Similar discurso pretendidamente ciudadano es el que ensayan la y los candidatos independientes a la Presidencia. Foto: Misael Valtierra, Cuartoscuro

Inicia el 2018 en un contexto en diversas fuerzas sociales y políticas irrumpen el espacio público en forma contradictoria. El PRI y sus aliados del PAN acabaron en brazos de las fuerzas armadas imponiendo la Ley de Seguridad Nacional a pesar de la indignación nacional, la opinión de académicos y organizaciones sociales, las posturas de la CNDH y el INAI y la unánime preocupación de los organismos internacionales de derechos humanos.

Su flamante candidato José Meade, se ha colocado claramente en la tradición del autoritarismo prista al defender la ley y la militarización de la seguridad pública. En una línea desesperada el Frente que se dice “ciudadano”, ha reclutado a parte de la clase política que está en peligro de extinción por el juego al que se prestaron con el PRI en los últimos años, mismo que les desdibujó, perdiendo su identidad y con ello su  base política.

Anaya, Mancera y lo que resta del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano intentarán este año su mejor actuación en el papel que no lograron demostrar mientras gobernaron, algunos personajes de sociedad civil vieron en este frente una posibilidad de incidir, el tiempo les mostrará lo contrario.

Similar discurso pretendidamente ciudadano es el que ensayan la y los candidatos independientes a la Presidencia. Sin rubor Margarita Zavala se dice ciudadana y habla de seguridad y justicia, casi en la proporción que calló y avaló a Felipe Calderón en su política de militarización y en la tragedia de Guardería ABC, por poner dos ejemplos.

En otro sentido político se encuentran movimientos nacionales y locales transformadores. La presencia de Marichuy por ejemplo, es por si solo un cambio que irrumpe positivamente en el escenario político con el bagaje de la lucha zapatista. “Nuestra idea es echarles a perder la fiesta” le oí decir. De entrada escucharla no aburre, logra simpatías  y nos recuerda que la injusticia está incrustada incluso en las formas de representación y en los procedimientos electorales.  A pesar de tener todo en contra, su buen ánimo contagia y su causa es acompañada por cientos o miles de personas en todo el país.

Varios son los ejemplos de esfuerzos alternativos y verdaderamente independientes de participación política y/o electoral a lo largo del país, destaco aquí  el movimiento www.vamosaremplazarles.mx dónde participan Juanita Delgado, Pedro Kumamoto, Susana Ochoa y Rodrígo Cornejo por citar solo cuatro de los cientos de jóvenes que aspiran a la representación federal y estatal en Jalisco. Si uno los sigue detenidamente apreciará la diferencia entre decir y prometer y creer y practicar las ideas políticas.

Por supuesto Morena es un movimiento nacional fundamental para entender lo que este año nos espera. Aclaro que voté y llamé a votar por Andrés Manuel en la pasada elección. También aclaro que no ocupo, ni he ocupado algún cargo o candidatura en ese partido. Conozco y respeto a muchas personas que militan, así como considero que algunos de sus militantes son nefastos ejemplos de lo que buscan combatir. Algunos deberían ser juzgados por delitos cometidos en el pasado, como Manuel Bartlett, otros representan prístinamente la tradición corrupta de la política mexicana como Lino Korrodi, Esteban Moctezuma o Víctor Hugo Romo. Tampoco se entiende la alianza con Encuentro Social partido que abandera las causas más conservadoras y retrógradas de la política mexicana.

Una valoración de Morena solo por estás dudosas incorporaciones sería limitada. Veo con agrado que muchas personas de la sociedad han decidido incorporarse con el potencial de renovar la representación en muchos estados del país. Susana Harp y León Larregui en los últimos meses, pero existen casos menos conocidos como el de Jorge Velasco Rocha en Colima, que se incorporó desde el inicio. Su trayectoria y consistencia política de izquierda representan una buena señal.

En los últimos años, Morena se ha apuntalado con sus posiciones políticas y legislativas frente a la privatización de los recursos nacionales y  la militarización como ejemplos. En el balance yo creo que  Morena es actualmente un movimiento que puede transformar de forma importante,  la política mexicana de forma positiva.

El lugar común de juzgar a Morena por los errores de Andrés Manuel o por la caracterizaciones infundadas que el PAN y PRI impulsan sobre él, ya no está funcionando desde. El hartazgo por la corrupción y la violencia han hecho que millones de mexicanas y mexicanos lo coloquen actualmente como la principal opción electoral.

Quienes se han tomado la molestia de leerme alguna vez podría sorprenderles el carácter marcadamente partidista de estas líneas. Lo es. Creo que Morena vale la pena como movimiento. Siempre he creído que es importante tener un postura política ya que no tenerla significa apoyar el estatus quo autoritario. Esto no significa obediencia o defensa ciega de un proyecto lleno de contradicciones.  Morena no solo enfrentará la maquinaria del sistema una vez más, también tendrá que consolidar su presencia entre quienes no se identifican con algún partido pero que detestan la corrupción, todo esto sin dejar de ser efectivos electoralmente hablando cuidando de no perder su característica transformadora.

Precisamente escribí  lo anterior porque eventuales candidaturas, como la de Francisco Chiguil, representan, no solo una nula voluntad de transformar sino una bofetada a las víctimas de la corrupción. Francisco Chiguil es responsable directo de la tragedia del New’s Divine. Mi amigo Daniel Gershenson ha escrito una demoledora columna recordándonos la responsabilidad y la criminal actuación de Chiguil hace 10 años, pueden leerla aquí.

Me preocupa que Morena impulse a Chiguil sobre todo teniendo en cuenta la propuesta que Andrés Manuel sobre discutir una amnistía a criminales como salida a la violencia. Discutir posibilidades así parezcan extrañas, es saludable y forma parte del cambio democrático. No obstante  la amnistía a criminales puede representar una ofensa a decenas de miles de víctimas a lo largo de México y por lo tanto una muy mala decisión política.

La crítica de Javier Sicilia a la amnistía que propone Andrés Manuel es legítima y debe ser recibida con apertura. Si Javier alguna vez declaró algo similar también lo hizo con ligereza. La salida a la violencia no pasa decisiones ejecutivas sino por un sistema de justicia. La experiencia latinoamericana (y de la historia contemporánea) demuestra que la amnistía a delincuentes que operan, desde el Estado o por su omisión fracasa, ya que valida delitos graves o de lesa humanidad cuyas heridas tarde o temprano regresan partiendo a la sociedad. Las amnistías que han funcionado en nuestra historia son aquellas que han sido dirigidas a grupos o movimientos, que enarbolando causas ideológicas o sociales, se enfrentaron a gobiernos autoritarios.

Dicho lo anterior sostener a Chiguil sería como hacer válida la citada amnistía incluso antes de discutirla. Espero que Morena corrija pronto. Es propio de los movimientos que han sido perseguidos y acorralados que vean la crítica como parte de las fuerzas represoras. Creo que Morena debe mostrar madurez para escuchar, dialogar con sus críticos y eventualmente corregir. Además de fortalecerle eso sería una clara seña de madurez para gobernar.

Las decisiones electorales, como casi todas las decisiones en nuestras vidas, no son decisiones ideales sino prácticas. Al no tener la oportunidad de tomar la mayoría de las decisiones políticas que nos afectan, no debemos olvidar que conservamos aún la decisión más importante. La de no votar por los corruptos.

Así 2018, es nuestra decisión.