Académicos de distintos lugares del mundo analizan cómo será el regreso a la normalidad de las miles de personas que en todo el mundo se han tenido que aislar para evitar contagios de COVID-19. Mientras algunos temen contagiarse al retomar sus actividades con normalidad, otros buscan regresar por miedo a perder sus empleos.

Ciudad de México/Madrid/Jerusalén, 3 de abril (SinEmbargo/EFE).– Bien, cientos de millones en el mundo estamos confinados. Pero esto no puede durar para siempre. La economía se desploma; nuestras finanzas caen dramáticamente. ¿Cuándo volveremos a trabajar “normalmente” después de esta pandemia? Catedráticos de distintos países analizan el regreso a la normalidad. Y la mayoría cree que será paulatino y muy lentamente.

En Italia, donde, de acuerdo con los últimos datos de la Universidad de Johns Hopkins, se tienen contabilizados 115 mil 242 casos de COVID-19 y 13 mil 915 fallecidos, las medidas de aislamiento fueron extendidas por el Ministro de Sanidad hasta el 13 de abril y la gente las enfrenta cada vez con menos ánimo.

Cuando el confinamiento inició en los balcones de las casas podían leerse letreros con la frase ”todo va a ir bien”, incluso en redes sociales internautas compartían videos mientras cantaban con sus vecinos desde lejos para animarse. Ahora, la incertidumbre predomina entre la población.

Giovanni Orsina, profesor de ciencias políticas de la Universidad Luiss de Roma, dijo en entrevista con The Guardian que una de las principales preocupaciones de la ciudadanía es la pérdida de sus empleos.

“Hay muchos comerciantes, o profesionales que trabajan por su cuenta, con ahorros moderados que se agotarán a medida que se prolongue el encierro”, dijo.

Para el académico, aunque en un inicio el confinamiento trató de tomarse con ánimos cada vez son más las personas que se preocupan por qué seguirá después.

Un operario rocía desinfectante para limpiar la plaza del Duomo, en Milán, Italia, el 31 de marzo de 2020. Foto: Luca Bruno, AP.

“La gente puede haber tratado de mantener el ánimo alto al principio del confinamiento, pero ahora sus pensamientos están volviendo a la amarga realidad de un país terriblemente frágil”, expuso.

Ante las medidas de aislamiento impuestas en distintos países del mundo por la pandemia de COVID-19, investigadores han propuesto cómo regresar poco a poco a la normalidad.

Un investigador del Instituto Weizmann de Ciencias de Tel Aviv ha desarrollado un modelo matemático que propone cuatro días laborables y diez de confinamiento, frente al cierre total, para reactivar la economía y dar un respiro psicológico, mientras dure la crisis del coronavirus.

El físico teórico y profesor de Biología de Sistemas israelí, Uri Alon, detalló a Efe la estrategia matemática que ha desarrollado con su equipo tras el cierre total impuesto en China e Italia, que “va copiando el resto del mundo” y que, a largo plazo, cree el Instituto Weizmann, destruirá la economía global y generará una pobreza y mortalidad de mayores consecuencias que el la COVID-19.

Con su cierre parcial, “quienes se infecten durante los días de actividad pasarán el tiempo de contagio confinados en casa sin extender el virus y sin infectar en la vuelta al trabajo”, aclara Alon en base a su modelo epidemiológico de propagación de la enfermedad.

El principio base es situar el ratio de infección por debajo de 1, el número de individuos que infecta una persona contagiada, lo que erradicaría la pandemia a largo plazo.

Así, Alon hace dos propuestas: dos días laborables y cinco de confinamiento o cuatro y diez, respectivemente, siguiendo el cuadro clínico por el que la mayoría de las personas infectadas son infecciosas durante tres días, que comienzan cuatro después de la exposición, lo que reduciría el contagio exponencialmente al disminuir el tiempo de contacto.

“Por supuesto el modelo (2/5 – 4/10) puede tener variaciones en la realidad. Habría que ir probando, siempre se puede volver al cierre total”, propone este investigador, con el fin de abrir el debate para desarrollar un confinamiento “inteligente” porque la actual situación es “insostenible”.

Con un levantamiento total del cierre, vuelve el riesgo de infección, por lo que su propuesta permite controlarlo y, lo que es también importante, devolver cierta normalidad durante unos días por semana a la población, al tiempo que activa parte de la economía.

El Gobierno de Israel ya conoce la propuesta, pero el país todavía no ha llegado al pico de contagios para aplicarla. En estos momentos tiene más de 6 mil positivos y una cifra diaria de infectados que aumenta progresivamente, hoy más de 600. La enfermedad ha provocado 32 muertes en el país.

Solo “cuando el número de diagnosticados baje durante una o dos semanas”, como está ocurriendo en Italia, se puede plantear este cierre parcial, cree Alon.

Eso sí, advierte, durante los pocos días de cuasivuelta a la normalidad del modelo, la interacción social deberá ser limitada, las medidas de higiene estrictas y las personas en riesgo o infectadas no podrían salir. Y, en los días de cierre, se puede aprovechar para desinfectar los lugares públicos.

Un restaurante cerrado en el puerto de Tel Aviv, Israel, el martes 17 de marzo de 2020. Foto: Oded Balilty, AP.

La reactivación laboral afectaría a un 40 por ciento de las actividades económicas ya que no todos los sectores podrían operar al mismo nivel que en el pasado y, en principio, su aplicación se circunscribe a regiones o estados, para evitar los casos importados.

El número de desempleados en Israel superó esta semana el millón de personas (de una población de nueve) de los cuales el 80 por ciento se registró el pasado marzo. Así, se elevó el desempleo al 24.4 por ciento, una cifra desconocida en el país, que en octubre pasado registró un mínimo de un 3.4 por ciento. Es una tendencia que se repite en el mundo, con el cierre total o parcial de la actividad económica.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó de la desaparición de millones de puestos de trabajo y la reducción de los salarios que afecta especialmente a quienes ya vivían por debajo del umbral de la pobreza.

El modelo que propone el Instituto Weizmann busca contribuir además en las necesidades psicológicas de un mundo conmocionado, cuando todo individuo necesita sentirse productivo, tener planes semanales y volver, en definitiva, a retomar una vida, al menos, cuasinormal.

EN WUHAN TEMEN REGRESAR

La estricta cuarentena que desde el pasado 23 de enero ha mantenido aislada a la ciudad china de Wuhan, cuna del brote de coronavirus, ha trastocado la vida de sus ciudadanos: algunos esperan a que el confinamiento termine para salir a la calle, pero otros aún no se atreven a hacerlo.

Wang Yu, una profesora de piano que hace poco más de dos meses recibía en su domicilio a estudiantes interesados en aprender a tocar ese instrumento, contó a Efe durante una conversación telefónica que prefiere quedarse en casa aunque ya pueda solicitar los permisos necesarios para abandonar su hogar.

En este momento, los wuhaneses pueden pisar la calle o usar el transporte público si presentan o bien un código QR generado por el teléfono móvil que certifique su estado de salud o un justificante médico emitido por las autoridades sanitarias locales.

La académica cree que es mejor esperar al menos hasta el 8 de abril, cuando la ciudad tiene previsto levantar definitivamente las restricciones que impuso a sus habitantes: “No pasa nada por quedarse en casa. La gente quiere salir, claro, pero tienen mucho miedo de las aglomeraciones y de que aparezca otro brote”, explicó.

Wuhan prohibió el pasado 23 de enero que ningún ciudadano saliera de la ciudad y ordenó el cierre del transporte público urbano, el metro, el ferri y los transportes de pasajeros de larga distancia. Solo faltaba un día para el Año Nuevo chino, la principal época festiva en el país, en la que millones de personas viajan para reunirse con sus familias en sus lugares de origen.

Los residentes quedaron entonces confinados en sus casas sin poder salir siquiera de sus complejos residenciales: a la entrada de cada urbanización esperaba un estricto punto de control que sólo podían pasar si se tenía un permiso especial para ello. Y quien quisiera salir de todas formas debía enfrentarse a las gigantes vallas amarillas de plástico colocadas a las salidas, por las que no se puede trepar ni saltar.

En esta imagen del 1 de abril de 2020, una persona muestra un pase verde en su celular, en una estación de metro de Wuhan, en la provincia china de Hubei. Foto: Olivia Zhang, AP.

La profesora Wang Yu cree que la capital provincial de Hubei necesitará tiempo para recuperarse: “La gente de a pie sólo podemos esperar. Tenemos que estar preparados para todo. Preocupan, por ejemplo, los casos asintomáticos. A no ser que se hagan tests a todo el mundo… espero que los que están ahora en casa no salgan todavía”, anota.

Yu no comprende que haya personas que quieran saltarse el confinamiento: “No lo entiendo. ¿Qué es más importante, salir a caminar o tu vida y la de los que te rodean?”, se pregunta.

Y muchos en Wuhan no se arriesgan a salir por miedo a contagiarse y recibir reproches, además de nuevos confinamientos de, en el caso de los complejos residenciales chinos, edificios enteros en los que viven centenares de personas.

Wuhan no contabilizó ningún nuevo caso confirmado ni sospechoso de COVID-19 durante el miércoles, pero sigue contando con mil 132 casos activos, de los que 400 se encuentran en estado grave.

Por otra parte, China registró 35 nuevos casos, todos ellos provenientes del exterior, en las últimas 24 horas, en las que fallecieron seis personas -todas en Wuhan- a causa del coronavirus.

-Con información de EFE