Un cuento de Jaime Garba, joven escritor michoacano. Foto: Shutterstock

Un cuento de Jaime Garba, joven escritor michoacano. Foto: Shutterstock

Un bonito cuadro, sobre la vida, la muerte y esas cosas, concita la atención de dos amigos que prefieren las tortas de jamón al arte contemporáneo

Ciudad de México, 2 de julio (SinEmbargo).-

-¿Sabes de qué trata esto?

-No tengo la menor idea… ¿Algo relacionado con el arte?

-¿No te parece muy estúpido que me preguntes eso? Estamos en un museo…o ¿acaso tratas de confundirme?

-¿Por qué querría confundirte?

-No lo sé, te gusta jugarle al cabrón. Además, no te preguntaba porque yo lo supiera, lo hacía porque deseo saberlo y pensé tendrías alguna noción. ¿Qué, tu ex novia no era museógrafa?

-Sí, pero decir que salía con una museógrafa es un eufemismo para coger, así que ya imaginarás cuánto aprendí de arte. A mí ni siquiera me gusta, es más, acá en confianza… me caga. Igual y por eso terminamos, entre que no paraba de hablar de artistas de nombres impronunciables y las discusiones por no querer ir a inauguraciones en estos pinches lugares solemnes.

-¿Entonces para qué aceptaste venir?

-Pensé que tú querrías hacerlo, creí te gustaba el arte.

-No entiendo un carajo del arte, imaginé te ayudaría sutilmente a… ya sabes, olvidarla.

-Como terapeuta debes saber que vales madre…

Caminan por el pasillo del museo y se acercan a un raro cuadro de figuras multicolores encimadas unas sobre otras en plastas gruesas y grotescas, ambos giran sus cabezas de manera sincronizada, no lo entienden, sus rostros lo denotan, se rascan el cabello como símbolo de duda, aspiran y respiran un par de veces y vuelven a virar de derecha a izquierda, negando.

-Entonces, ¿esto es arte?

-Tiene que serlo, ¿no?

-Supongo que los artistas ven las cosas diferentes.

-Sí o de plano se meten hasta el dedo; o cómo explicas estas chingaderas.

Un guardia que soporta lo suficiente sus cuchicheos se acerca y les exige silencio. Apenados se disculpan y siguen andando.

-Mira aquel, vamos a verlo.

Caminan, llevan las manos en los bolsillos y al unísono emiten un suave chiflido. Se detienen en otro cuadro donde hay vasto público convocado. Se acercan a un hombre que en turnos es asediado por esa gente de lentes gigantes peinados perfectos, suéteres a cuadros y perfumes orgánicos; el tipo es alto, de gafas, viste un saco de pana con parches en los codos y una playera con cuello de tortuga, ambos piensan que de poder traería una pipa que soplaría cada dos minutos emitiendo burbujas que inundarían la sala.

En un hueco estratégico se introducen hasta colocarse frente al autor.

-Oiga… disculpe, ¿por qué toda esta gente está sorprendida por esta pintura?

-Ah, mi “Euterpe”.

-Sí, su Eu… que bonito cuadro.

-¿Bonito? No puede ser bonito, es la representación de la solemnidad poética en un mundo absurdo. Es la sonoridad del caos en la vorágine, en la barbarie, es… y no debería decirlo yo, sublime. La crítica no se ha cansado de elogiarlo.

-mmm, suena inteligente.

Ambos agradecieron y cedieron la palabra a otros para que se entrevistaran con el artista.

-La verdad es que sigo sin entender el pinche cuadro, sólo veo puros garabatos, nada que un niño de preescolar no pueda hacer… y mejor.

-¿Por qué? No escuchaste que tenía que ver con algo sobre la vida, la muerte y esas cosas.

-No jodas, no dijo eso.

-¿Entonces qué fue lo que dijo?

-No sé, no le entendí ni madres, pero si a esas vamos, para mí ese cuadro representa un… un no sé qué diablos.

-Eso no tiene sentido.

-Claro que sí, es la representación de mi duda.

-Ah, ¿será esa duda que traemos desde el principio?

-Puede ser, estoy confundido.

-Lo estamos.

-Igual que al inicio.

-O más.

-Entonces, ¿de qué sirvió todo esto? ¿Ya olvidaste a tu ex?

-La verdad nunca la quise, pero vaya que hacía el amor como una diosa.

-Oye, sin ofender… ¿Te molestaría si la invito a salir?

Se escucha un golpe fuerte en el pecho, un chasquido de labios y dos impudorosas carcajadas.

-¿Nos vamos?

-¿Por un trago?

-Simón.

-¡Simón!

Santiago y Bernardo salen del museo ante la mirada de quienes los ven devorarse más de veinte bocadillos y media botella de vino tinto, rompiendo las rutas de apreciación y charlando en volúmenes inapropiados sobre lo ridículo que les parece la exposición del gran artista mexicano Juan Carlos González conocido en el mundo del arte como Giancarlo Gonz. Piensan en que por ningún motivo volverán a hacer esa clase de experimentación, conviene mejor las clásicas salidas al cine, a la cantina o a ver los partidos de los Pumas los domingos.

Jaime Garba es escritor, periodista y docente de literatura. Foto: Especial

Jaime Garba es escritor, periodista y docente de literatura. Foto: Especial

¿Quién es Jaime Garba? Nació en Michoacán, en 1984, es psicólogo de profesión pero ha dedicado su vida adulta a la literatura. Es narrador y periodista. Es colaborador de Playboy México, ha escrito en diferentes medios como La Jornada Michoacán y ha publicado en revistas como Buensalvaje México, La Revista de la Universidad y la francesa Metrópolis. Trabaja como reportero para el Festival Internacional de Cine de Morelia. Ha publicado en distintas antologías en México y Estados Unidos. Es profesor de literatura y redacción creativa en distintas instituciones´y su novela ¿Qué tanto es morir?, está por publicarse en Ediciones Arlequín