Tal vez Bolaño no pudo explicar la barbarie que atestiguaba, sino a través de la figura del Anticristo, cuyo sello aparece en los basureros de la ficticia ciudad de Santa Teresa, al igual que en la ciudad real que inspiró la novela 2666: Ciudad Juárez.

En las dos partes de este ensayo, he desarrollado la idea acerca de una idolatría y el pensamiento misógino implícita en una creencia, idea que considera que los preceptos bíblicos influyen en una forma de pensar que define, somete, juzga y condena a la mujer a un infierno en vida.

Por Jesús Armando Molina Barraza

Ciudad Juárez, Chihuahua, 4 de enero (JuaritosLiterario).- La Biblia es el texto sagrado de las religiones judeocristianas; se compone por el Antiguo y el Nuevo Testamento, cuyo canon fue instaurado en el año 382 por el Papa San Dámaso I. Algunos de los textos de esa primera parte son testimonios de una misoginia evidente:

“Cuando vayas a la guerra contra tus enemigos, y Yavé, tu Dios, te los entregue, si ves entre las cautivas a una mujer hermosa, te enamoras de ella y quieres hacerla tu esposa, la llevarás a tu casa: primero se rapará la cabeza y se cortará las uñas; durante un mes hará duelo por su padre y su madre, después de lo cual te juntarás con ella y tú serás su marido y ella tu esposa” (Deuteronomio 21:10-14).

Y más adelante, se recomienda que, “si es verdad lo que el hombre dice, y no aparecen las pruebas de su virginidad, entonces la sacarás a la puerta de la casa de su padre y morirá apedreada por el pueblo, por haber cometido una infamia en Israel, prostituyéndose mientras todavía estaba en la casa de su padre. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti” (Deuteronomio 22:20, 21).

“CD. JUÁREZ: LA BIBLIA ES LA VERDAD, LEELA”: Mensaje monumental inscrito con piedras y cal en el Cerro Bola de Ciudad Juárez. Foto: Especial

Los casos también contemplan la violencia física: “Si un hombre encuentra a una joven virgen, no prometida en matrimonio a otro hombre, y aquel a la fuerza la viola y luego son sorprendidos, el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta monedas de plata, y la tomará por esposa, ya que la deshonró, y no podrá repudiarla en toda su vida” (Deuteronomio 22: 28, 29).

Dios, Jehová o Yavé dijo: “Esto es lo que harán: «Maten a todo varón y a toda mujer que haya tenido relaciones con un hombre, pero dejen con vida a las niñas». Así lo hicieron” (Jueces 20:11).

Aunque su carácter histórico se encuentre tan alejado del tiempo y el espacio tanto de de Ciudad Juárez, como de la Santa Teresa ficticia de Bolaño, es curioso cómo la moralidad religiosa parece replicarse en las declaraciones como la del entonces candidato, y a la postre Gobernador de Chihuahua, Patricio Martínez: “Bueno, estas mujeres, no venían precisamente de misa cuando fueron atacadas” (2009).

RELIGIÓN Y ESTADO

“Así que yo daré sus mujeres a otros, sus campos a nuevos propietarios” (Jeremías 8:10).

Muchos son los países cuya política es regida por preceptos religiosos, lo cual transforma a la ideología en una religión de Estado, una teocracia. En cerca de treinta naciones se practica la mutilación genital o ablación a niñas menores de un año. En tanto, en estados musulmanes se castiga con azotes a las mujeres que transgreden leyes religiosas, mientras que en otros países se obliga a menores de edad a casarse con adultos.

Esta brevísima enumeración de casos contemporáneos en donde la política y/o la religión vuelven a la misoginia ley y cuestión de Estado puede parecer distante, ajena a toda realidad de Occidente. Sin embargo, el golpe de estado en Bolivia, por miembros de ultraderecha y la milicia, que regresó a la Biblia a la casa de gobierno, nos muestra que no estamos tan alejados de una realidad aplastante en la que las mujeres son privadas de su libertad, humilladas, violentadas, mutiladas y asesinadas por el simple hecho de ser mujeres.

En Nuevo León, por ejemplo, se sigue castigando con cárcel a mujeres que interrumpen su embarazo. Además, es válido preguntar si gobiernos como el de Chihuahua no está fallando al sexo femenino al registrar casos de embarazo de niñas cuyas edades permean entre los 10 y los 14 años. Lidia Cordero, directora de Casa Amiga Esther Chávez Cano, declaró a El Diario de Ciudad Juárez el pasado noviembre:

“El tema de la prevención sigue pendiente, no ha llegado a tocar profundas estructuras sociales y sigue habiendo muchos mitos alrededor de la perspectiva de género, se cree que al darles educación sexual integral a los niños se les está enseñando cómo tener relaciones, entonces hay un mito, alrededor de eso y la prevención a veces tarda en avanzar”.

En tanto, la ONU registra entre 9 y 10 mujeres asesinadas cada día. No existe posibilidad alguna de que se justifique su depredación por circunstancia, fama o reputación. El trance de violencia contra la mujer en Ciudad Juárez no puede disculparse de manera alguna y no puede olvidarse por ningún motivo.

EL ANTICRISTO

Cathy Fourez, en su capítulo incluido en Los imaginarios apocalípticos en la literatura hispanoamericana contemporánea (2010), describe “La parte de los crímenes” de 2666 como una sección “Hilvanada con ricas visiones simbólicas y escatológicas”.

Esta pequeña novela, dentro de la magna obra de Bolaño, “presagia la inminencia del fin de los tiempos capitaneado por las fuerzas diabólicas antes de que triunfe el regreso glorioso de Cristo en la eterna Paz de la Jerusalén celeste; ‘666’ es el número que menciona el apóstol para designar el imperio del instrumento de Satán, es decir el de la Bestia, del Anticristo, del Símbolo del Mal.”

Si bien el narrador chileno no hace mención específica de una aparición demoniaca a la manera de los primeros misioneros del siglo XVI en las exploraciones de las tierras septentrionales de la Nueva España, ni realiza una explicación per se del motivo del título de su obra, el lector intuye que se trata de una cifra apocalíptica y escatológica, de un lugar plagado de muerte y desolación.

Tal vez Bolaño no pudo encontrar otra razón para explicar los actos de barbarie que atestiguaba, sino a través de la figura del Anticristo, cuyo sello aparece en los basureros de Santa Teresa, al igual que en la ciudad real que inspiró la novela: Juárez, la cual vive bajo los preceptos de una inscripción espectacular que invita a la lectura bíblica como fuente de La Verdad.

Entonces, si la Biblia es fuente de verdad, ¿podría un creyente tomarla al pie de la letra y cosificar a la mujer como botín de guerra o condenarla a muerte por razones de su sexualidad? Después de todo, se cree que el mensaje espectacular será leído por el Anticristo y aquellos que no sean salvados por Cristo.

En las dos partes de este ensayo, he desarrollado una idea sobre la personificación de una idolatría, sobre el pensamiento misógino que implica una creencia de tal magnitud, una idea que, si bien no busca de ningún modo indagar sobre posibles motivos religiosos de los feminicidios, sí considera que sus preceptos bíblicos influyen en una forma de pensar que define, somete, juzga y condena a la mujer a un infierno en vida.

Mark Twain opina en Reflexiones contra la religión (1906) acerca del Dios cruel del Antiguo Testamento y lo compara con la deidad encarnada en el Nuevo, Jesucristo: “Creo que es infinitamente más merecedor de respeto que Su yo reformado, tal como lo describe, con todo su candor, el Nuevo Testamento. Nada hay en la historia –ni en toda Su historia junta– que remotamente se acerque a la atrocidad de la invención del Infierno”.

¿Cuántas atrocidades se cometieron contra el género femenino en nombre del Dios del Antiguo Testamento? ¿Cuántas se cometieron en contra de mujeres y niñas por supuestamente servir al Anticristo? ¿Cuántas se siguen cometiendo? ¿Cuál es la verdad que se debe leerse en la Biblia?