Todos los vecinos coinciden en que era seguro que este momento pasaría; en que los rumores y los chistes sobre la corrupción que rodearon la construcción de la Línea 12 del Metro no eran sólo eso, sino una realidad que vieron y en la que viajaron día a día.

Ciudad de México, 4 de mayo (SinEmbargo).- La señora María Esther López Morán cuenta que ayer por la noche, al bajar del microbús y a punto de subir a la estación de Metro Olivos, tuvo un antojo de tacos. Hizo caso al gusto y lo que pasó después fue un ruido estruendoso y luego gente corriendo y gritando. El Metro había colapsado.

La suerte de la señora María Esther es la de mucha gente que está en la calle expectante de las labores de los bomberos por retirar el tren partido en dos; de los que toman fotos con sus celulares y de las personas que caminan para abordar los camiones y apenas voltean a ver el vagón en el que quizás alguna vez viajaron.

Es la suerte de todos ellos porque comentan a la prensa que ese es su transporte de diario, como lo es para millones de capitalinos que lo usan, aún en pandemia, para ir a trabajar y volver a casa en el último tren del día.

Además de esa coincidencia hay otra más y la misma señora María Esther la resume: “las fallas en la estructura elevada eran evidentes desde hace mucho tiempo”, entonces ¿por qué usar así un transporte? “la necesidad”, reconoce.

En frente del tren colapsado hay gritos de justicia y de enojo y se repite constantemente el “ya sabían que la Línea estaba mal” y esa acusación recae sobre dos hombres: Marcelo Ebrard Casaubón y Miguel Ángel Mancera, ambos exjefes de Gobierno.

Grúas trabajan en la zona cero de la Línea 12 para remover los trenes que colapsaron. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

La Guardia Nacional resguardando la zona. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

“Es un transporte que todos ocupamos. En este punto ya habían arreglado por un problema de las vías. Pero yo no digo que es culpa del Gobierno, porque yo hago cancelería de aluminio y si tú me mandas a hacer una ventana y queda mal yo tengo la culpa, ¿no?”, comenta Juan Martínez, que muestra las fotografías de las fallas en su celular.

El tramo que comprende las estaciones Olivos-Nopalera recibió mantenimiento hace apenas cuatro años, a raíz del sismo de septiembre de 2017. Esta acción tuvo un costo de 15 millones de pesos y la realizaron las empresas Carso, Construcción de Obras para el Transporte, Colinas de Buen, T.S.O y Systra, que participaron en la construcción de la ruta.

Pero incluso después de eso los vecinos denunciaron en octubre de 2020, un desnivel en el tramo elevado y manifestaron su temor de un colapso, que finalmente ocurrió.

En frente del tren colapsado hay gritos de justicia y de enojo y se repite constantemente el “ya sabían que la Línea estaba mal”. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

Myriam Urzúa Venegas, Secretaria de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, informó este día por la tarde que subió a 24 el número de personas que perdieron la vida en el accidente. Cinco de las víctimas mortales han sido identificadas hasta ese momento. De los 24 fallecidos, 21 murieron en el lugar y otros tres en el hospital.

“Para allá, para donde iba el Metro que es Tláhuac, pura gente humilde y a lo mejor porque eran humildes, no son nada para el Gobierno, pero para nosotros sí, eran nuestros hermanos, ciudadanos mexicanos que están protegidos por nuestras leyes. Lleva 12 años la Línea y luego recién inaugurada la cancelaron porque estaba mal y ahorita sabemos que este tramo estaba reforzado. Dijeron que podía seguir bien, pero ahí está la prueba, aún así no lo cancelaron, no lo pararon, no dijeron no porque se iba a morir la gente”, comentó Cristina Pérez, a unos metros del accidente.

Elementos de seguridad resguardan la zona de la Línea 12. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo.

Por la zona no deja de pasar gente que se detiene a ver y sigue su camino. Por la tarde, luego de librar la travesía del tráfico y el trabajo, verán que ya no está el tren, pero está la vía vencida hasta el piso. Y serán así los días hasta que vuelva a funcionar y volverán a usar ese transporte, porque para los habitantes de la zona es ya una costumbre abordar los vagones con la certeza de estar sobre algo que desde su nacimiento colecciona anomalías y ahora muertes.

María Esther recuerda que para la construcción ella estuvo reuniendo firmas de apoyo a la obra y que mucha gente no la quería; ahora sólo le queda el arrepentimiento.

“No se hizo como debe de ser. Ya sabíamos que estaba mal hecha, era pura tablaroca, no fue algo bueno. Se suspendió dos años y luego empezó a funcionar. Yo no entiendo por qué en su momento el Gobierno no la construyó bien, por no gastar. Me duele mucho todo, porque lo que vi ayer fue algo muy feo. Pensé en que tengo hijos y familia y pensé en las familias, toda la gente corría. Gracias a Dios no pasé por ahí porque se me antojó un taco y me tuve que pasar de pesero, pero estaba a punto de subirme a la estación, es mi transporte del diario. Las autoridades deben poner más atención a lo que hacen, y ver que esto no es un juego. Si quieren ser gobiernos hay que hacer las cosas bien, no solo es recibir dinero de uno, de nuestros impuestos”, cuenta.

El señor José Luis Magdaleno reafirma el punto: “Desde el inicio estuvo mal. Está muy frágil. A mí me sirve mucho el Metro, para ir al centro y todos lados, lástima que pasó esto. Es lamentable lo que pasó con los vecinos, que no se pueda localizar a gente. Las autoridades tienen que ponerse las pilas, esto lo tienen que arreglar desde Tláhuac hasta donde el Metro empieza subterráneo. Todo lo tienen que arreglar porque está igualito. Esto no puede pasar. Esta tragedia se veía venir, siempre que me subía, casi diario, se sentía”.