Solo en restaurantes de alta gama y ambientes formales se usan palillos diferentes para comer que para servir. Son los llamados gongkuai o “palillos públicos”, más comunes en Japón, Corea o Taiwán. Entre familia y amigos, pedir utensilios para servir puede ser incómodo e incluso grosero.

Por eso, el Gobierno no lo tiene tan sencillo para cambiar un hábito cultural tan enraizado y predominante en ambientes íntimos.

Por Clara Giménez Lorenzo

Madrid, España, 2 de junio (ElDiario.es).– El uso de palillos es una tradición arraigada en la cultura gastronómica china, como lo es compartir raciones y servir a otras personas de la mesa utilizando los mismos palillos con los que uno come.

Ahora, como consecuencia la pandemia del coronavirus, el Gobierno chino está impulsando una agresiva campaña para cambiar los hábitos de la población y reducir el riesgo de contagio.

Se trata de que los chinos dejen de servir de platos comunes a platos individuales usando los mismos palillos que luego usan para comer, algo que es una tradición con más componentes que el puramente higiénico. Los medios estatales la denoniman “la revolución de la mesa del comedor”.

Solo en restaurantes de alta gama y ambientes formales se usan palillos diferentes para comer que para servir. Son los llamados gongkuai o “palillos públicos”, más comunes en Japón, Corea o Taiwán. Entre familia y amigos, pedir utensilios para servir puede ser incómodo e incluso grosero.

Por eso, el Gobierno no lo tiene tan sencillo para cambiar un hábito cultural tan enraizado y predominante en ambientes íntimos.

“Entre familia y amigos no requerimos un par de palillos exclusivamente para servir”, explica a Eldiario.es Xu Peiyuan, economista de 30 años y residente en la provincia oriental de Jiangsu.

“Cuando insistes en usar un par de palillos para servir, implícitamente expresas que tienes miedo de que alguien esté enfermo o de estarlo tú. Además, en la cultura china, servir a tus mayores y parejas es una expresión de respeto y amor, que se hace usando tus propios palillos”.

“El mayor obstáculo es la noción tradicional de que tenemos que beber y comer juntos y no mostrar ninguna distancia”, señalaba a The Guardian Q Edward Wang, autor de Chopsticks: A Cultural and Culinary History [Palillos: Una historia cultural y culinaria].

“Ese tipo de noción está bien arraigada en la sociedad china, así como en otras partes del mundo”. El uso de estos utensilios, registrado por primera vez en el Neolítico, se expandió en el siglo V a otras partes de Asia, incluyendo Vietnam, Corea, Japón y Mongolia. Una quinta parte de la población mundial, indica Wang, los utiliza.

“La distancia entre tú y una cena civilizada es sólo un par de palillos para servir”, es uno de los mensajes difundidos desde la agencia estatal Xinhua. “Divide porciones, no amor” y “el amor es un par más de palillos”, dicen otros eslóganes. Algunos restaurantes y comedores incluso están ofreciendo descuentos a los comensales que usan palillos para servir, según The New York Times.

En la ciudad de Hangzhou, en el este de China, más de 100 restaurantes destacados han formado una “Alianza de palillos para servir”, de acuerdo con Xinhua y The New York Times.

No es la primera vez que el Gobierno chino intenta concienciar sobre la transmisión de infecciones a través de los hábitos alimentarios. Se lanzó una campaña similar en 2003, tras el brote de SARS.

Pero las tradiciones son difíciles de cambiar, como muestran imágenes difundidas por medios locales antes del estallido de la COVID-19: el 18 de enero, unas 40 mil familias del barrio de Baibuting, en Wuhan, se reunieron para una comida masiva antes del Año Nuevo lunar y alcanzaron con sus propios palillos cientos de platos dispuestos en las mesas.

Taizhou, en la provincia de Jiangsu, también en el este, ha sido la primera localidad en emitir una normativa al respecto, según CGTN. En ella se estipula que las cucharas y palillos públicos no deben entrar en contacto con la boca. La longitud, el color, el logotipo y otros aspectos de la producción están regulados.

Pero las autoridades saben que el problema reside en modificar el ámbito privado, y por eso las agencias estatales no aluden solo a la higiene sino a la “civilización”, el “progreso” e incluso a obras de arte en las que aparecen porciones individuales, como El banquete nocturno de Han Xizai, que representa un acontecimiento histórico durante dinastía Tang (618-907).

Peiyuan cree que la campaña estatal calará dependiendo de la zona y el entorno socioeconómico. En su provincia, una de las más prósperas de China, nota que “la gente está prestando más atención a la salud incluso en las cenas y almuerzos entre amigos. Los palillos públicos se utilizan con más frecuencia”. En otras áreas más tradicionales, dice, “hay mucho camino por recorrer”.

“La ruptura se producirá en los restaurantes, hoteles, escuelas y otros lugares públicos, pero será menos probable dentro de las familias y otras áreas menos desarrolladas de China”, opina.

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