Muy lejos de la “fridomanía”, David Martín del Campo ensaya en La niña Frida (Tusquets) el perfil de una pintora notable y la revelación de una mujer que se redime por el arte.

Ciudad de México, 3 de junio (SinEmbargo).- David Martín del Campo es autor de más de 20 novelas mexicanas, la última de las cuales hace centro en Frida Kahlo y todas las emociones que despierta su figura a lo largo de la historia.

Dice que antes era la mujer de Diego Rivera, hoy es el hombre de los murales el que acompañaba a esta mujer que obliga al autor a hacer una labor de teoría plástica, además de un thriller donde se suicida un niño y una jovencita que entra en éxtasis para convertirse en la gran pintora mexicana.

La niña Frida (Planeta) es una novela llena de secretos, el mayor de los cuales es una pintura que funciona como el santo grial de la pintura local y la concreción de Frida en un “mártir cristiano” por todo lo que sufrió, tan lejos de esta “fridomanía” con que hoy se la quiere recordar.

“Lo fundamental con La niña Frida es que yo retomo el género negro. Es una novela policíaca, es un género muy atractivo porque permite tratar a los personajes por medio de los detectives, cuyo trabajo es indagar. Y eso resulta para los seres humanos una labor esencial, porque siempre estamos dispuestos a saber, a revelar, a descubrir”, dice David Martín del Campo a Puntos y Comas.

Frida Kahlo nació en 1907 y murió en 1954, un año en el que comenzó a ser leyenda e ir superando la imagen que tenía de sí la gente, el gran público. Para el novelista, la pintora es el fiel reflejo de la vida de Jesucristo. “Es una vida de gran sufrimiento y durante toda su existencia tuvo que luchar con su vía crucis, redimiéndose por el arte”, dice Del Campo.

“Es una mujer de rebeldía permanente, milita en el Partido Comunista y es una artista notable que con el tiempo –es curioso- cambiaron las sombras. Antiguamente se decía que Frida era la mujer del famoso pintor llamado Diego Rivera, con el tiempo se habla de ella como la pintora, que tenía un marido que hacía murales”, añade.

Un ladrón de arte,  una niña obsesionada  con la intensa vida de Frida Kahlo,  un político en busca de venganza, una escuela de Legionarios bajo sospecha y un cuadro de Miguel Covarrubias que nadie ha visto y es leyenda en el mundo del arte, “el santo grial de la plástica mexicana” son los hilos narrativos que Martín del Campo los entremezcla.

“Me dio mucho gusto hacer esta novela porque me gusta mucho la pintura y pude hacer con ella una teoría de la plástica. Me permite soltar algunas ideas y hablar del mito de Frida Kahlo desde su juventud, famoso por el accidente y hablar también de esta mitología que existe alrededor de ella. ¿Cuántas niñas Frida no existen en México a causa de ella?”, se pregunta el escritor.

La niña Frida, una de las veinte novelas del autor. Foto: Especial

“La niña Frida es un poco eso y también referirme al cuadro de Miguel Covarrubias que pinta con Frida y que desaparece en la mitad de la novela. Hay tres niñas Frida, una de las cuales es Frida Negrín que ha leído el libro que escribió su madre, una biografía famosa, casi tan importante como la que había escrito Raquel Tibol, y la niña por momentos se siente la pintora, en algunos arranques tiene momentos de alucinación y se vuelve Kahlo”, dice David.

“Y eso me pasa porque yo vivía en Coyoacán, una noche de madrugada vi a una niña, que me pareció que me pedía que hablara de ella. Tenía además la historia del niño suicida que venía cargando desde hace varios años y ahí nació la novela”, admite.

La niña Frida es un novela policiaca que nos lleva a diferentes mundos que se van solapando unos con otros. Hay una especie de ensayo donde el personaje se mete a la plástica con los pintores de la época y también hay un aspecto místico y religioso y de la fe”, expresa.

“Me preocupé porque fuera una novela muy divertida. Muchas situaciones difíciles se salvan con el humor. El protagonista es un antihéroe, no es alguien bueno, es un hombre taciturno, muy dolido por la vida, muy golpeado, con un pretérito de corrupción y de alcoholismo, que sin embargo busca remediar y descubrir las cosas para la gente que no puede remediar ni descubrir para sí”, concluye David Martín del Campo.