Cuando México se abrió al libre comercio, desaparecieron instituciones del gobierno que apoyaban con crédito, capacitación y distribución de fertilizantes a productores nacionales de café, cítricos, granos y demás. Entonces, al país arribaron Nescafé (Nestlé), Jugo del Valle (Coca Cola) y Maseca (Gruma), por ejemplo. Ahora, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha llamado a renegociar el TLCAN. Los líderes campesinos exigen al Gobierno participar en esa revisión para recuperar los niveles de producción nacional y satisfacer la demanda interna. Desde 1994, cuando se puso en rigor, pidieron hacerlo. Hoy hay 28 millones de mexicanos con carencia de alimentación, registra Coneval.

Ciudad de México, 3 de febrero (SinEmbargo).– El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sepultó al Instituto Mexicano para el Café, al Consejo Nacional para la Fruta, a la Productora Nacional de Semillas y a Fertilizantes Mexicanos (Fertimex), distribuidora estatal de fertilizantes para agricultores. Los sustituyó con empresas extranjeras e importaciones. Ahora traemos del extranjero el 47 por ciento de lo que comemos, aseguraron líderes campesinos.

Los campesinos exigen al Gobierno federal formar parte de la renegociación del acuerdo con el objetivo de favorecer al sector agropecuario y con ello reparar “los errores” de los funcionarios que lo firmaron hace dos décadas aceptando las condiciones actuales.

Hace 25 años, el Instituto Mexicano para el Café capacitaba y financiaba a los productores cafetaleros, lo que permitía una producción de casi 6 millones de sacos de café al año. Luego, México se abrió al libre comercio, y actualmente se producen 2.5 millones de sacos.

En entrevista con SinEmbargo, José Jacobo Femat, dirigente de la Central de Organizaciones Campesinas y Populares (COCYP), recordó que tras la apertura del mercado mexicano, se eliminó el crédito, la asistencia técnica y la distribución de fertilizantes, clave para el cultivo del café, por lo que los pequeños productores dejaron de tener las herramientas para competir con las nuevas reglas de mercado. La mayor parte quebró, dijo.

El Imcafé desapareció y llegó Nescafé, de la suiza Nestlé, o Andatti, de la multinacional FEMSA.

Con Fertimex ocurrió lo mismo. Se privatizó y luego cerró sus puertas. Fue sustituida por importaciones de Ucrania o empresas extranjeras como Bayer, Pioneer y Monsanto, declaró el líder campesino.

La piña y cítricos, de igual forma, quedaron en manos de los intermediarios y grandes empresas como Coca Cola y PepsiCo. Estas firmas obtienen los frutos de Veracruz, Tamaulipas y Colima, los procesan y los comercializan tanto en jugos como refrescos.

En el caso de los granos, fue Cargill, Continental y Gruma quienes acapararon la producción en México de maíz, trigo y sorgo. Son “gigantes de la alimentación quienes imponen los precios al productor”, dijo Jacobo Femat. Aunque campesinos en El Bajío y Sinaloa produzcan más de 10 toneladas de maíz, con eso “no tienen ganancias y viven endeudados; por eso rentan o venden sus tierras”, acusó.

“Todas las cadenas productivas tenían un referente estatal para el acopio, industria y comercialización. La apertura comercial generó las condiciones para que las empresas privadas invirtieran en los diferentes rubros de todas las cadenas productivas”, resumió.

Ante la incapacidad de competir contra esos gigantes, algunos de los pequeños productores migraron a Estados Unidos, por lo que, ironizó Jacobo Femat, los granos que se importan de allá son producidos por mexicanos migrantes.

“Nuestro país tiene abierto al cultivo 28 millones de hectáreas, de las cuales se aprovechan entre 21 y 22 millones. Si esos 6 millones de hectáreas se recuperaran, se generarían empleos y se impulsaría la producción nacional para satisfacer la demanda interna”, declaró.

TOMAR EN CUENTA AL CAMPO

El sector campesino ha pugnado desde que comenzó el Tratado en 1994 la revisión del capítulo agropecuario. Foto: Cuartoscuro.

Sentarse a revisar el TLCAN, dijeron los dirigentes campesinos, también da la oportunidad para diversificar el comercio con otras regiones y fortalecer el “abandonado” mercado interno, lo que beneficiará tanto a productores como a la alimentación de los mexicanos. El objetivo es alcanzar una soberanía alimentaria.

Este miércoles, las secretarías de Relaciones Exteriores (SRE) y de Economía (SE) informaron que el Gobierno consultará al sector privado durante tres meses para fijar los parámetros que guiarán la revisión y profundización del TLCAN.

Raúl Pérez Bedolla, Secretario General de la Alianza Campesina del Noroeste (ALCANO), urgió a que las organizaciones campesinas participen con sus propuestas durante la renegociación.

“El sector campesino ha pugnado desde que comenzó el Tratado en 1994 [por] la revisión del capítulo agropecuario. Las propuestas campesinas están listas. Ese año también propusimos reforzar todo lo relacionado al mercado interno y el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas rurales. Pero fueron asuntos que quedaron sin oídos por parte de todos los funcionarios del 94 a la fecha, incluyendo al actual Secretario de Economía, Ildelfonso Guajardo”, aseveró.

Francisco Chew, dirigente del Movimiento Social por la Tierra, dijo a este medio digital: “hasta este momento nosotros no hemos recibido una sola invitación del Secretario de Economía. El Gobierno de México debería convocar a todos los actores sociales y productivos involucrados en el tema del Tratado”.

El dirigente de COCYP, José Jacobo Femat, enfatizó que “hay un enfoque empresarial de esta renegociación, no nacional. Deben ponerse por encima los principios de soberanía e independencia en materia comercial. Este tratado ha beneficiado a los grandes empresarios mexicanos y trasnacionales. ¿Quién va a ganar en esa negociación? Pues ellos”.

El Presidente Donald Trump, quien ha urgido a la revisión o cancelación, argumentó que este acuerdo “es el peor” de la historia estadounidense porque ha generado un déficit comercial de 60 mil millones de dólares con México. Sin embargo, eso significa sólo el 6.7 por ciento de su déficit total con el mundo y es mucho menor a los 319 mil millones que tiene con China, la segunda potencia mundial.

La institución financiera Bank of America destacó, en un análisis, que ese “fuerte aumento en el déficit de Estados Unidos [más importaciones que exportaciones] ocurrió después que China se abrió al comercio global, no después del TLCAN”.

En México, son los campesinos quienes piden modificar el tratado porque, argumentan, a partir del libre comercio las empresas extranjeras controlaron totalmente las ramas productivas, desde la producción de insumos hasta la industria y comercio de alimentos, incluyendo el maíz.

IMPORTAMOS EL 47 POR CIENTO DE ALIMENTOS

Además de que casi la mitad de lo que se come en México es importado, el TLCAN provocó la quiebra de algunas empresas de alimentos locales que no pudieron competir contra las trasnacionales; la pérdida de al menos 2 millones de empleos rurales y desplazó los programas nacionales para el desarrollo rural, como los proyectos de investigación en biotecnología, así como a las plantas productoras de semillas y fertilizantes, detallaron los productores.

“La situación de miseria, abandono, desempleo y violencia que caracteriza al campo mexicano aún puede ser considerado como un éxito del TLCAN”, ironizó José Jacobo Femat, de la COCYP.

México importa el 47 por ciento de los alimentos que se consume, reiteró el dirigente Francisco Jiménez Pablo, de la Coordinadora Plan de Ayala. De acuerdo con Femat, el país importa el 80 por ciento de arroz, más del 40 por ciento de trigos y el 50 por ciento de ajonjolí, girasol y soya.

La mayoría de esos productos vienen de empresas estadounidenses.

“México es el tercer destino más importante de las exportaciones agroalimentarias de Estados Unidos, superado únicamente por Canadá y China. Alrededor del 14 por ciento del valor total de las exportaciones primarias de Estados Unidos se relacionan con nuestro país”, dijo Chew Plascencia.

En el caso del maíz, al producir menos que la demanda nacional, se importa entre ocho y 12 millones de toneladas al año. Estados Unidos es el principal productor y exportador de maíz en el mundo. Sus estados productores, Iowa, Illinois, Indiana, Nebraska, Kansas, Minnesota y Misuri, se localizan en el “Cinturón Maicero”, al medio oeste del país. Y México es uno de los principales consumidores de ese grano, base de su alimentación, documenta el estudio “El maíz en Estados Unidos y en México” publicado por la Universidad Autónoma de México (UAM).

Los principales estados productores de maíz son Sinaloa, Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Michoacán y Chihuahua, entidades que aportan el 61.5 por ciento de la producción nacional. Durante el anterior año comercial (octubre 2015-septiembre 2016), la producción total de maíz blanco alcanzó las 22.2 millones de toneladas, y la de maíz amarillo, utilizado para alimentar al ganado, fue de 22.2 millones de toneladas, detalla la Secretaría de Agricultura (Sagarpa).

Pero, destacó en entrevista el dirigente campesino Francisco Chew, el consumo nacional de maíz es de 30 millones de toneladas al año.

“Estamos importando entre ocho y 12 millones de toneladas de varios estados como Kansas. Las empresas que importan son Maseca [Gruma, mexicana pero con seis plantas en EU], Dicares [que aglutina a Wings, Domino’s Pizza, El Bajío, Toks, Sanborns, Vips], la tradicional acaparadora gringa, y otras compañías de producción ganadera o de aves. Por ejemplo, Tyson importa maíz amarillo para la alimentación de sus pollos e incluso SuKarne está importando maíz amarillo [para su ganado]”, criticó.

Por su parte, Jacobo Femat consideró que “como país tenemos las condiciones para poder producir todo lo que estamos importando. Tenemos el territorio, clima, agua, humedad y mano de obra para poder sustituirlas” .

Federico Ovalle Vaquera, Secretario General de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIAOC), destacó que en el proceso de renegociación, “y en su caso de modificación”, del TCLAN se dejen fuera a los granos básicos como el maíz, frijol y semillas de las que se extraen aceites.

En total, entre 2015 y 2016, México importó del vecino del norte 17.7 mil millones de dólares en productos agroalimentarios, documentó Ovalle.

“Lo que nosotros dejamos de producir en México se los compramos a los Estados Unidos y los empleos que dejamos de crear en el país se los creamos allá”, destacó.

Francisco Chew  y Jacobo Femat acusaron que el gobierno favorece a esas empresas extranjeras. Operan en condiciones de “dumping no declarado” [vender más barato para borrar a la competencia] frente a los campesinos mexicanos.

“El gobierno mexicano ha sido muy irresponsable en los mecanismos de libre comercio que acordó en el TLC”, sentenció Chew. “El dumping ha formado parte de una estrategia para acabar con el productor nacional y ha sido solapada por la Sagarpa y Secretaría de Economía”, añadió Femat.

Además, los apoyos gubernamentales que tiene la agricultura mexicana, sobre todo a raíz del subsidios para que los productores puedan competir, equivalen máximo al 4.7 por ciento del valor de la producción. Los distintos apoyos que reciben los productores estadounidenses, contrastó, equivalen al 28 por ciento del valor de su producción.

LAS PROPUESTAS DEL CAMPO

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) registra 28 millones de mexicanos con carencia alimentaria. Si se favorece al sector agropecuario durante la renegociación del tratado, eso podría cambiar.

Francisco Chew acusó que el TLCAN “ha devastado” la base productiva del campo, ha deteriorado la alimentación de México y socavado las bases de la soberanía nacional, por lo que hay que garantizar un sistema de abasto de alimentación que combata el hambre.

Con la política económica de 1982, el Gobierno de México desmanteló una serie de instrumentos que se habían generado durante la década de los 60 y 70 para el sistema alimentario mexicano, recordó el líder campesino. Se contaba con financiamiento, almacenes nacionales de depósito y distribución de fertilizante mediante Fertimex. Pero a raíz de la reforma al artículo 27 constitucional en 1992, el mecanismo se desmanteló.

Chew Plascencia llamó a un cambio de paradigma económico y social, donde es necesario la reconstrucción del mercado interno, la diversificación de las relaciones económicas con énfasis en una integración con América Latina y con Asia, particularmente con China y la India.

“China es el gran mercado que consume todo”, dijo. “Si China es un socio con capacidad de inversión similar a Estados Unidos, ante la actitud dura de Trump se convierte en una alternativa viable”.

Francisco Jiménez Pablo destacó que “un país que no tiene soberanía alimentaria es un país condenado a la conquista y al sometimiento brutal”.

Por su parte, Federico Ovalle Vaquera propuso al Gobierno hacer “lo que en su momento debió”: diversificar las relaciones comerciales con otros países y buscar con esas naciones convenios de comercio en condiciones complementarias, es decir, vender los productos excedentes y comprar lo que haga falta.

Este país también debe desarrollar una serie de instrumentos de política económica para potenciar la agricultura y para eso hace falta ampliar la frontera agrícola de riego e inversión en infraestructura, destacó.

Raúl Pérez Bedolla, Secretario General de la Alianza Campesina del Noroeste (ALCANO), acusó que el sector campesino ha sido el “gran perdedor” porque el pequeño productor mexicano no recibe subsidio como ocurre en Estados Unidos y, además, se le canceló infraestructura como los denominados “precios de garantía”, los almacenes de depósito, las semillas mejoradas nacionales y los fertilizantes.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, concluyó José Jacobo Femat, llevó al gobierno a retirarse del campo, a eliminar el crédito y asistencia técnica, quitar las bodegas e infraestructura.

“Podríamos recuperarlo”, finalizó.