La manta que apareció en contra de AMLO en Acolman es más que una broma política de mal gusto, ojalá fuera sólo la idea de un idiota, y esta sensación de alto riesgo parece comprobarse con la parsimonia con la que han actuado la autoridad y el PAN. Foto: Cuartoscuro.

La gran irresponsabilidad de los políticos en caída sólo es equiparable con la de los condenados a muerte rumbo a su ejecución: Son capaces de todo. Muchos, como el Presidente sirio Bashar al Asad, optan por el uso de la fuerza militar para detener a la oposición; otros eligen el golpe de Estado y brindan su apoyo a los militares una vez que toman el poder, como la Democracia Cristiana en Chile.

Hemos sostenido que el crimen organizado no infiltró a la Policía en México sino que la controla en las regiones de mayor conflicto, pero había un límite para estas organizaciones: abstenerse de participar directamente en la política electoral. Sólo podían estar en las sombras, porque los gobernantes saben que cuando los delincuentes toman un espacio de poder no lo sueltan.

Por esto y porque escribo desde Juárez, una ciudad que vivió una guerra criminal durante cinco años que cobró más de 11 mil vidas, alerto al Estado de México; la manta que apareció en contra de AMLO en Acolman es más que una broma política de mal gusto, ojalá fuera sólo la idea de un idiota, y esta sensación de alto riesgo parece comprobarse con la parsimonia con la que han actuado la autoridad y el PAN.

Así comenzaron en Juárez con mantas contra los policías, luego asesinaron a casi 400.

Ahora que los delincuentes se sienten libres para opinar electoralmente continuarán con más mantas y amenazas contra López Obrador, tanteando el terreno y habituando a los mexicanos a escucharlos como si fuera parte de la propaganda electoral. Después de las mantas pasarán a las armas y no sólo buscarán a Andrés Manuel, sino que intentarán participar más abiertamente en la decisión del electorado para elegir gobernantes.

Cuando en Colombia permitieron a Escobar participar abiertamente en las elecciones, para después intentarlo sacar, desataron la guerra más sangrienta de los últimos años en la que asesinaron a tres candidatos a la Presidencia y que tuvo su momento más trágico con la muerte del candidato de izquierda Luis Carlos Galán en un mitin popular, la ejecución del senador Bernardo Jaramillo Osa en el aeropuerto de Bogotá y del abanderado Carlos Pizarro Leongómez junto a todos los pasajeros de un avión comercial.

Cuando la delincuencia pelea abiertamente por el poder político no duda en acudir al terrorismo urbano, destruyendo vidas al por mayor, derribando aviones, etc.

La lógica del delincuente (fui director del Cereso en Juárez por tres años) es una vez que obtiene algo, por lo que ha luchado, lo defiende con una ferocidad desconocida por quienes vivimos siguiendo la ley; por eso llegan a las guerras homicidas como la que estremece hasta la fecha a México y que ya acumula más de 200 mil muertos.

Es responsabilidad de los tres partidos mayoritarios, del Congreso de la Unión, del poder Ejecutivo y de las autoridades policiacas y de inteligencia, sacar al narco de los procesos electorales; ellos no juegan, ellos asesinan y si inicia una guerra saben que su único destino es la muerte o tal vez la extradición a cárceles extranjeras, que significa la muerte en vida.

Por esto, porque ya decidieron morir defendiendo lo que han ganado, son tan peligrosos y los priistas y panistas deben saber que las organizaciones criminales son para ellos mucho más peligrosas que Andrés Manuel López Obrador. Si no actúan fuerte y con claridad, la puerta que hoy abren no la podrán cerrar fácilmente.