavado de dinero.

Jesús Alfredo es hermano de Iván Archivaldo y Ovidio Guzmán. Este último, según dio a conocer el Gobierno de México y de Estados Unidos, tiene una orden de aprehensión internacional por tráfico de drogas que el gobierno mexicano no ha podido cumplimentar.

En octubre de 2019, elementos del Ejército y policías federales lo aprehendieron, pero los hombres del cártel de Sinaloa se movilizaron a grado tal que amenazaron con provocar una masacre en la ciudad de Culiacán si no lo liberaban. Alfonso Durazo, entonces Secretario de Seguridad Pública Ciudadana, dijo que él propuso que, para evitar un baño de sangre, el hijo de “El Chapo” fuera liberado y el Presidente Andrés Manuel López Obrador avaló la decisión. Meses después, el Presidente dijo que él fue quien dio la orden para que liberaran a Ovidio Guzmán.

Alfredo Guzmán, de acuerdo con sus antecedentes, es buscado por posesión e intento de distribución de heroína, cocaína y otras sustancias controladas.

Alfredo Guzmán es el personaje que llevó a la actriz Kate del Castillo y al actor Sean Penn al lugar en la sierra del llamado “Triángulo Dorado” para que hicieran una película que narrara la vida de su padre. Durante el encuentro se grabó un video donde “El Chapo” habla de su vida en el narcotráfico, aunque más bien se declara ganadero y agricultor.

La DEA también busca en todo el mundo a otros personajes del crimen organizado de origen extranjero. Es el caso de Kenny Jing Ang Chen, acusado de distribuir heroína en Estados Unidos. A él se le describe como un delincuente “que es peligroso y está armado”. Otro es Maurín L. Barnes, señalado de conspiración para vender drogas en territorio estadounidense. Uno más es Darío Antonio Uscanga, quien está acusado de presuntas violaciones federales. Por su cabeza la DEA ofrece tres millones de dólares, pero advierte: “Es un delincuente peligroso y está armado”.

En el caso de los capos mexicanos, nadie ha sido detenido. Tampoco se sabe que el Gobierno federal los persiga. Todos siguen operando el tráfico de drogas en la más completa impunidad.

Y todo indica que así seguirán, pues en enero de este año el Congreso reformó la Ley de Seguridad Nacional para impedir que los agentes de la DEA realicen investigaciones secretas. Esta reforma surgió luego de la captura, en Estados Unidos, del General Salvador Cienfuegos, a quien la Fiscalía General de la República cobijó con el manto de la impunidad.