La mirada de amor sobre este pedazo de tierra no anula todo lo que nos ha tocado vivir; sin embargo, tampoco representa esa zona de holocausto que existe en el imaginario colectivo. Esta selección de canciones, de artistas mexicanos y extranjeros, plasman su visión particular de la frontera. Melodías impregnadas de poesía. Pasa a conocerlas.

Por César Graciano

Ciudad Juárez, Chihuahua, 2 de mayo (JuaritosLiterario).- Las primeras palabras que muchos piensan al hablar sobre Ciudad Juárez son “feminicidio”, “narcotráfico” o cualquier otra que entre en el campo semántico de la violencia. Pareciera que la frontera solo significa un montón de huesos apilados en el imaginario popular, una suerte de Auschwitz-Birkenau que no ha sido liberado ni rescatado. Hay una razón, pero también una mala publicidad.

La ciudad posee una larga y extensa historia de guerras, revoluciones e incluso perversión, al encumbrarse como una gran urbe gracias a la Ley Volstead, promulgada en Estados Unidos a finales de 1919, la cual prohibía la elaboración y distribución de alcohol. Sin proponérselo, una ley que afectaba las libertades de un país benefició económicamente a la zona fronteriza, ya que permitió que el flujo de alcohol se intensificara en este lado del río, y con ello el capital.

No son pocas las familias juarenses cuya riqueza recae en el acto criminal de traficar con licor a los Estados Unidos. Varias cantinas y restaurantes decidieron dejar El Paso para establecerse del otro lado, lo cual incrementó la vida social y nocturna de una joven y postrevolucionaria Ciudad Juárez. Luego se sumaron casas cerveceras y destilerías. Para esos años, la frontera simulaba un pequeño Las Vegas y se promocionaba como tal, con el fin de reponerse económicamente de los estragos que dejó la Revolución Mexicana.

Los puritanos estadounidenses ladeaban sus cabezas de un lado para otro, cruzaban sus brazos, exhalaban muy fuerte en signo de desaprobación y comenzaron a hablar de la “ciudad de la perdición”. Una leyenda que sigue completamente viva, aunque muta (ahora, por ejemplo, ya no vienen a beber a escondidas de la ley, pero sí es común ver a jovencitos all american rondar los bares de la Avenida Juárez para poder tomar antes de los 21 y ahorrarse unos cuantos dólares). Dicho mote, al estilo del marketing de bebidas y casinos de Las Vegas, Enrique Bunbury lo convirtió en “La ciudad de las bajas pasiones”, canción incluida en “Flamingos”, de 2002.

Acepto que Bunbury es uno de mis placeres culposos, incluso más que otros como Alejandro Sanz o Paulina Rubio; por ello, cada vez que paso frente al hotel Flamingo, ubicado sobre la avenida Triunfo de la República (cabe resaltar que no hay relación entre el título del disco y el hotel) comienzo a tararear “Saliendo de Ciudad Juárez / aún nos duraba la noche más larga / quizás no fueran bastantes / canciones de madrugada”. La melodía narra la salida de Enrique Bunbury y su banda, El Huracán Ambulante, de la frontera en el 2000, y su planteamiento no va más allá de la estereotipada representación en algunas telenovelas de Telemundo: narcocorridos, corrupción y un sitio de paso. Por ello, resulta difícil culpar al músico español por reproducir una idea que permea gracias a los medios de comunicación masiva.

“La ciudad de las bajas pasiones” fue la primera canción que escuché de alguien extranjero que hablara sobre la ciudad en la que nací y crecí. Antes, mi experiencia musical juarense difería por completo. Durante mi niñez transmitían en una televisora local un comercial con escenas de características de la urbe utilizando una famosa melodía de Juan Gabriel. ¿Qué podía tener de malo una ciudad donde debe vivir dios? “Si Juárez es bello, canto, baile, limpio, dulce, brillo, claro, suyo, mío y sobre todo un amor”. La canción resulta por completo pegajosa, alegre, y optimista; y, sin duda, había que creer ciegamente en la palabra del apóstol mayor del norte, Alberto Aguilera Valadez. No obstante, se vuelve difícil comprar esa versión de la frontera cuando confirmas que dios no vive aquí y no pasa nunca a asomarse.

Esta visión también se encuentra en otras composiciones de Juanga, como en “La Frontera” donde está “lo más hermoso, lo más divino”, o en “Denme un ride”, la cual expresa esa añoranza por volver a la ciudad aunque sea por amor. La misma sensación ofrece María Barracuda en la canción titulada con el nombre de urbe: “es mi ciudad, donde hay lealtad / amo ese lugar / cause Cd. Juárez is the number one”.

La intérprete mexicana brinda una imagen más realista y apegada a la verdad de este sitio, un lugar con putas, narcos, cholos, mojados, donde “la vida se renta”. Amar no es negar, y por mucho amor que se le tenga a esta ciudad no se puede negar su realidad.

La visión de la frontera se vuelve más apocalíptica cuando la cantan extranjeros. Por ejemplo Bob Dylan en “Just like Tom Thumb’s blues”, la cual, incluida en su aclamadísimo Highway 61 Revisited, menciona que “When you’re lost in the rain in Juarez when it’s Easter time, too / And your gravity fails and negativity don’t pull you through”. Luego, compararía esta zona geográfica con un sitio ficticio de horror: la Rue Morgue.

Años después, la cantautora Tori Amos sacó el disco doble To Venus and Back, ganador de dos Grammys en el 2000, cuya segunda canción se titula “Juárez”. En ella se habla de las obreras de maquiladora víctima de feminicidio: “Dropped off the edge again down in Juarez / “don’t even bat an eye / If the eagle cries” the rasta man says, just cause the desert likes / Young girl flesh and / No angel came”.

Por su parte, el grupo Calexico lanzó en el 2000 “Crystal Frontier”, basada en el libro de Carlos Fuentes. Una de las estrofas habla sobre Amalia, trabajadora de una línea de producción de televisores que perdió a su hijo “en un río de lágrimas”.

Existen otras opciones musicales que abordan la ciudad de la perdición como “Cocaine blues” de Jonny Cash, quien une dos tópicos que parecen indisolubles: la frontera y las drogas. No obstante, también encontramos miradas más amables. El cantante Tom Russell, en “Hills of Old Juarez”, narra la historia de un paseño que se enamora de una juarense de ojos negros llamada Inez. Russel es un Juanga de El Paso. En “Goodnight, Juárez” también menciona a la ciudad, ahora bajo una perspectiva turística, ya que Russell ha pasado gran parte de su vida en El Paso a pesar de nacer en Los Ángeles. Por ello, la canción se antoja sincera y acogedora, pues señala a los mariachis y el mercado vacío.

Cuando la escucho solo puedo pensar en una caminata del Puente Santa Fe por toda la Juárez hasta su famoso Mercado. Russell compusó “When Sinatra Played Juarez” para rememora algo que ya no tenemos. En la pieza se recorren el Kentucky y el salón La Fiesta, y se marca como el inicio del apocalipsis el día que Sinatra tocó en la frontera: “Those were truly golden years my Uncle Tommy said, /cause everything’s gone straight to Hell since Sinatra played Juarez”. Ese mismo Juárez también es retratado por Ry Coorde en “Mexican Divorce”, donde habla de los divorcios exprés, lo cuales también le dieron fama a la ciudad: “Down below El Paso lies Juarez / Mexico is different, like a travel folder says”.

No creo que alguien tenga razón y otros mientan: Juárez es el número uno, pero también la tierra del feminicidio y los bares. La mirada de amor sobre este pedazo de tierra no anula todo lo que nos ha tocado vivir; sin embargo, tampoco representa esa zona de holocausto que existe en el imaginario colectivo, una escena en sepia con un cactus gigante de fondo. Pareciera que solo nos ven como un montón de huesos apilados, cuando en realidad somos y vivimos como una ciudad más.

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