PaFoto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Desde que nació, en 1968, Cuauhtémoc Guitérrez vivió en los basureros del Valle de México. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Ciudad de México, 3 de abril (SinEmbargo).– En 1968, cuando Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre vio la primera luz, Santa Cruz Mayehualco, Santa Fe y el Cerro de la Estrella eran territorios de su padre, Rafael Gutiérrez Moreno. Ahí estaban fincados sus negocios: los basureros del Valle de México. Llegar y encajar el botín negro en la alfombra de lodazales significaba algo más que ser un jefe. Era ser el dueño de todo. Un cacique. Y algo era exigible: estar rodeado de mujeres.

Este poderío tuvo raíces tan fuertes que subsiste hasta ahora. Guillermina de la Torre, madre de Cuauhtémoc –el defenestrado dirigente priista del Distrito Federal– es lideresa en el relleno sanitario en Santa Catarina; su amigo, Luis Rojas lo es en el de San Juan de Aragón y uno de sus ahijados, Pablo Téllez Falcón, predominó en el de Bordo Poniente hasta 2011, cuando éste desapareció por órdenes del entonces Jefe del Gobierno del Distrito Federal (GDF), Marcelo Ebrard Casaubón.

Los rellenos sanitarios surgieron debido a las advertencias de la Dirección de Limpia de la Regencia capitalina. Un par de estudios de 1984 de esa instancia advirtió la posibilidad de un baño de sangre si no se concluía con los cacicazgos en los basureros, pero sobre todo, si no se minaba a la familia Gutiérrez. Había que profesionalizar el destino de los desperdicios. En 1994, el gobierno logró instalar las tres plantas, pero con el fantasma caciquil no pudo.

Jorge Sánchez Gómez fue director de Limpia durante la Regencia de Ramón Aguirre Velázquez (1982-1988) y a la postre, se convirtió en observador del negocio de la basura en el Valle de México. Conoció de cerca a la familia Gutiérrez, cuando el imperio crecía. Hoy expresa que la práctica en la que incurrió el ex dirigente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) capitalino encuentra explicación en su historia de vida. Dice que  “fue el sistema el que permitió el nacimiento, la educación y el crecimiento de un líder como Cuauhtémoc Gutiérrez”.

El ingeniero ambiental abunda: “Las formas de ser en la política nacional están relacionadas con los sectores de origen. El de los residuos en México tuvo una cuota de informalidad que hoy se paga con este tipo de costos. En torno a la basura surgieron caciques cuyas prácticas siempre fueron conocidas, reprobadas y permitidas. La idea de la mujer era parte de este capital espurio”.

En los 80, ¿qué  significaba ser mujer y pepenadora ante los caciques de la basura?

–Era ser la brújula de la familia. El bastón. La mujer rescataba a todos de las carencias económicas. Pero al mismo tiempo, estaba debilitada. Pertenecía a la base más vulnerable y fácil de violentar.

¿Y pagar por compañía femenina? ¿Qué significaba en los basureros?

–Sin menoscabar todos los valores de la pepena, los caciques avalaron y normalizaron esa práctica. Para que alguien se entronizara en ese sector era necesario pertenecer a él. Entre más mujeres alrededor, mucho mejor. La mujer era vista como parte de la riqueza que dejaba el monopolio del negocio de la basura. Los caciques de la basura lo hicieron todo el tiempo porque era sinónimo de ser hombre.

¿La idea se quedó calcada en las generaciones nacidas y crecidas ahí?

–Cuauhtémoc Gutiérrez jamás tuvo la opción de una idea diferente mientras crecía.

* * *

Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

El ex dirigente del PRI en el DF. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Mientras crecía, a su padre nadie le regateó las habilidades de hombre de negocios. A finales de los setenta, Rafael Gutiérrez se hizo de otros cinco basureros: San Lorenzo en Milpa Alta, Xochiaca en Vaso de Texcoco, Santa Catarina en la carretera a Puebla, el del Desierto de los Leones y otro más en Santa Cruz Meyehualco.

Bajo su mando estuvieron unos cinco mil pepenadores. Vivían en las montañas de desperdicios, a la espera de que cuajara la promesa de vivienda a cambio de voto a favor del PRI. Mientras, en los medios mandos surgieron otros líderes que lo respetaron tanto que llegaron a emularlo.

Fue una mujer quien lo mató. Una de las decenas de compañeras sentimentales que se le atribuyeron. Las referencias periodísticas se han recreado en la fecha: todo ocurrió el 14 de febrero, día del Amor. En su última hora, Gutiérrez Moreno era dueño de una residencia de cuento de hadas, tenía brillantes en la dentadura y en su historial político, una diputación priista durante el sexenio de José López Portillo.

Si se observa su trayectoria, Cuauhtémoc Gutiérrez -el hijo- se asoma como un hombre dueño de su propia vida, siempre con la intención de romper con el pasado en los basureros. A los 14 años de edad se incorporó al PRI. En 2009 se convirtió en Diputado luego de que Fuensanta Jiménez pidió licencia (el fenómeno conocido como “Juanitas”, cuando una mujer dejaba el cargo para dárselo a un hombre). Según su página oficial, antes de llegar a dirigir el partido en la capital fue presidente del Frente Juvenil Revolucionario del DF, secretario general del Movimiento Territorial en el DF y secretario adjunto de la presidencia del CEN del partido.

Hoy está envuelto en el escándalo. Se le señala de usar sus oficinas del PRI como templete para pagar prostitutas. Está acusado de usar el dinero del partido para incluirlas en la nómina. Él, quien siempre había dicho  que él no era rey, ni príncipe de nada, mucho menos de la basura. Estas fueron sus palabras en una de las muchas entrevistas que concedió en la contienda electoral de 2012 por el Gobierno del Distrito Federal: “(Mi padre) dirigía una organización de gente humilde, de gente trabajadora, de gente que no le pedía un peso a la Ciudad de México porque no eran asalariados”.