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Tomás Calvillo Unna

03/08/2022 - 12:05 am

El instinto se apropia del instante

“La tragicomedia que repite/ en todos los idiomas/ el guión nunca bien ponderado,/ que los dioses olvidaron/ en su fuga al más allá (…)”.

“Esa grieta metafísica”. Pintura: Tomás Calvillo Unna

I

El intento

por permanecer,

el instinto de sobrevivencia;

la memoria que resiste,

avisa y advierte;

la nostalgia que perdura

en la correa de transmisión

de las generaciones.

La escritura,

esa grieta metafísica,

que desafía la desaparición,

lo intenta

y por segundos, horas,

años, siglos, lo logra,

hasta borrarse

bajo el dolor oculto

de la indiferencia.

El escribir,

testarudo testamento

de cada día;

testigo de mil lenguas,

sus pasos firmes hacia el olvido;

frases galopando

entre los ejércitos petrificados

de la imaginación.

 

II

¿Para qué apuntar y recordar?

la persistencia de una voluntad

que busca sacudirse el tiempo

ante el inevitable desprendimiento,

carente ya de certeza alguna,

en la paradoja de la liberación íntima,

de cualquier pretensión:

la silenciosa conciencia

de la soledad de uno

que acalla el mundo propio

y ajeno,

en medio del ruido,

su avalancha de imágenes

y voces,

pretendidamente domadas

por algoritmos,

esa estrujante tentación

disfrazada de orden;

la vorágine que roe

los costados del día y la noche.

El desnudo instinto

apoderado del instante:

su reino, su dominio,

su alaraca…

III

El mundo político enardecido

en su caótico impulso,

el juego continuo

por encarnar el poder;

la hipnosis de su veneno:

el tiempo que cobra

tarde o temprano

cada descuido

de su engañosa potestad

Cruel espejismo de una pantomima

que desdeña la humilde certeza

de lo imponderable que habita

las entrañas del devenir.

La tragicomedia que repite

en todos los idiomas

el guión nunca bien ponderado,

que los dioses olvidaron

en su fuga al más allá,

abandonando los apolillados tronos

de la saqueada dimensión celeste.

IV

La orfandad de una civilización

que apuesta su alma a convertirla

en la imagen del espejo,

retocada y multiplicada

en su fugacidad ininteligible,

y venerada

en su locuaz desbordamiento.

Los graznidos de la confusión

no son un buen presagio.

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