En el mundo, la libertad de expresión y el acceso a la información están sujetas a una gama muy diversa de fuerzas globalizadoras. Foto: Pedro Anza, Cuartoscuro.

Una tercera parte de la población mundial vive en países donde la democracia se ha erosionado y se están imponiendo movimientos a favor de nuevas formas autocráticas de Gobierno.

La democracia sigue prevaleciendo en el mundo. Sin embargo, tanto las democracias establecidas como las nuevas han sufrido grandes retrocesos ante la erosión de y la indiferencia hacia el principio de separación de poderes. Los datos del Reporte de la Democracia 2018, de V-Dem, muestran que cuando los países se autocratizan las regresiones principales atañen a las características significativas de las democracias liberales: la libertad de expresión, la deliberación pública, el Estado de derecho y, en menor medida, la libertad de asociación.

En esos gobiernos, el aplastamiento de la libertad de expresión es un medio y un fin. ARTICLE 19 ha señalado que a nivel mundial, en 2019 la libertad de expresión estuvo en su punto más bajo desde hace una década. Esto se traduce en que tres de cada cuatro personas en el planeta experimentan un entorno en el que ese derecho se ha deteriorado.

En el mundo, la libertad de expresión y el acceso a la información están sujetas a una gama muy diversa de fuerzas globalizadoras a la que ahora se suman nuevos actores y nuevos intereses. Como hemos visto a lo largo de los años, las tácticas represivas son multiformes y, aunque las viejas estrategias siguen siendo efectivas (como el silenciamiento de los periodistas), cada año se agregan nuevas formas de censura.

Así, mientras continúa la batalla para poner fin a los asesinatos y crímenes contra periodistas, la impunidad se mantiene. Además, si bien existen individuos y grupos que desarrollan valientes acciones para promover el derecho a un Estado que reconozca de forma plena las libertades en el espacio cívico, principalmente de las personas históricamente excluidas y discriminadas, están aumentando los esfuerzos de los gobiernos y los poderosos para socavarlas mediante todos los medios legales.

La última década ha visto más protestas que cualquier otro momento desde los años sesenta. Las manifestaciones impulsadas por la capacidad de conexión y organización de las redes sociales han convertido las calles en un espacio vital para la libertad de expresión. Las voces de los ciudadanos están dando pauta al cambio. Por esto, el futuro necesita movimientos populares que impulsen el reconocimiento de los derechos humanos con gobiernos más representativos y responsivos.

Las desigualdades económicas se agudizan, la discriminación aumenta, las compañías tecnológicas disponen de niveles extraordinarios de poder y el entorno ecológico continúa siendo degradado en nombre del crecimiento económico o la seguridad nacional. Ante ello, la necesidad de saber y comprender, de rechazar y protestar, en todo el mundo, es más urgente que nunca: en este momento de la historia, el precio del silencio es más alto de lo que cualquiera de nosotros puede pagar.

En el informe 2019 de ARTICLE 19, Disonancia. Voces en Dispuesta (disonancia.articulo19.org) hablamos de esto y de lo que esta en juego, la imposibilidad de participar activamente en el espacio cívico por la incapacidad de escuchar aquellas voces que nos brindan información, información que nos permite decidir y ser libres.