Ante el actual escenario de crisis, un grupo de escritores, fotógrafos, artistas plásticos decidieron unir sus talentos y compartir su visión desde el texto o la imagen. Crear para detener lo que se destruye. Decir que no todo está perdido. Palabras nos permiten contemplar al otro, atisbar por medio de la lectura o la visión de la obra algunas maneras para entender esto que nos atañe y nos interpela.

Por Jorge Arturo Abascal Andrade

Ciudad de México, 1 de mayo (SinEmbargo).- Hace unos años tuve oportunidad de editar una antología con los ganadores de un concurso de cuento de ciencia ficción nacional, 28 años, 28 cuentos, el libro se llama Auroras y horizontes y está agotado. Traigo esto a colación porque en una revisión panorámica de estos trabajos es posible entender con nitidez la evolución del género y percatarse también cómo muchas situaciones planteadas en los primeros textos fueron alcanzadas y superadas años después por la realidad, lo que era ficción se hizo cotidianidad, el futuro nos alcanzó, como dice el título de la película de Richard Fleischer. En esas situaciones andamos.

Pareciera que estamos dentro de las páginas, los párrafos y las letras de un relato de ciencia ficción, que somos los protagonistas de una historia original e inconcebible hasta hace muy poco: es 2020 y toda la humanidad, o casi toda, se está enfrentando a un enemigo invisible, poderoso y hasta el momento indestructible, capaz de crear una pandemia, golpear como nunca a la economía con el consecuente incremento descomunal e inhumano en la penuria de millones; sin perder de vista lo anterior, también es posible pensar que es un muy severo llamado de atención y que es necesario reflexionar la propuesta sensata y lúcida de Slavoj Zizek: “la posibilidad de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”; y añado, en la posibilidad de mirar al planeta -que parece agradecer la disminución del frenesí del hombre- como casa, como madre, como escenario de la vida y respetarlo en consecuencia.

Porque la “normalidad” anterior al coronavirus, contiene -dice Naomi Klein- incendios en Australia y en la Amazonía, huracanes y sequías, olas cada vez más largas de calor. Pobreza y hambrunas. Resulta imprescindible, parece, repensar nuestra actitud con los demás, con la Tierra para que seamos nosotros los que alcancemos un futuro, un porvenir más justo, más solidario y generoso, más humano.

Ante estos escenarios, ante estas alternativas, un grupo de escritores, fotógrafos, artistas plásticos decidieron unir sus talentos y compartir su visión desde la crónica o el cuento, incluso desde la reflexión; desde la imagen que resalta la belleza que permanece o la fotografía que refiere con franqueza estética lo que la cuarentena ha provocado.

Crear para detener lo que se destruye. Decir que no todo está perdido y que se sigue ofreciendo el corazón. Textos e imágenes, gráficas que nos permiten contemplar al otro a través de su propuesta artística o intelectual, atisbar por medio de la lectura o la visión de la obra algunas maneras que hay para entender esto que nos pasa, que nos atañe y nos interpela.

Así, algunos de los relatos abordan de manera directa la pandemia, la recrean y desmenuzan con un matiz desesperanzador que deviene oportunidad o epifanía(Pardo, Petrak); algunos otros la usan como referente para exponer su particular visión del entorno, de este presente, insisto, difícil de asimilar (Morales, Aldaco); hay también letras poéticas y delicadas desde la historia o desde la intimidad (Hernández, Barranco, Ramos, Chacha), miradas que escudriñan lo que nos rodea, lo que sucede (Abascal, Gleason), lo que parece asfixiarnos (Padilla), incluso, miradas que aventuran un futuro distópico, insalubre por tecnificado (Ramos), historias que son gozosos ejercicios narrativos (Vizcaino, Muñoz, Porcayo). Respecto a las imágenes, como decía, si bien algunas presentan la permanencia de la belleza natural (Campillo, Rada SC) o creada (López, Llerena, Abascal) las hay también que refieren con exactitud este momento, la soledad de un lugar siempre poblado (Llerena, Sigg, González) o la respuesta de la gente ante la situación (Prada, Arziniaga) hasta la mirada sombría a una ciudad en crisis (el Nueva York de González). Están presentes también las admirables propuestas gráficas de Germán Montalvo (gozosa y vital), y José Lazcarro (exacta por tenebrosa).

La participación en esta reunión llegó de ocho países y de once lugares de México.

En la fotografía, de Nueva York a Ernesto González E. de Roma a María de los Ángeles López Hernández, de Austria a Mónica Sigg; en México, de Puebla a Ángela Arziniega, de Cholula a Jorge Arturo Abascal Jiménez, de Jalapa a Fabricio Prada, de la Ciudad de México a Héctor Llerena, a Rada y a Marcela Campillo en San Carlos, Sonora; en la gráfica a José Lazcarro y a Germán Montalvo. En los textos a Jorge F. Hernández en Madrid, a Eduardo Ramos Izquierdo en París, a Alberto Barranco desde Roma, a Santiago Vizcaino en Quito, Ecuador. De escritores en México, Jaime Muñoz en Torreón Coahuila, Beatriz Aldaco en San Carlos Sonora, Agustín Ramos en Pachuca, en la Ciudad de México a Edmée Pardo y a Armando Chacha, en Cuernavaca y Jojutla, Morelos a Gerardo Porcayo, en Cholula, Puebla a Gunther Petrak y a Mariano Morales, en Ensenada a Ramiro Padilla.

Visitemos con ellos otros lugares y otras ideas, seguro será un encuentro grato.