En un crematorio, Kevin Brooks aprendió sobre la aburrida realidad de la muerte. La experiencia le ayuda en su etapa como escritor. 

Ciudad de México, 3 de agosto (SinEmbargo).– Kevin Brooks, nacido en Inglaterra en 1959, ha trabajado en todo. Alguna vez vendió hot dogs en un zoológico de Londres; también fue asistente en un crematorio. Trató de ser estrella de rock, pero falló. Ahora dedica su vida a la escritura.

Su más reciente libro es Miedo, en el cual se narra la historia de Elliot, “un chico a quien le aterra casi todo. Desde el momento en que nació, su vida ha estado ligada a un miedo inexplicable hacia la mayoría de las cosas. Ahora, lo único que mantiene sus terrores a raya son las pastillas que toma diariamente”.

“Una noche, el chico se queda sin medicina, entonces su madre tiene que salir a la farmacia para surtir la receta. Parece que nada puede salir mal, sin embargo, después de un largo rato ella no regresa”. La mujer ha sido secuestrada.

En entrevista con Puntos y Comas, el autor habla sobre el miedo y su trabajo en el crematorio, el cual le enseñó lo aburrida que es la muerte. Además explica su relación con México. La charla se llevó a cabo gracias a una traductora.

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–¿Es más fácil escribir desde el miedo?

–Sí ayuda. Escribir es como una terapia que me ayuda a lidiar con los problemas. El miedo es uno de esos problemas.

–¿Nos puedes contar un poco sobre Elliot?

–Lo intentaré. Elliot es una versión exagerada de una parte de mí. Es un chavo con problemas, un niño con problemas. El libro trata sobre cómo Elliot vive con sus problemas.

–¿Por qué escribir sobre un secuestro?

–Yo sabía de qué quería que tratara la historia. Quería que Elliot cumpliera una misión. El secuestro permite que él salga de casa. También permite explorar la relación con su madre.

–¿Por qué no convertirte en una estrella de rock y sí en un novelista?

–Tenía la idea de que quería ser un rockstar, pero después quería ser un escritor. Quería ser las dos cosas. Me di cuenta que a cierta edad no lograba ser rockstar, pues tenía que dejarlo. Entiendo que es un negocio. No lo logré a cierta edad. Me convertí en escritor. Estoy cumpliendo una de las cosas que quería. No puedes tenerlo todo.

Kevin Brooks. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

–¿Cómo es trabajar en un crematorio? ¿Influye en la forma en la que escribes ahora?

–En realidad el trabajo en el crematorio era porque estaba buscando un trabajo para obtener dinero y dedicarme a la música y a la escritura. Aprendí sobre la aburrida realidad de la muerte. Junté experiencias que sí sirven ahora que soy escritor.

–¿Qué significa México para ti?

–Significa mucho para mí. La primera que vine fue hace 10 años. México me atrae, me jala a venir aquí. Tengo muchas memorias. Me siento muy feliz de que mis libros sean leídos en México. Sé que hay muchos problemas en México, problemas muy grandes. Para mí eso no cambia la manera en que me siento atraído a México.

–¿Desde el extranjero se relaciona a México con la palabra “miedo”?

–Tuve miedo la primera vez que estuve aquí. Estuve en Guadalajara. Recuerdo que estaba a las 2 de la mañana en un camino. Había unos cuates con unos trapos sobre las cabezas. Sentí miedo. Sólo estaban limpiando el camino. Ayer fui a Excélsior. Tienen una pared gigante. Había guardias de seguridad armados, con chalecos antibalas. Son las personas que más miedo me han provocado.

–¿Qué obstáculos has enfrentado como escritor?

–Escribir es maravilloso. Vivo haciendo lo que más me gusta. El problema es que vivo sólo de esto, de escribir. A veces tengo que hacer compromisos.

–¿Nos recomiendas algunos autores?

–Tom Winslow tiene una trilogía sobre los cárteles de la droga en México. Es fantástico e informativo. También ayuda a entender la relación entre México y Estados Unidos. Se ve cómo Estados unidos alimenta a los cárteles. Si no hubiera el consumo allá, los cárteles no tendrían mercado.

–¿Qué le dirías a alguien que tiene miedo de comenzar a escribir?

–Me cuesta trabajo contestar. Leer significa mucho para mí. No entiendo cómo alguien no puede disfrutar la lectura. Eso lo puedo relacionar con el miedo a escribir. El escritor tiene un bloqueo. Pero no es exclusivo de los escritores. Nos pasa a todos. Hay días en que no puedo escribir. Veo la escritura como un trabajo duro. Si escribes una oración, debes aceptar que es lo que pudiste dar ese día. Cuando trabajo en un libro nuevo, pienso que podría no ser tan bueno como el anterior. Hay que superar las dudas.

–Con información del Fondo de Cultura Económica.