Los “portadores de larga distancia” de la COVID-19 han sufrido por uno, dos, tres y hasta más meses implacables oleadas de síntomas de debilidad y condiciones médicas que van más allá de la pérdida de los sentidos del olfato y del gusto, dice un texto publicado este jueves por The Atlantic, y escrito por el periodista científico Ed Yong. Pero además, afirma esta investigación, los también llamados “transportistas de largo plazo” se enfrentan a la incredulidad de los médicos e incluso de sus amigos.

Ciudad de México, 4 de junio (SinEmbargo).– La COVID-19 ha estado con nosotros desde hace seis meses y aún se sabe poco de la pandemia. Por ejemplo, una nueva investigación publicada en The Atlantic plantea que mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que 80 por ciento de las infecciones “son leves o asintomáticas” y los pacientes se recuperan en dos semanas, en promedio, grupos de apoyo en Slack y Facebook consignan que miles de personas han luchado con síntomas graves del virus al menos durante un mes, y otros miles más durante dos, tres o más meses.

El reportaje, escrito por Ed Yong, un periodista especializado en ciencia y quien ha sido colaborador de medios de comunicación especializados como Nature, New Scientist, Scientific American y Wired, entre otras, plantea que esas personas contagiadas se califican ya a sí mismos como pacientes “de largo plazo” o “transportistas de largo plazo”.

En el texto titulado “COVID-19 puede durar varios meses”, Yong describe que entrevistó a nueve de esos enfermos. La mayoría, dice, no fueron ingresados a terapia intensiva ni necesitaron un respirador, “sin embargo, sus vidas se han visto aplastadas por una ola implacable de síntomas que les dificulta concentrarse, hacer ejercicio o realizar tareas físicas simples. La mayoría son jóvenes. La mayoría estaban previamente en forma y saludables”.

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En esta imagen de archivo, tomada a través de un microscopio y sin fecha, distribuida por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos en febrero de 2020, se muestra el coronavirus que causa la COVID-19. Foto: NIAID-RML vía AP

“Incluso leer un libro es desafiante y agotador”, comenta LeClerc, una periodista con sede en Glasgow, a su colega de The Atlantic. Ella, de 32 años y antes saludable, tenía 66 días enferma cuando fue entrevistada por Yong. En el día 80 de la enfermedad le comenta: “Ahora me he visto reducido a no poder pararme en la ducha sin sentir fatiga. He intentado ir al supermercado y estoy en cama durante días después. No se parece a nada que haya experimentado antes”.

EN EL LIMBO ESTADÍSTICO

Una de las situaciones más penosas para estas personas, destaca el texto de la publicación con sede en Washington, DC, y que circula desde 1857, es que pese a que todo mundo se consume en preocupaciones por la COVID-19, los llamados transportistas de larga distancia han quedado en gran medida fuera de la narrativa y excluidos de las cifras que definen esta pandemia.

“Puedo abrir un tablero en línea que revela la cantidad de casos confirmados, hospitalizaciones, muertes y recuperaciones, pero LeClerc no se encuentra en ninguna de esas categorías. Ella y otros están atrapados en un limbo estadístico, sin contarlos y, por lo tanto, pasados ​​por alto”, destaca el autor, cuyo trabajo ha sido elogiado por el propio Bill Gates como “periodismo científico en su máxima expresión”.

Algunos, añade Ed Yong –quien también es autor del exitoso libro Contigo Multitudes, que analiza las increíbles asociaciones entre animales y microbios–, han sido diagnosticados mediante pruebas, mientras que otros, como es el caso de LeClerc, han sido informados por sus médicos que casi con seguridad tienen la COVID-19. Aún así, expone, “muchos transportistas de larga distancia se han enfrentado a la incredulidad de amigos y profesionales médicos porque no se ajustan al perfil típico de la enfermedad”.

La gente, agrega Yong, se ha preguntado cómo podrían estar tan enfermos durante tanto tiempo, o si simplemente están estresados ​​o ansiosos.

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Esta fotografía de archivo proporcionada por el Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) muestra el SARS-CoV-2 (color naranja), el virus que provoca la enfermedad COVID-19, surgiendo de la superficie de células (color verde) cultivadas en un laboratorio. Foto: NIAID-RML vía AP

“Se siente como si nadie entendiera”, le dice Chloe Kaplan, quien trabaja en el sector educativo en Washington, DC, y quien está en su día 78 de la enfermedad. “No creo que la gente esté al tanto del término medio, donde esto te deja boquiabierto durante semanas… y no mueres ni tienes un caso leve”, añade Kaplan.

La noción de que la mayoría de los casos son leves y breves refuerza la creencia de que sólo los enfermos y los ancianos necesitan aislarse, y que todos los demás pueden infectarse y acabar de una vez, expone el autor de la pieza periodística.

“Establece un marco en el que ‘no esconderse’ de la enfermedad parece una tarea manejable y sensata”, dice al respecto Felicity Callard , geógrafa de la Universidad de Glasgow, quien está en el día 77 de su contagio de la COVID-19.

Mientras el discurso pandémico se inclina ya por la segunda ola que viene, los transportistas de largo plazo que todavía están lidiando con las consecuencias de la primera ola están frustrados, acota Yong.

“He estado muy preocupada por amigos y familiares que simplemente no se están tomando esto en serio porque piensan que eres asintomático o vas a morir”, dijo Hannah Davis, una artista de la ciudad de Nueva York, quien al momento de la entrevista estaba en su día 71 de la enfermedad. “Esto el término medio ha sido infernal”, le dice al periodista y escritor.

NO SÓLO SE PIERDE GUSTO Y OLFATO

El texto de The Atlantic destaca también que si bien se ha dicho que la COVID-19 afecta a muchos órganos diferentes no está claro a cuáles y en qué medida.

Esta imagen de microscopio proporcionada por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Fort Detrick, Maryland, muestra partículas del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 aisladas de un paciente.

Esta imagen de microscopio proporcionada por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Fort Detrick, Maryland, muestra partículas del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 aisladas de un paciente. Foto: NIAID/National Institutes of Health vía AP

En marzo, expone Yong, cuando muchos transportistas de larga distancia se enfermaron por primera vez con problemas intestinales, cardíacos y cerebrales, la enfermedad aún se consideraba principalmente respiratoria. Y hasta ahora el único síntoma neurológico que enumeran los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en su descripción de COVID-19 es una pérdida de sabor u olfato.

Pero otros síntomas neurológicos son comunes entre los transportistas que respondieron la encuesta de Body Politic, una organización de bienestar que respalda a los grupos de apoyo para estos enfermos que tienen meses luchando contra el virus.

“Muchas personas describieron ‘niebla mental’ y desafíos de concentración como tos o fiebre. Algunos han experimentado alucinaciones, delirio, pérdida de memoria a corto plazo o sensaciones de vibración extrañas cuando tocan superficies. Es probable que otros tengan problemas con su sistema nervioso simpático, que controla procesos inconscientes como los latidos del corazón y la respiración: se quedarán sin aliento incluso cuando su nivel de oxígeno sea normal, o experimentarán lo que parecen ataques cardíacos a pesar de las lecturas de EKG [electrocardiograma] y la radiografía de tórax. Los rayos son claros. Estos síntomas aumentan, disminuyen y se deforman con el tiempo”, explica el investigador.

“Realmente es una bolsa de sorpresas”, le dijo Davis, quien es coautor de la encuesta de Body Politic a la publicación. “Todos los días te levantas y puedes tener un síntoma diferente”, añadió.

“No está claro por qué sucede esto”, destaca Yong. Pero, en entrevista, Akiko Iwasaki, inmunóloga de Yale, le da tres posibilidades.

“Los transportistas de larga distancia aún pueden albergar virus infecciosos en algún órgano reservorio, lo cual es omitido por las pruebas que usan hisopos nasales. O los fragmentos persistentes de genes virales, aunque no son infecciosos, aún pueden desencadenar una reacción exagerada inmune violenta, como si ‘estuviera reaccionando a un fantasma de un virus’, dice Iwasaki. Lo más probable es que el virus haya desaparecido, pero el sistema inmunitario, provocado por él, está atrapado en un estado de hiperactividad persistente”, plantea el autor.

La magnitud de la pandemia de COVID-19, que llegó a más de 6 millones de casos confirmados en todo el mundo en cuestión de meses, significa que los transportistas de larga distancia se están encontrando en cantidades suficientes para dar forma a su propia narrativa, expone Yong. Y añade que, a medida que la pandemia continúa, “los transportistas de larga distancia navegan por un paisaje de incertidumbre y miedo con un mapa cuyos puntos de referencia que no reflejan su entorno”.