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Sumergidos en la sociedad del espectáculo que define la vida moderna, con más frecuencia de la deseable, los medios de información nos entretenemos en notas banales e intrascendentes mientras que otras historias que merecerían ser titulares, pasan a interiores y desapercibidas.

La distribución de la riqueza que produce una sociedad siempre debería ser una nota de primera plana. Y todavía más si lo que se está contando es que nunca México había sido un país tan desigual, como ahora, después de 30 años de políticas neoliberales.

La investigadora Norma Samaniego Breach, tiene años estudiando la distribución de la renta en México y comparándola con la repartición de la riqueza en otros países.

Su hallazgo más reciente es que el reparto de la riqueza es la más desigual en la historia reciente, pues el total de salarios recibidos por los trabajadores mexicanos representó 26.2 por ciento del producto interno bruto (PIB), en tanto que 73.8 por ciento, corresponde a la remuneración del capital, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), con cifras de 2017, las más actualizadas hasta ahora.

Samaniego Breach sostiene que “Se trata de la distribución más desigual en el último medio siglo. Los mejores años fueron los de mitad de la década de los 70 del siglo pasado. Entonces, los salarios representaban 40 por ciento del PIB y el resto correspondió a las ganancias del capital” (https://www.jornada.com.mx/ultimas/economia/2019/10/21/la-distribucion-del-ingreso-la-mas-desigual-en-la-historia-6426.html). En un estudio publicado en la Cepal en noviembre de 2014, la investigadora sostiene que la participación del trabajo en la renta nacional en México es la más baja de todos los países de la OCDE y la de otros países.

Países más desarrollados, como Dinamarca, Francia o Suiza tenían hasta 60 por ciento de la riqueza al capital, el doble de México. Pero incluso comparados con países de desarrollo semejante, la proporción de la riqueza para los trabajadores es menor en nuestro país. “A nivel internacional, la proporción de las remuneraciones al trabajo asalariado en el valor agregado era en México en 2012 la más baja entre 31 países incluidos en la base de datos de la OCDE (OECD.Stat, 2014), que incluía a algunos países no miembros. Era casi 10 puntos porcentuales inferior a las de Chile o Grecia y cerca de 18 puntos más baja que la de China” (Norma Samaniego Breach, “La participación del trabajo en el ingreso nacional”, Cepal, noviembre 2014).

No siempre fue así. Tres décadas atrás el trabajo tenía 42 por ciento del PIB y el capital poco menos de la mitad: 48 por ciento.

Justamente la aplicación de una doctrina neoliberal en México propició esta drástica redistribución de la riqueza, pero en perjuicio de la mayoría y a favor de las clases con más ingresos.

Lo que ocurrió en el periodo neoliberal fue una redistribución de la riqueza de manera masiva hacia las capas más altas, como pocas veces ha ocurrido en la historia del país. Esta redistribución ocurrió tanto por la política de contención salarial que implicó una expropiación de la riqueza de los trabajadores, por el ataque y despojo a la propiedad social de la tierra y por explotación de los bienes comunes que fueron privatizados de manera masiva.

No por casualidad, el periodo de los salarios más bajos para la clase trabajadora, la pérdida de prestaciones y derechos laborales y el avance del despojo y el extractivismo coincide con el crecimiento de los ingresos del primer decil y especialmente de una minoría híper enriquecida por las políticas neoliberales que afectan a la mayoría de la sociedad. Antes de las políticas neoliberales los ricos mexicanos no aparecían en la lista de billonarios de la revista Forbes.

En este año aparecen 17 mega millonarios mexicanos todos con fortunas mayores a los mil millones de dólares (mdd), encabezados por Carlos Slim con una fortuna de 64 mil mdd.
La redistribución de la riqueza en México durante el periodo neoliberal es tal magnitud que algunos especialistas, la comparan con el periodo porfirista. “Con Porfirio Díaz el 95 por ciento de la población era pobre. En 1981 había bajado a poco más del 40 por ciento. Actualmente es de 85 por ciento”, dijo el doctor José Luis Calva Téllez de la UNAM, a la revista Contralínea en 2015.

El neoliberalismo, que no es sólo un conjunto de políticas económicas, llegó a destruir la sociedad mexicana, como escribió la doctora Asa Cristina Laurell en un ensayo publicado en 2015 en Revista Internacional de Servicios de Salud: “La razón de esta interpretación es que la adopción del ajuste fiscal y de reformas estructurales ha destruido la estructura productiva industrial y agrícola del país, así como sus instituciones sociales públicas”. Y una de las consecuencias más dramáticas y lacerantes del periodo neoliberal, es la creciente concentración de la riqueza y aumento de la pobreza.

La desigualdad en México es ahora la más injusta de la historia reciente. La opulencia de los ricos y la miseria de los pobres es injusta e inmoral. Es intolerable y será sin duda un motor de conflicto político para tratar de terminarla.