Para muchos argentinos las vacaciones paradisíacas que disfrutaron en las últimas semanas se transformaron de la noche a la mañana en un asfixiante confinamiento de 24 horas en habitaciones que a veces compartieron con familiares y con vistas a calles desoladas. Desde las ventanas y a los gritos, los más frustrados contaron sus pesares a los periodistas que se acercaron.

Por Almudena Calatrava

BUENOS AIRES (AP) — Una mujer se asoma por la ventana de un hotel de Buenos Aires y comienza a golpear un recipiente de aluminio. Desde otros dos alojamientos cercanos, varios huéspedes arrojan comida a la calle y golpean con botellas de plástico los muebles de sus habitaciones. Es la rebelión de los repatriados que son obligados a cumplir la cuarentena en condiciones que califican de insoportables.

Las protestas de los arribados de países considerados de alto riesgo por la propagación del nuevo coronavirus se sucedieron en los últimos días desde varios hoteles capitalinos que los acogen para cumplir el aislamiento obligatorio. Los afectados denunciaron que fueron confinados en lugares que no cumplen las medidas de prevención e higiene.

“En un contexto donde se quiere prevenir una enfermedad, estuvimos en un foco de contagio que es una locura”, dijo vía telefónica a The Associated Press Tomás Fiallegas, quien estuvo nueve días en un hotel céntrico luego de pasar unas vacaciones en Tailandia.

El jueves por la tarde, poco después de que le hicieron el hisopado que reclamaba y le tomaron la temperatura, Fiallegas abandonó el hotel. Pudo regresar a su casa pese a que no le comunicaron el resultado, que, según le dijeron, “estará en unas 48 horas”.

Una pareja que estuvo en el extranjero se asoma a través de la ventana de un hotel mientras está en cuarentena impuesta por el gobierno en Buenos Aires, Argentina. Foto: Natacha Pisarenko, AP.

Para muchos argentinos las vacaciones paradisíacas que disfrutaron en las últimas semanas se transformaron de la noche a la mañana en un asfixiante confinamiento de 24 horas en habitaciones que a veces compartieron con familiares y con vistas a calles desoladas. Desde las ventanas y a los gritos, los más frustrados contaron sus pesares a los periodistas que se acercaron.

Varios entrevistados de distintos hoteles relataron que vivieron situaciones “tragicómicas” e “irregulares”, como el hecho de ser amontonados a su llegada al aeropuerto y transportados a su lugar de confinamiento en micros repletos.

Fiallegas y otros huéspedes afirmaron que, tras ser aislados en sus habitaciones, no fueron revisados médicamente ni informados por ningún funcionario de cuánto iba a durar el encierro. Además, soportaron condiciones antihigiénicas.

Ellos y muchos de los que se quejan armaron un grupo de WhatsApp en el que volcaron su enojo y compartieron imágenes de las protestas que organizaron.

Días atrás, por el ruido de botellas golpeadas en las habitaciones, patrulleros policiales acudieron a uno de los hoteles para conminar a los ruidosos a callarse.

Un hombre que regresó del extranjero se asoma por la ventana desde un hotel mientras está en cuarentena impuesta por el gobierno en Buenos Aires, Argentina. Foto: Natacha Pisarenko, AP.

Mientras las quejas se multiplicaban, en la vereda de enfrente Carlos Genaro, un limpiabotas que se quedó sin clientes en medio de la cuarentena, instaló un precario hogar debajo del techo de un teatro cerrado. El hombre, que no puede pagarse un alquiler, dijo a AP que le vendría bien que le “metan” en un hotel. “Quisiera ir para bañarme y afeitarme”, sostuvo.

Las autoridades niegan que haya un desmanejo de la situación y afirman que cuidar a los ciudadanos no implica ofrecer “un servicio de hostelería”.

“No hay improvisación, hay un protocolo que se cumple, que está funcionando bien… Es lógico que haya gente que no está conforme, porque obviamente prefiere estar en su casa”, dijo a AP un funcionario del gobierno capitalino que comentó sobre el tema bajo condición de anonimato.

Señaló que más allá de la atención médica las 24 horas y la que suministran nueve psicólogos y psiquiatras, 200 voluntarios se encargan de la “contención” de los pasajeros a los que proveen las cuatro comidas diarias y kits de limpieza personal, así como del envío y entrega de pedidos como medicación, comidas y otras necesidades personales.

Buenos Aires y la provincia homónima es donde más infectados hay en Argentina, que registra mil 227 casos y 38 muertos. Al aeropuerto de las afueras de la capital llegan vuelos con repatriados de los que, únicamente los que tienen domicilio en la ciudad, son confinados en los hoteles que otros van desalojando. Los establecimientos carecen de su personal habitual y son atendidos por voluntarios.

Las autoridades indicaron que derivaron a sus hogares a más de mil 200 pasajeros cuyos hisopados resultaron “no reactivos al coronavirus” para que prosigan con la cuarentena. Aún permanecen unos mil 400 distribuidos en 21 hoteles.

Sostuvieron que, aunque el protocolo establece que deben ser 14 días de cuarentena, existe la posibilidad de realizar el estudio a quien haya cumplido un mínimo de siete días de aislamiento.

Y, en contraposición a las críticas, destacaron el agradecimiento manifestado por personas alojadas y la “protección higiénica” que guardaron los voluntarios.

El Alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, tuiteó las imágenes de cuatro mensajes que huéspedes pegaron a las puertas de habitaciones agradeciendo el “respeto, esfuerzo y generosidad” de los que los “cuidaron”.

Sin embargo, otros pasajeros que violaron la cuarentena y manifestaron un “comportamiento o lenguaje inadecuado” fueron advertidos que continuar con esa actitud podría tener “consecuencias legales”, afirmaron las autoridades.

Para Marcelo Gómez, un diabético que el 23 de marzo llegó de unas vacaciones en Costa Rica sin ser repatriado, las quejas obedecen a un trato “inhumano”. El hombre, quien compartió el encierro con su esposa, denunció que no le “respetaron la dieta” y que la “primera limpieza” de su habitación fue a los cuatro días de su llegada.

Gómez sostuvo que en su hotel varios asistentes transportaron la comida con sus manos desnudas y sin barbijos y los encargados de la limpieza caminaron con sus zapatos sin cubiertas protectoras por los pasillos y desde una habitación a otra. Otros cuidadores se sentaban en la vereda de la calle con los mismos camisolines con los que luego acudían a los cuartos.

Según denuncias, al principio, las bandejas o bolsas con viandas suministradas en el hotel eran depositadas en el suelo y las pertenencias de algunos permanecían a la entrada de las habitaciones sin ser desinfectadas. Con el pasar de los días y las quejas esto se fue revirtiendo.

Varios huéspedes fueron víctimas de ataques de pánico. Daiana Borgiale contó que sobrellevó como pudo el que tuvo en la habitación donde pasaba gran parte de los días tumbada en la cama y que se enteró mediante WhatsApp que a personas que se comunicaban a recepción manifestando ataques de ansiedad se les indicaba clonazepam (un ansiolítico) “después de tener una breve charla con el psicólogo”.

El malestar de pasajeros en cuarentena se ha replicado en Paraguay, aunque de forma más acotada. Allí decenas se quejaron de que durante su confinamiento en un hogar de retiro y en algunos albergues cerca de Ciudad del Este no se cumplieron las medidas de precaución mínimas.

-Con información de Natacha Pisarenko y Jorge Sáenz.