Nuestra invitación a los legisladores es para que México se posicione a la vanguardia mundial y prohíba estos artículos desechables desde su origen y no en la parte final de su vida útil. Foto: Cuartoscuro

Por Miguel Rivas

El próximo 5 de junio se conmemora el día mundial del medio ambiente y el día 8 el día mundial de los océanos, este año ambas fechas enmarcan iniciativas dirigidas a disminuir las más de 8 millones de toneladas de basura plástica que llegan a los océanos afectando seriamente la biodiversidad.

Recientemente la Unión Europea (UE) ha propuesto prohibir algunos utensilios plásticos de un sólo uso como las bolsas plásticas, los cotonetes y los popotes, entre otros. Esto con el objetivo de disminuir la cantidad de residuos plásticos y el grave impacto que tienen en el medio ambiente. Esta propuesta incluye que los países que son parte de la UE deberán recuperar al menos el 90% de los materiales que clasifiquen como plásticos de un sólo uso para el año 2025 ahorrando así 223 billones de euros en daños al medio ambiente para el 2030.

Si un organismo tan grande e influyente en el mundo cómo la Unión Europea está prohibiendo estos plásticos de usos efímeros y de perdurables consecuencias para el ambiente cabe preguntarse ¿Qué tan efectivas son estas prohibiciones? ¿Hacia dónde vamos en México?

Las prohibiciones son efectivas, de eso no cabe duda, en Chile por ejemplo acaban de prohibir las bolsas plásticas en una transición que debe durar un año para las grandes empresas y dos para los pequeños y medianos negocios. En Hawaii también están buscando alternativas para la reducción de basura plástica y recientemente Taiwán prohibió las bolsas plásticas para evitar el desecho de más de 16 millones de unidades diarias de estos utensilios. Así como ellos, muchos otros países o estados están prohibiendo plásticos de un solo uso.

Otros países han optado por los impuestos específicos, países como Israel disminuyeron el 50% de la cantidad de bolsas plásticas que van a dar al mar, y un 80% de su demanda con tan solo aplicar un costo adicional que no es traspasable a los productos y que debe ser pagado íntegramente por el consumidor final, este costo ayuda a desincentivar su uso.

En México vemos una tendencia hacia estas prohibiciones. En el estado de Quéretaro se prohibieron las bolsas plásticas en el año 2017 y algunos otros estados comienzan a sumar regulaciones. Recientemente Veracruz prohibió progresivamente las bolsas plásticas y los popotes con el propósito de disminuir el impacto de la polución plástica en sus costas. De esta forma esperamos que se vuelva una tendencia nacional y que muchos estados adopten estas medidas ya que el plástico nos vende una ilusión de comodidad que pagamos muy cara.

Lamentablemente a nivel federal no tenemos regulaciones efectivas que realmente quieran atacar la producción de plástico de un sólo uso. Por ejemplo, leyes como la de Responsabilidad Extendida al Productor que existen en países como Chile o Brasil, en México están ausentes. Y es que las corporaciones le han apostado al reciclaje y nos han convencido de que es nuestra responsabilidad hacer que el desecho llegue a un lugar idóneo para ser reciclado.

Nada más lejos de la realidad, el Tereftalato de polietileno (PET) es el material más reciclado por su alto valor en el mercado y apenas alcanza el 57% de reciclabilidad (2016), peor les va a otros como el Unicel, o estos envases de polipropileno PP que aunque lleven el triángulo de reciclable no existe interés del mercado por reciclarlos.

En México es necesaria una Ley de Responsabilidad Extendida al Productor que ponga las responsabilidades donde realmente deben estar, en quienes nos venden sus productos en el anaquel del supermercado y que no han reparado que antes de reciclar hay dos opciones más importantes Reducir y Reusar. Nuestra invitación a los legisladores es para que México se posicione a la vanguardia mundial y prohíba estos artículos desechables desde su origen y no en la parte final de su vida útil. Así, evitaremos la muerte de millones de animales marinos al año y prevenimos que ese mismo plástico que llega a nuestros océanos sea consumido por nosotros a través de los productos que vienen del mar.