Joaquín Guzmán. Foto: Cuartoscuro.

Mañana lunes por la tarde, siete mujeres y cinco hombres se reunirán en Nueva York para deliberar en el final del juicio de Joaquín Guzmán Loera. Son el jurado que el gobierno de Estados Unidos eligió para dictar el veredicto que definirá el destino del capo que figuró en el número 701 de Forbes.

El juicio resultó más corto de lo esperado, apenas tres meses de fuertes revelaciones que alcanzan para guión cinematográfico; pero más allá del morbo generado, el jurado deberá decidir sobre los cargos que se imputan al sinaloense: tráfico de drogas, homicidio y empresa criminal continuada, entre los más importantes.

De resultar culpable, el capo de 61 años podría enfrentar una pena de cadena perpetua en condiciones muy duras en territorio estadounidense.

Esta semana, la defensa hizo su último intento por desacreditar la evidencia presentada por los fiscales e integrada mayoritariamente por las llamadas interceptadas al acusado, sus parejas y su red criminal gracias a la cooperación de un ingeniero colombiano que traicionó al cártel; en ellas hay santo y seña de actividades de narcotráfico, lavado de dinero, sobornos y las más cruda violencia.

El argumento de la defensa de Joaquín Guzmán es uno y todo indica que será insuficiente: que “El Chapo” no es el líder del Cártel de Sinaloa y que su socio, Ismael “El Mayo” Zambada, sobornó y cooperó con las autoridades mexicanas y estadunidenses para inculparlo. La Fiscalía respondió con firmeza: no importa el rol sino su actividad criminal real, y de esa sobra evidencia.

Mientras eso sucede en Nueva York, en México la violencia no cesa: 2018 es ya el año más violento de nuestra historia con más de 33 mil homicidios dolosos y una tasa de 23.1 casos por cada cien mil habitantes. El crimen organizado campea en la mayor parte del territorio nacional y lo mismo trafica drogas, que roba gasolina y asesina a sus enemigos.

Y sí, #ElJuicioDeElChapo fija tendencia mundial pero en Sinaloa, el estado donde nació, creció y construyó su imperio criminal junto a sus socios, la vida transcurre con “normalidad”: 2018 cerró con 1,122 homicidios para una tasa de 37.8 casos por cada cien mil habitantes. Los desaparecidos ya igualan a los muertos y en año nuevo no se puede salir a la calle por las balaceras al aire.

Cabe señalar que en 2018 los homicidios dolosos se redujeron en 28% comparado con 2017, pero la reducción obedece más al fin de la pugna intestina del Cártel de Sinaloa entre los hijos de Guzmán y la facción de Dámaso López “El Licenciado” (detenido y también testigo del juicio), que a la acción de las autoridades.

En ese contexto, no tengo duda que “El Chapo” Guzmán será declarado culpable en Estados Unidos: la evidencia es abundante y contundente. Será sentenciado y puesto como ejemplo simbólico y narrativo del peso de la justicia sobre una criminal de su envergadura y poderío. El show ya terminó, falta la lección.

Pero el Cártel de Sinaloa seguirá intacto y operando desde Culiacán, Badiraguato, el Valle de San Lorenzo… produciendo y traficando drogas, robando autos, corrompiendo políticos, lavando dinero. Lo harán ahora con la tranquilidad de que el Presidente López Obrador declaró el fin de la “guerra” contra el narco y que no será prioridad del gobierno federal perseguir capos sino “pacificar” a México. Como si una cosa no implicara la otra.

En 2010, Ismael “El Mayo” Zambada le dijo al gran Julio Scherer: Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió […] El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí.”

Es cierto, capturar capos no cambia nada. Si es lo único que se hace. El crimen organizado seguirá mandando y sembrando miedo mientras no regulemos las drogas y cambiemos el fallido modelo militarista exacerbado ahora con la Guardia Nacional. Mientras no reduzcamos la impunidad y ataquemos la narco-política. Mientras juicios como el de “El Chapo” sucedan del otro lado de la frontera y acá no pase nada.

La sentencia del capo será culpable, pero el negocio seguirá intacto.