La compañía del ratón, que compró Pixar en 2006, siempre se ha mostrado reticente a la asunción de narrativas abiertamente sociopolíticas, aunque sus películas no estén ni mucho menos exentas de ofrecer lecturas en este sentido.

Por Francesc Miró

Madrid, 3 de junio (ElDiario.es).- Hace unos días Pixar estrenaba Out (Salir), un cortometraje protagonizado por un joven que se enfrentaba al conflicto de contarle a sus padres que era gay. La armarización y el temor al rechazo en la comunidad LGTBIQ nunca se habían abordado de una forma tan tangible, abierta y sincera en una ficción de Disney.

La compañía del ratón, que compró Pixar en 2006, siempre se ha mostrado reticente a la asunción de narrativas abiertamente sociopolíticas, aunque sus películas no estén ni mucho menos exentas de ofrecer lecturas en este sentido. Lo LGTBIQ, sin ir más lejos, lleva produciendo quebraderos de cabeza en los estudios mucho tiempo, y les ha granjeado más de un boicot.

Sin embargo, Pixar parece haberse mantenido al margen de las decisiones de su empresa matriz gracias a la serie Sparkshorts, con la que la factoría pretende descubrir a la industria nuevos talentos de la animación. Un proyecto que, en el fondo, está ofreciendo los productos más progresistas de la Disney actual. Una especie de Caballo de Troya en un gigante del entretenimiento.

PURL Y EL MACHISMO EN EL TRABAJO

Purl es un joven (un ovillo rosa, más bien) que acaba de entrar en una empresa de inversiones 100 por ciento masculina y masculinizada. B.R.O. Capital se sostiene y opera con mecánicas laborales asumidas como normales —el riesgo, la fraternidad superficial, la testosterona—, tras años de techo de cristal y puestos directivos en manos de hombres de negocios poderosos. Así que durante los primeros días se siente ferozmente excluido.

Pronto intenta encajar, hacerse pasar por una persona que no es, falsear su naturaleza en pos de la aceptación del círculo viril que lo rodea. Pero poco a poco, Purl se percata de que él no es el problema.

Kristen Lester, su autora, aborda con este cortometraje una temática de una complejidad absoluta en términos de lectura de género, pero lo hace con una claridad expositiva y un razonamiento lógico impecable con el que es dificilísimo no empatizar. Un ejercicio de clara posición política sobre el machismo y la exclusión en los ambientes laborales masculinizados que se torna aún más pertinente si se tiene en cuenta la historia reciente de la factoría.

El estudio no tiene un solo largometraje dirigido íntegramente por una mujer. Estuvo a punto de tenerlo cuando Brenda Chapman capitaneó Brave, pero la relegaron de sus funciones por denunciar que Disney estaba sexualizando el diseño de Mérida, su protagonista. Es más, la lectura de Purl se torna aún más peliaguda si tenemos en cuenta que el cortometraje nace en una factoría que apenas dos años antes había visto como uno de sus fundadores, John Lasseter, dimitía de su cargo acusado de acoso a sus empleadas.

Purl, por cierto, se puede ver gratis en Youtube, junto a otros cortometrajes de Sparkshorts como el genial Kitbull, o el bastante menos inspirado Smash & Grab.

LOOP, LA REPRESENTACIÓN Y LA INTEGRACIÓN

Más allá de la lógica patriarcal que impera en las producciones de Disney, y los físicos también heteronormativos que suelen poblar sus cintas animadas, Pixar lleva años trabajando la integración delante y detrás de la pantalla. Lo hace en distintos ámbitos: desde el punto de vista racial, por ejemplo, Coco se significó como una oda a la cultura mexicana en tiempos del muro de Trump, y fue la primera película del estudio dirigida por una persona racializada.

Con el discurso, la promoción y las entrevistas de Coco intentaban pasar página a otra polémica: la actriz y escritora Rashida Jones dejó de ser guionista de Toy Story 4 porque las mujeres y las personas de color no tenían “la misma voz creativa en el estudio”, según publicaba Variety.

Sin embargo, la integración y representación entendida en un sentido mucho más amplio, apuntando no solo al género y la raza, también hacia la inclusión narrativa de personajes con capacidades diferentes, es algo que parece aún muy lejos de conseguirse.

Pero ahí entra en juego Loop (Una vuelta), cortometraje dirigido por Erica Milsom, para la serie Sparkshorts, cuya protagonista es una joven autista. Nunca antes un personaje con transtorno del espectro autista, ni con ninguna afección parecida, había encarnado un papel tan importante en una ficción de Disney.

Loop (Una vuelta) narra la historia de dos jóvenes en un campamento de verano, que una tarde son obligados a compartir una canoa. Uno de ellos no sabe entenderse con el otro, porque nunca ha tratado con una persona con transtorno del espectro autista. Pero ambos llegarán a entenderse a través de un móvil, que emite un sonido repetitivo, y con el que pueden comunicarse. La integración, pues, habita el núcleo central de la trama. En este sentido también funciona Float (Vuela), otro cortometraje sobre la aceptación y la integración de las personas con capacidades. Ambos se pueden ver en Disney+.

OUT (SALIR) Y LA ARMARIZACIÓN

Como decíamos al principio, lo LGTBIQ le ha traído numerosos quebraderos de cabeza Disney. Hace cuatro años unos fotogramas de una pareja de lesbianas con un hijo adoptivo aparecidas en Buscando a Dory bastaron para que la compañía se enfrentase a grupos de presión ultracatólicos. En España, de hecho, HazteOír.org había lanzado por entonces una campaña contra “Un Disney de gays y lesbianas”, para evitar que Elsa, la protagonista de Frozen, fuese lesbiana. Al final, como vimos en la secuela, la joven no era homosexual —o seguía armarizada—.

¿Qué habría pasado si así fuese? En cuestión de representatividad podría haber sido un paso muy importante, pero en cuestión de cifras la respuesta la podemos encontrar en otro boicot: un personaje de Onward, el último largometraje de Pixar, afirmaba tener novia y eso era bastante para que la cinta fuese censurada en Rusia, donde casi 60 mil personas llamaban al boicot de la cinta por tacharla de “propaganda LGTB”.

Con todo, Out (Salir) es el primer cortometraje con un protagonista abiertamente gay de la historia de Disney. Y lo produce Pixar bajo el paraguas de los Sparkshorts. Sea una declaración de intenciones para con la empresa a la que pertenece el estudio, o bien simplemente un proyecto personal de Steven Clay Hunter, su creador, sin más vinculación ni solución de continuidad, no queda por menos que celebrar su mera existencia.

Lo cierto es que Out (Salir) es un cortometraje maravilloso: su tacto en el trato de su conflicto principal, la armarización del personaje protagonista, es solo uno de sus triunfos. La empatía que destila el tratamiento del conflicto maternofilial, el arrojo con el que se trata la falta de comunicación como problema esencial en el trato afectivo, y hasta una animación particularmente inspirada —bastante más evocadora que el hiperrealismo cartoon de Loop o Float, sin ir más lejos— se cuentan entre sus múltiples hallazgos.

Out (Salir) es la prueba de que el programa de nuevos talentos de Pixar tiene por delante un futuro prometedor. No es la primera vez que los cortometrajes devienen largometrajes en Disney: tal vez los Sparkshorts marquen la hoja de ruta de futuros proyectos que hablen de feminismo, inclusión, integración y representatividad. Que hablen, en definitiva, que apelen a todos y todas.

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