Recolección de botellas de plástico. Foto: Crisanta Espinosa Aguilar, Cuartoscuro.

Ornela Garelli*

En los últimos años, a lo largo del mundo y en diversos estados de nuestro país se ha avanzado en la aprobación de modificaciones legislativas que buscan prohibir diversos artículos plásticos de un solo uso, como las bolsas de acarreo, los popotes, las botellas PET y los contenedores de unicel, entre otros. Algunos gobiernos y la ciudadanía han transitado un largo camino hacia una mayor concientización sobre los grandes impactos que los desechables generan en los ecosistemas y en las especies que los habitan, como es el caso de nuestros océanos.

Por ello, muchas y muchos han pasado a la acción para detener la contaminación plástica desde su raíz, es decir, desde la reducción, mediante las prohibiciones, del el consumo masivos de productos de este material diseñados para usarse por un par de minutos o unas cuantas veces y después desecharse, pero que permanecen en la naturaleza por hasta cientos de años. En esto estábamos cuando estalló la pandemia por COVID-19.

Esta determinación por cambiar el business as usual ha llevado a trastocar fuertes intereses de la industria del plástico, e industrias relacionadas como la refresquera, la alimenticia o la de los hidrocarburos, que vieron en las prohibiciones una amenaza para su negocio. Por ello, han visto en la pandemia la oportunidad perfecta para revertir las legislaciones de prohibición, intentando posicionar en la opinión pública a los plásticos desechables como los salvadores de la emergencia sanitaria, a la par en que han ejercido una fuerte presión sobre los gobiernos estatales de nuestro país para que reviertan o aplacen las prohibiciones ya aprobadas.

En este contexto, podemos ver distintas situaciones según el estado de que se trate. Por ejemplo, en la Ciudad de México las reformas legales se mantienen vigentes y la Secretaría de Medio Ambiente ha insistido en que no se dará marcha atrás. Por su parte, en estados como Chiapas y Sinaloa, las prohibiciones entraron en vigor en la fecha debida (junio y julio de 2020, respectivamente), a pesar de la presión directa del sector industrial. Mientras que en estados como Quintana Roo el gobierno concedió una prórroga que permite el uso de plásticos desechables debido a la emergencia sanitaria, a pesar de que la ley ya estaba en vigor y debía ampliarse a más productos en junio de este año. Así también, en gran parte de los estados del país, haya prohibición vigente o no, se ha registrado un aumento en el uso de desechables por la pandemia, particularmente en cuanto a recipientes para la comida a domicilio y las bolsas plásticas.

Si bien hay algunos retrocesos, también hay logros y resistencias ante los intereses económicos, por lo que es importante que los resaltemos para que se eviten posteriores reveses. Las y los ciudadanos tenemos un importante papel en esto, apoyando con el cumplimiento de las legislaciones, no pidiendo bolsas plásticas al hacer nuestras compras, llevando nuestras bolsas reusables, utilizando toppers para nuestros alimentos, en lugares de contenedores de unicel, y concientizando a los que nos rodean sobre la importancia de cuidar el planeta.

Cierto, los plásticos de un solo uso que se utilizan como insumos médicos son vitales para combatir la pandemia y garantizar la salud de la gente, pero no es el mismo caso con otros plásticos como los popotes, los contenedores de unicel, las bolsas de acarreo, etc., que pueden sustituirse fácilmente por opciones reutilizables. Expertos han indicado que las alternativas reusables (como bolsas lavables, recipientes durables, etc.) son seguras ante el COVID-19 si las lavamos adecuadamente, mientras que los desechables no garantizan higiene, ya que el plástico es el material donde más tiempo puede permanecer activo el SARS-COV-2.

Por todo esto, no hay razón suficiente para revertir las prohibiciones que con tanto esfuerzo ciudadano y de algunos sectores progresistas de los gobiernos se lograron aprobar. Las prohibiciones de plásticos desechables no afectan nuestra salud, la contaminación plástica sí.

*Ornela Garelli es especialista en consumo responsible y cambio climático en Greenpeace México