“Nunca es fácil hacer una novela gráfica. Dibujar una autobiográfica, tan personal, lo es menos”, ha dicho Bef. De su pluma y de su corazón nació Habla María (Océano), un libro dedicado a su hija, diagnosticada con autismo, afiliándose a sus grandes amigos, Gusti y Miguel Gallardo, que ya hicieron sendos libros sobre el síndrome de down y el autismo.

Ciudad de México, 3 de noviembre (SinEmbargo).- Mallko y papá, un libro de Gusti Rosemffet sobre la aceptación y el síndrome de down y María cumple 20 años, de Miguel y María Gallardo, sobre el autismo, demuestran lo mucho que se ha avanzado sobre el tema de las disfunciones infantiles.

Tal como dijera recientemente Laura Santullo en su novela El otro Tom, no existe un niño igual al otro y deberíamos no etiquetar las diferentes formas de comunicarse de los pequeños y tratar de entenderlos más allá de lo que diga “la ciencia”.

En Habla María (Océano), Bef se traduce como padre que no entiende y como padre que va cometiendo errores hasta que llega la diagnosis con autismo, viene el primer golpe y a partir de allí descubrir a la niña, quien en la imaginación de Bef encuentra formas para adaptarse, para disfrutar la vida y para relacionarse con ella misma y con los demás.

“Bef describe a su hija, con el amor de un padre y también con el ejercicio de observación del novelista, como un instrumento musical desconocido que sólo hay que aprender a escuchar”, dice la editorial, en un trabajo como todos los de nuestro gran artista del cómic: con honestidad y pasión.

Un cómic distinto en la carrera de Bef. Foto: Especial

Bernardo Fernández, Bef es novelista gráfico y no gráfico. Miembro de una generación de narradores que legitimaron la ciencia ficción, el género policiaco y los cómics, es pionero y gran impulsor de la novela gráfica en México. Ha publicado los álbumes Espiral, La calavera de cristal (en coautoría con Juan Villoro), Uncle Bill y El instante amarillo, así como las compilaciones de historietas breves Monorama 1 y 2 y el libro de humor gráfico ¡Cielos, mi marido!

–¿Fue Miguel Gallardo, el dibujante español, quien te influyó para hacer este libro?

–Fue una cosa conjunta, un día en la FIL de Guadalajara nos juntaron a Gusti, a Gallardo y a mí. Ellos han hecho cómics sobre sus respectivos hijos y sus retos. A la hora de hacer ese libro, si pensaba que iba a copiar algo de sus libros, no lo hubiera hecho. Analizando el tema, Gusti lo platica un poco más, pero no es el momento central el momento en que recibes el diagnóstico. Sentía que faltaba eso. Desde luego que Miguel es un referente. Son dos generaciones distintas de María, distintos tipos de autismo. No era lo mismo ser diagnosticada hace 20 años, que hace 7. María Fernanda le hicieron el diagnóstico a los 2 años.

–¿Crees que alguna vez se va a curar el autismo?

–Es muy importante enfatizar que no tiene cura porque no es una enfermedad. Creo que será posible saber cuál es su origen, se pueda prevenir y que haya mejores estrategias para que las personas con la condición lleven una vida lo más normal posible.

–¿Por qué tanta culpabilidad en ti si el diagnóstico de María fue tan temprano?

–Porque en ese momento yo sentía que había sido un estúpido cromosoma. Ahora sé que no hay manera de saber, qué causó que María tenga autismo. Al hacer el libro funcionó como una especie de diván dibujado. Para mí fue un proceso de sanación. A pesar de ser ateo, seré católico toda mi vida, con esa culpa judeo-cristiana. Me queda claro que es la vida. Como buen obsesivo siempre ando cargando con todo, pero me queda claro que eso era algo que estaba más allá de mi control. Ahora, justo ayer, me habló una ex compañera de trabajo y me dice que no sabía nada de mi hija. Me dijo: Lo siento mucho. Yo le contesté no hay por qué sentirlo, lo vivo con mucha tranquilidad y con mucha luz. En el momento que llegó el diagnóstico era una tragedia y ahora sólo es la vida.

–Hace poco hice una entrevista a la escritora Laura Santullo y me decía que las enfermedades mentales las padecemos casi todos, en mayor o menor grado

–Totalmente. Hay que dejar de poner estigmas a los niños y a la gente mayor también. Desde la depresión, las adicciones, todas las manifestaciones de la enfermedad mental están cargadas de estigmas espantosos. Si no tuviéramos ese pudor hacia la enfermedad se hubieran evitado los asesinatos de Ecatepec. Cuando ya tienes la enfermedad mental lo que tienes es tratar de aprender a vivir con ella y bien.

Bef, una de nuestras grandes figuras del cómic. Foto: Océano

–Todos los niños son clasificables e inclasificados

–El sistema educativo es heredero de la Revolución Industrial. El proceso educativo necesitaba unificar procesos para la industrialización de hace dos siglos. Un modelo caduco que sirvió para esa época, hacer tornillos que encajaran en las piezas. Hoy la diversidad es muy grande y como un reto social debemos integrarla. No hemos sido tan rápido como deberíamos. Somos muy diferentes. Tenemos un sistema educativo antiguo. Uno de mis profesores decía que el examen era una herramienta muy pobre, pero es lo que tenemos a la hora de dar educación.

­–En el libro hablas de la belleza del autismo

–Hay un aire que tienen las personas con autismo, una belleza gélida, como ausente. Soy enemigo de decir que son angelitos, son personas, pero me encanta esa belleza gélida como de Hollywood viejo.

–¿Cómo es ahora la relación con María?

–Linda. Estamos en un momento muy padre, vivo muy cerca de ella, a una cuadra, llega en la tarde, se lleva muy bien con la hermanita, dibujamos juntos. No sé cómo será la adolescencia, pero por ahora las cosas van muy bien.

–María dibuja

–Dibuja y modela en plastilina, son cosas que le causan mucho placer, les permite estar muy tranquila, dibuja mucho mejor que yo a su edad. Tiene una sensibilidad para la forma muy refinada. Es de buena mano y me da mucho gusto. No espero nada del futuro de María, lo único que quiero es que sea feliz. Va a disfrutar de dibujar toda su vida.

–La palabra futuro aparece una y otra vez en el libro

–Es una obsesión para mí. Me llevo con esa palabra como si fuera a Alcohólicos Anónimos. Un día a la vez. Mi amigo Gilberto Prado Galán, un escritor palindromista, tiene una cuenta de twitter donde siempre sube palíndromas y comienza diciendo: Dame, Señor, alegría para escalar la cumbre de este día. Creo que es así, hay que tener alegría, una a la vez. No sé cuántos años vamos a vivir, pero tener esta alegría para que ella sea feliz cada día.

–Tampoco crees en la gente, te dijeron cosas horrorosas

–Quiero pensar que todos fueron bienintencionados. No guardo rencor, no me enfrenté a la maldad ahí. Eran cosas que te decían desde la ignorancia, algo que yo también tenía antes de meterme en este tema. La ignorancia es el peor enemigo de toda forma de discapacidad. El gran reto de María es la comida, come tres o cuatro cositas, muy específicas. Si no las tiene, puede pasarse varios días sin comer. Ella vio el libro y le encanta que la dibuje. Le da como emoción. Yo la dibujo todo el tiempo.