El misterio de la máscara de serpiente es un enigma que se inscribe entre las piedras de las pirámides mayas, con personajes únicos que, ante todo, nos hacen parte de la aventura. Después de leerlo en la biblioteca de la escuela, mis padres me regalaron un ejemplar que perdí en no sé qué mudanza. Por una razón u otra, volvió a mis manos en medio de la posibilidad de un viaje, y lo releo tratando de revivir las emociones que sentía de niña.

Ciudad de México, 2 de agosto (SinEmbargo).- En la biblioteca de segundo grado de primaria, que por esos días no era más que un estante de metal con dos hileras de libros en la esquina del salón, mi mirada se dirigió a él de inmediato. La conexión con el título fue instantánea El misterio de la máscara de serpiente de Viateur Lefrançois, aunque en aquel entonces no podía pronunciar el nombre del autor. La combinación de los ojos amenazantes de la serpiente con las pirámides mayas de la portada terminaron de capturar mi atención. Es el primer libro que recuerdo haber leído por mi cuenta durante mi infancia. No puedo pensar en esta historia sin esa otra lectura desde un yo del pasado, las emociones tan vívidas que experimenté sumergida en el misterio. Hablo de mí para combinar dos experiencias: una niña y una “adulta” releen este libro, y la primera conclusión parece ser que la literatura infantil no es exclusiva de la edad, sino que puede disfrutarse en cualquier etapa, no sólo como recuerdo nostálgico.

De niña perseguí a mis amigas de la escuela, libro en mano, prometiéndoles que no iban a poder soltarlo. Era una buena iniciación en el gusto por las historias de misterio, una gran primera experiencia para conocer la forma de dejarse guiar entre las pistas de la investigación, de aventurar especulaciones sobre la posible resolución.

Antes de Miss Marple, para mí existieron Pascal y Valeria Ollassa, los protagonistas —que no tenían más de trece años y aún así podían internarse en la selva—, dos gemelos aprendices del Cirque du Soleil en Canadá, que se embarcan en una travesía hasta la región maya para buscar a sus padres, dos arqueólogos que desaparecieron misteriosamente. A mi edad, que alguien pudiera tener tanta libertad para vivir aventuras era lo más impactante. Esos personajes eran todo lo que soñaba con experimentar —con más de un par de acrobacias fuera de mi alcance—: explorar cenotes escondidos, sobrevivir a persecuciones, arriar las velas en un barco. Valeria podía subir parada de manos a una pirámide en Uxmal, y, entre los dos, sabían desenredar misterios. La emoción se conjuntaba en texto e imagen, con las ilustraciones increíbles de Valeria Gallo y Asmín Flores, donde se ven los movimientos flexibles de los gemelos, saltando de un lugar a otro.

El libro en su totalidad nos hace experimentar, con todos los sentidos, los descubrimientos del viaje. Caminamos por las calles de Nueva Orleans, entre la música y la vida hechizante de una ciudad como esa. Subimos al barco para sentir el vaivén de las olas, sentimos la cercanía de la tormenta. Más tarde las zonas arqueológicas se despliegan con un halo de misterio, junto con el bochorno húmedo de la selva, y el nerviosismo que puede provocar lo empinadas que están las escaleras de los templos. Ningún sentido queda sin estímulo, los sonidos conforman la música de acompañamiento constante de los animales de la selva, y la comida yucateca aparece desde el primer momento.

La historia genera inevitablemente un interés en el afuera, en lugares nuevos para vivir sorpresas a cada paso, conocer la zona maya donde todo se mezcla con un poco de magia. Ahí es posible que una adivina aparezca en el camino de Valeria Ollassa para darle un consejo y, también, la bendición para su travesía: “Quienes los rodean los protegen bien. Pero nunca olviden que la prudencia es una virtud necesaria para salir adelante. Abran los ojos y cuídense de las dos cabezas de serpiente” (p. 21). Las posibilidades del asombro se multiplican en cada página.

La combinación de los ojos amenazantes de la serpiente con las pirámides mayas de la portada terminaron de capturar mi atención. Foto: Artes de México

Hay enseñanzas también, entrelazadas con el misterio del libro. Las virtudes de los Ollassa se trasladan de su dedicación como acróbatas a los nuevos retos que enfrentan: “Desde que tenían nueve años se habían esforzado por llegar a ser los mejores acróbatas […] La fórmula para lograrlo siempre había sido la misma: determinación y trabajo, y se proponían seguir esa receta para encontrar a sus padres” (p. 10). Fragmentos como estos, durante la infancia, significaron lecciones sutiles sobre la perseverancia, las cuales se impregnaron en la memoria junto con los vibrantes colores de las escenas.

La narración no se mantiene todo el tiempo sobre los gemelos, también se traslada a la situación de los padres Ollassa, que fueron secuestrados por el hombre escondido tras la máscara de serpiente. Supuestamente el captor necesitaba a los arqueólogos para encontrar un tesoro maya. Atisbos como estos nos vuelven cómplices del narrador, con información que no podemos darle a los gemelos, pero que, no obstante, nos sigue guardando una sorpresa para el final. Esas pistas se sentían como la posibilidad de asomarse al universo entero en el que todo sucedía.

La tensión no se pierde en ningún momento, incluso cuando las descripciones nos guían por la exuberancia de la selva, las maravillas escondidas, se mantiene esa necesidad de seguir, de correr tras la verdad junto con los gemelos: “Justo frente a ellos estaba la Tumba del Gran Sacerdote. Más adelante, a la izquierda, se encontraba una edificación que hubiera podido ser un observatorio. La clave de la misteriosa desaparición de sus padres se ocultaba en alguna pieza de este rompecabezas maya de diez kilómetros cuadrados” (p. 35).

No puede faltar cierto elemento de peligro en la historia. En este aspecto el autor confía en sus lectores, sea la edad que sea a la que se acerquen a la historia, y no maquilla la violencia. Retrata —con su debida proporción, con una mirada crítica incluso— una realidad de México que es la inseguridad que permea cualquier ámbito; el secuestro de los arqueólogos, que no por ser ficcional deja de ser preocupante. Se acerca también a una denuncia sobre la negligencia de la policía, problemas reales a los que nos enfrentamos en nuestra realidad en México. Problemas que no pueden ser silenciados, y que entrelazados con la ficción, abren paso para que los lectores comiencen a formar su juicio sobre estas otras posibilidades del mundo, con todos sus matices.

El misterio de la máscara de serpiente es un enigma que se inscribe entre las piedras de las pirámides mayas, con personajes únicos que, ante todo, nos hacen parte de la aventura. Después de leerlo en la biblioteca de la escuela, mis padres me regalaron un ejemplar que perdí en no sé qué mudanza. Por una razón u otra, volvió a mis manos en medio de la posibilidad de un viaje, y lo releo tratando de revivir las emociones que sentía de niña, con el mismo asombro, aunque inevitablemente se filtra la voz adulta que busca pistas diferentes. A un lado de todo esto, me emociona también compartir la lectura con mis sobrinas y descubrir más inicios en las historias de misterio.

Consigue el libro La máscara de la serpiente a través del siguiente enlace: https://catalogo.artesdemexico.com/productos/el-misterio-de-la-mascara-de-serpiente/