Los primeros seis meses del Gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo en la Ciudad de México vinieron acompañados de resultados. Sin embargo, también destaparon debilidades operativas para dar resultados a corto plazo, en un entorno en que la delincuencia (+14%) y la violencia repuntaron (+28%); en que ya hubo una contingencia ambiental y en que la movilidad urbana es símbolo de dilación e ineficiencia.

Ciudad de México, 5 de junio (SinEmbargo).- Claudia Sheinbaum Pardo no puede resolver los problemas de la capital del país en seis meses de Gobierno. Pero su desempeño, hasta el momento, se ha visto contrariado por la crisis de problemas prioritarios que arrastra la Ciudad de México desde hace muchos años, como la seguridad pública, la contaminación y la movilidad urbana.

Desde que asumió funciones en diciembre pasado, la primera Jefa de Gobierno electa en la historia de la capital del país se ha enfrentado a una crisis de violencia sin precedentes, a una contingencia ambiental que la puso en entredicho, así como a problemas del sistema de transporte público del que, inclusive, se ha dicho que está “al borde del colapso”.

Sin embargo, las más recientes encuestas (El Financiero, El Universal y Reforma) plantean que Claudia Sheinbaum tuvo 57 por ciento de aprobación durante los primeros tres meses de su gestión. Una cantidad superior a los niveles de apoyo de algunos de sus antecesores durante el mismo periodo, como en los casos de Miguel Ángel Mancera Espinosa (53 por ciento en 2012) y Marcelo Ebrard Casaubon (50 por ciento en 2007).

Pese a los buenos niveles de apoyo y de confianza, las encuestas también revelaron que la ciudadanía no estuvo de acuerdo con el desempeño de Sheinbaum Pardo en materia de seguridad, contaminación y transporte público. En promedio, sólo el 24 por ciento de los encuestados calificó de “buenas” o “muy buenas” las acciones de la morenista en la materia.

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Este martes, Claudia Sheinbaum presentó su Plan de Movilidad capitalino. Ayer también dio a conocer los avances en la implementación de nuevas cámaras de video-vigilancia C5, que cuentan con Wifi, no tienen punto muerto y se localizan en las colonias más peligrosas. Foto: Victoria Valtierra, Agencia Cuartoscuro.

De acuerdo con el doctor José Fernández Santillán, el Gobierno de Sheinbaum ha demostrado “inoperancia” en sus estrategias, que no se justifican del todo por la herencia de problemas por parte de gobiernos anteriores. Al respecto, recordó que las administraciones perredistas “hicieron lo que pudieron” a pesar de que “los gobiernos federales priistas los ahorcaron presupuestalmente”.

Esto en un contexto en que la mandataria capitalina ha señalado que aunque han habido avances, el inicio de funciones fue “difícil” porque “se encontró una situación de mucho desorden en el gobierno”, con un déficit presupuestario de 2 mil millones de pesos y falta de protocolos y mecanismos para atender todas las demandas.

Para el investigador nacional nivel tres del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), más que un verdadero cambio, los primeros seis meses de Sheinbaum dejan entrever un “cambio cosmético” porque no hay una estrategia (práctica) bien definida, no cuenta con operadores diferentes a los perredistas que manejaron la ciudad desde 1994, además de sobre-depender del Gobierno federal para la implementación de algunas tácticas (como en el caso de la seguridad pública o de las contingencias ambientales).

Santillán también mencionó que a este Gobierno capitalino aún le hace falta pasar de los discursos a los resultados, no con promesas o señalamientos, pero sí con responsabilidad, inteligencia y objetivos concretos para que no sigamos padeciendo la “incompetencia” de las autoridades e instituciones.

En seis meses, no obstante, la mandataria también ha tenido aciertos que podrían generar impactos positivos a mediano y largo plazos.

Entre ellos están las audiencias matutinas con la ciudadanía (entre diciembre y marzo atendió a más de 2 mil 560 capitalinos), la reducción de trámites excesivos (como la renovación trimestral de actas de nacimiento para gestiones), la creación de centros comunitarios (los llamados “Pilares”), así como la instauración de las “fotocívicas”, la revisión a las anomalías inmobiliarias en la ciudad y la desaparición de los granaderos, además de los “Sábados de Tequio” (programa de mejora del entorno urbano).

Dichas acciones reflejan la intención del actual Gobierno para ampliar y fortalecer el diálogo con la ciudadanía, dirigir el gasto social a través de estrategias más allá de los subsidios, luchar en contra de la corrupción con medidas paralelas de austeridad y simplificación administrativa.

“Todos los inicios son complicados, son difíciles en términos de gestión pública. Y los problemas de una ciudad tan grande [como la capital del país] son complejos”, dijo a SinEmbargo el doctor David Morales González, académico de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con Morales, las medidas anunciadas y los planes estratégicos del Gobierno de Sheinbaum parecen ser adecuados, “pero hay que esperar a que cumplan con el objetivo para el que fueron planteados, cuyos resultados no los podemos ver a corto plazo, aunque sí a mediano plazo”.

El otrora funcionario de la Secretaría de Gobernación federal comentó en ese sentido que, a pesar de que en un inicio pareció haber un plan de acción “muy desordenado” con “poca capacidad para tomar decisiones propias”, como sucedió con la contingencia, la Jefa de Gobierno no tuvo resultados adecuados –como también le pasó a Mancera y Ebrard– porque hubo cambios de estrategia que, junto con la circunstancia, lo impidieron.

“Claudia Sheimbaum definitivamente quiere romper con esas estrategias que caracterizan a los gobiernos perredistas, con el sello de Morena y sobre todo, con una mayor coordinación con el Gobierno federal”. Para Morales, el gran reto de Sheinbaum será implementar y dar continuidad a los grandes proyectos, tanto a aquellos que heredó como aquellos que son novedosos, con un esquema “articulado e integrado”.

SEGURIDAD Y VIOLENCIA

Entre los años 2000 y 2018, la tasa de delitos (en general) por cada 100 mil habitantes repuntó en la capital del país en 1.6 por ciento anual, en promedio, según las cifras del Gobierno federal.

Aunque en ese mismo periodo la tasa de delitos de alto impacto (homicidios dolosos, robo con violencia, secuestro y extorsión) decayó a un ritmo proporcional de 1.7 por ciento anual, en el último año (2017-2018) repuntó 35.2 por ciento, de modo que el Gobierno pasado cerró con las peores cifras de violencia desde 2011.

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La crisis de violencia es aguda. El 10 de mayo pasado, cientos de madres y familias de víctimas de desaparición forzada, feminicidio y homicidio marcharon en la capital del país para exigir soluciones y justicia a los gobiernos local y federal. Foto: Andrea Murcia, Agencia Cuartoscuro.

En este contexto, el 20 de mayo pasado, la Jefa de Gobierno prometió que “a partir de junio o julio” la dinámica de inseguridad empezaría a cambiar en la Ciudad de México. Sin embargo, las primeras cifras de su administración describen una inclinación contraria.

Por un lado, la tendencia al alza de los delitos (en general) continuó durante los primeros cuatro meses de 2019, en que la tasa de crímenes registrados (910 por cada 100 mil) fue la más alta del primer cuatrimestre del año, en los últimos 19 años.

Por otra parte está la incidencia de crímenes de alto impacto. La comparación por cuatrimestres indica una tendencia al incremento a partir de 2015, de modo que la tasa de 2019 (160 por cada 100 mil) fue la más alta desde 2011, con un repunte de 28 por ciento en el último año.

Lo anterior implicaría que la comisión de delitos está volviendo a repuntar en la Ciudad de México, mientras que la violencia escala de manera paulatina.

Entre las principales estrategias de Sheinbaum para luchar contra el crimen y la violencia destacan la inversión en cámaras de seguridad y de alumbrado público, la implementación de un sistema de educación y formación integral de policías, la reinstauración de los cuadrantes y controles internos de las instituciones de seguridad, la creación de mapas de incidencia delictiva, así como la recuperación de la unidad de inteligencia financiera, la mejora de los espacios públicos y las reuniones diarias del gabinete de seguridad.

De acuerdo con el doctor José Fernández Santillán del ITESM, resolver el tema de las policías es prioritario, ya que en ellas “está infiltrado el narcotráfico y la delincuencia organizada”, hecho evidenciado con la detención de “El Tortas” y “El Jamón” en mayo pasado, en que las “fuerzas federales” asistieron, porque de otro modo, “las autoridades locales hubieran dado el pitazo” a los integrantes de la Unión Tepito.

En febrero de este año, el Gobierno capitalino incorporó a la Policía Preventiva a 3 mil 500 elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, con la finalidad de reforzar la vigilancia en las calles. Esto en la entidad que posee el mayor número de policías por habitante (4.2 por cada mil) y en que sólo el 45 por ciento de los efectivos tiene “competencias básicas aprobadas”, según las estadísticas (2018) de la Secretaría de Gobernación.

Pese a todo, el doctor David Morales González (UNAM) explicó que lo que “llama la atención” del Gobierno de Sheinbaum es la continuidad al “esquema de mando único” en coordinación con el Gobierno federal, con una táctica novedosa de seguridad pública, con trabajos de inteligencia, con operaciones por cuadrante, en cada una de las alcaldías.

MOVILIDAD

Entre 2000 y 2018, el registro de unidades de transporte del sistema de movilidad capitalina (autobuses, metro, tren ligero y trolebús) aumentó en cuatro por ciento, en promedio. Asimismo, su capacidad para transportar pasajeros repuntó en 17.3 puntos porcentuales.

En el caso del Metrobús, entre 2008 y 2018 tuvo 4.2 por ciento más unidades y triplicó la cantidad de pasajeros transportados por mes, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi).

Pese a la incorporación de unidades y el aumento en su uso, viajar en transporte público requiere más tiempo de traslado que con vehículos propios.

Las cifras del Gobierno capitalino refieren que “un viaje en metro implica 39 por ciento más tiempo en promedio que el viaje en automóvil particular”. Lo mismo sucede con el transporte colectivo (54), los autobuses suburbanos (33) y los RTP (22 por ciento adicional).

A esta desigualdad se suma la fragmentación y la falta de medios adecuados de transporte entre zonas urbanas y conurbadas, además del abandono de la infraestructura en transporte.

El Sistema de Transporte Colectivo Metro (STCM) estima que en la actualidad existen 101 (de 385) trenes fuera de servicio y el año pasado reportó al menos 22 mil 195 fallas en sus sistemas. Asimismo, los 300 trolebuses del Sistema de Transportes Eléctricos tienen más de 20 años en operación y sólo funciona el 63 por ciento de ellos.

A la par, la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) –aunque aumentó su flotilla– tiene el 27 por ciento de sus unidades fuera de operación; y el siete por ciento de las unidades del Metrobús están en mantenimiento y tienen “problemas de saturación”, de acuerdo con la información oficial.

Para revertir esta situación, Claudia Sheinbaum prometió regular y coordinar las ocho dependencias que administran el transporte y la vialidad capitalinos, modernizar el transporte concesionario a partir de acuerdos con los transportistas, dar mantenimiento y aumentar la infraestructura de comunicaciones y transportes, entre otros.

En sus primeros tres meses de Gobierno, la nueva administración inauguró dos trenes para la Línea 1 del metro, dio mantenimiento a 20 trenes adicionales, verificó cerca de 3 mil unidades de transporte concesionario (que derivó en 500 sanciones y 271 suspensiones), reincorporó 70 RTP’s, reactivó 10 unidades de trolebús y anunció que entre julio y diciembre cerrará cinco kilómetros del tramo Tasqueña-Estadio Azteca del tren ligero, para su mantenimiento.

A los problemas de infraestructura, se suman las tensiones entre transportistas y el Gobierno local, como en el caso de los taxistas que demandan un acuerdo para regular los servicios de transporte por aplicación electrónica (como Uber y Cabify, por ejemplo), o las disputas entre gremios sindicales al interior del STCM, con grupos que acusan “charrismo”, “corrupción” y “colusión política” para el control de plazas.

Mejorar la movilidad en la capital del país es un tema urgente. No sólo por las perdidas de productividad que implica dado que, “en promedio, una persona pierde tres horas al día en el traslado de su hogar a su centro de trabajo”, sino también por las pérdidas económicas coligadas a los traslados que, según las cifras oficiales, se comen el 25 por ciento de los ingresos de los capitalinos.

CONTAMINACIÓN

A mediados de mayo pasado, el Valle de México sufrió una crisis ambiental derivada de la contaminación por ozono y partículas PM 2.5. La situación se debió, entre otras cosas, a la cantidad de incendios ocurridos en ese momento.

Sheinbaum y el Gobierno federal fueron señalados como los principales responsables de la situación por dos principales razones: los recortes presupuestarios desmedidos a la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y la respuesta tardía en la implementación de protocolos por parte de la Jefa de Gobierno.

Por un lado, el presupuesto de la Conafor para este año fue 30.7 por ciento inferior al del año pasado, al pasar de 3.9 a 2.8 mil millones de pesos. Las medidas de austeridad, en ese sentido, tuvieron implicaciones negativas para la aplicación del programa de empleo temporal de la Comisión, encargado de contratar a personal dedicado al saneamiento forestal para la prevención de incendios.

Por otra parte, Sheinbaum fue criticada por tardarse dos días en informar a la población sobre la situación. Tres días después de la crisis, el día 13 de mayo, la Jefa de Gobierno justificó la falta de aplicación del programa de contingencia diciendo que “no hay protocolos” para partículas (PM2.5). Por ello, el 14 de mayo declaró un Plan de Contingencia Ambiental Extraordinario que fue tildado de “insuficiente e ineficaz”, por el escrutinio público, en redes sociales.

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Hace una semana, la concentración de partículas PM 2.5, que son las más nocivas para la salud según la OMS, llegó a los 150 puntos IMECA –es decir, a nivel “alto”– en al menos dos localidades del Valle de México. Foto: Isaac Esquivel, Agencia Cuartoscuro.

El problema no es menor. De acuerdo con los datos de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), el número de días limpios (con menos de 100 puntos IMECA de O3, SO2, NO2, CO, PM10 y PM2.5) en la zona centro del país (CMX, HID, MEX, MOR, PUE, QUE y TLA) decayó en 11 puntos porcentuales reales entre 2008 y 2018.

Las cifras de “IMECA Máximos Diarios” indican que, asimismo, la cantidad de días limpios en los primeros cinco meses de 2019 fue siete por ciento inferior a la del mismo periodo en 2008, aunque 43 por ciento superior a la del año pasado.

Lo anterior implica que a pesar de que la calidad del aire no ha sido estable, los resultados del último año han sido positivos, además de que la primera mitad de 2019 (70 días limpios) tiene los mejores resultados desde 2015 (73).

Sin embargo, la capital del país tiene gran incidencia en los niveles de contaminación registrados en la zona metropolitana del Valle de México (ZMVM).

De acuerdo con el Gobierno capitalino, la Ciudad de México contribuye en promedio con el 27.3 por ciento de los contaminantes en la ZMVM, donde los principales emisores de contaminación son los vehículos terrestres de transporte (41.6 por ciento), los hogares (12.5) y la industria (11), así como otras actividades relacionadas con la aviación, el ganado y la agricultura (34.8).

Más allá de la calidad del aire, otro de los principales indicadores de contaminación con efectos negativos directos para la población capitalina, es la calidad del agua superficial (ríos, arroyos, lagos, lagunas, presas y zonas costeras) de la ciudad que, según las cifras oficiales más actualizadas, fue a la baja entre 2003 y 2016.

En ese periodo, la variación anual del agua de “excelente calidad” disminuyó de manera proporcional y en promedio, a un ritmo anual de 6.2 por ciento. En cambio, las aguas de “buena” (+10.2%) y “aceptable” (+5.9%) calidades y aquellas “contaminadas”(+6.1%) y “fuertemente contaminadas” (+9.8%) aumentaron.

Esto implica que, por cada punto de reducción de las aguas de mayor calidad, hubo un repunte proporcional de 2.6 puntos en aguas de mediana y mala calidades.

Durante ese tiempo, también el suministro de agua desinfectada para consumo humano en la Ciudad de México decayó en 11.4 por ciento real, con una disminución de 3 mil 971 litros por segundo.

Según la Sedema, “las acciones de desinfección tienen como objetivo asegurar a la población acceso a agua de calidad bacteriológicamente apta para su consumo directo”, ya sea por medio de “operativos de cloración” o implementación de “equipos de desinfección”.

La dependencia federal asegura que, empero, las variaciones registradas son resultado “del crecimiento, ampliación o rehabilitación de los sistemas de agua potable, la actualización de las fuentes de abastecimiento, así como de acciones de eficiencia o, en algunos casos, tandeo de agua, que es común en varias ciudades capitales y cabeceras municipales”.