“México debe cambiar de modelo económico, pero sin volver a modelos económicos del pasado, por bueno que haya resultado alguno de ellos”. Foto: EFE/Lenin Nolly

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ya es parte de nuestro pasado. Si bien debemos rescatar algunos beneficios por medio de su eventual renegociación, ya debemos comprender que prolongarlo no está en nuestras manos –ni nunca lo estuvo. Quien le siga apostando al TLCAN estará apostándole no sólo a un anacronismo, sino a una estrategia equivocada que jamás logró convertirse en la palanca del desarrollo prometido.

La razón fundamental por la que el TLCAN ya es historia es porque ha dejado de convenirle a los EUA. El saldo de la balanza comercial de los EUA (exportaciones menos importaciones) es enormemente deficitario y ya es inmanejable. Se sitúa en los 568 mil millones de dólares, equivalente a casi el 3% de su Producto Interno Bruto (PIB). Por eso, los EUA tienen que implementar medidas coyunturales, como es la imposición de aranceles para impedir que este déficit comercial siga aumentando (lo cual sólo le servirá si a la vez implementa medidas keynesianas para elevar los niveles de ahorro en su economía). Este enorme déficit comercial ha presionado a los EUA a sostener un elevado ritmo de endeudamiento externo a fin de mantener el equilibrio de su Balanza de Pagos, con lo cual la política monetaria y fiscal de los EUA ha ido quedando en manos de sus acreedores (mayoritariamente de China).

Los EUA se tardaron demasiado en implementar el proteccionismo comercial reciente. Quizás pueda criticarse el tono poco diplomático con el que Donald Trump le está declarando la guerra comercial al mundo, pero con ello está haciendo lo correcto para su país, pues sólo con medidas de choque como estas es como puede corregir más eficazmente los enormes desequilibrios macroeconómicos incubados durante las últimas dos décadas en los EUA.

En el corto plazo, el proteccionismo comercial de los EUA no le conviene a México, pero sí en el largo plazo. Toda vez que nuestro actual modelo económico, al que yo denomino modelo de subdesarrollo desestabilizador, es ya insostenible, México necesita fortalecer su industria nacional, su mercado interno, así como, por fin, diversificar sus mercados para la exportación.

México debe cambiar de modelo económico, pero sin volver a modelos económicos del pasado, por bueno que haya resultado alguno de ellos. Ninguna vuelta al origen es un retorno, decía Octavio Paz a propósito de la tendencia de las culturas milenarias  a la utopía de la vuelta a los orígenes. El relativismo del tiempo hace que nunca regresemos a donde alguna vez estuvimos.

Tanto México como el mundo han cambiado enormemente desde los gloriosos tiempos del modelo de desarrollo estabilizador. Los extraordinarios resultados de ese modelo, ejemplares en términos de estabilidad y crecimiento durante los años 1950’s y 1960’s, hoy no se alcanzarían usando las mismas tesis estructuralistas de Prebisch, de Furtado, o de fórmulas simplistas como el desarrollo hacia afuera y el desarrollo desde adentro, lo cual hoy puede servirnos, a lo mucho, sólo de inspiración. Lo anterior debido a que, entre otras circunstancias: i) mientras en los 1950’s estábamos a inicios del auge de la economía de la post-guerra, hoy estamos a inicios de una depresión de economía de pre-guerra (entre los EUA y China[1]); ii) hemos pasado de ser una economía de producción predominantemente primaria, a ser una economía mucho más diversificada y exportadora el día de hoy, y; iii) por el dominio del Federal Reserve Bank de los EUA sobre el valor de nuestras reservas internacionales una vez abandonado el patrón oro, el manejo de nuestros agregados monetarios ha dejado de ser soberano.

No podemos implementar un modelo económico anti-neoliberal, sino post-neoliberal. Ser anti-neoliberal es negar el neoliberalismo, lo cual conlleva un intento de retorno a un punto del pre-neoliberalismo, tiempo que es ontológicamente inalcanzable. Retornar al pasado es negar el presente, lo cual es, además de irreal, intelectualmente pobre. Parafraseando a Ortega y Gasset al respecto del liberalismo en La Rebelión de las masas, podemos decir que ser anti-neoliberal es lo que ya éramos antes del neoliberalismo, cuando sabíamos menos y nuestra realidad era mucho menos compleja. Hoy necesitamos implementar un modelo económico que trascienda al neoliberalismo. Hoy necesitamos un modelo post-neoliberal.

@SergioSaldanaZ

 

[1] Al respecto, véase mi artículo: Reforma Energética en México: ¿Alfil en la guerra China-EUA?