Playboy publicó dos entrevistas con Fidel Castro: una en 1967 que fue realizada por Lee Lockwood y otra en 1985, obra del profesor Jeffrey M. Elliot y del congresista Mervyn M. Dymally.

Por Ana Mengotti

Miami, Estados Unidos, 4 de julio (EFE).- Aunque consideraba la pornografía una “lacra” capitalista, Fidel Castro tuvo en Playboy, la revista de desnudos femeninos más famosa del mundo, un inusual aliado para propagar sus ideas y aumentar las simpatías por la Revolución.

El ensayista cubano Abel Sierra Madero expone cómo y por qué fue así en el libro Fidel Castro. El comandante Playboy, Sexo, Revolución y Guerra Fría, que este sábado presentará en Miami de la mano del escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner.

Recién asentado en Miami, tras haber vivido cinco años y hecho un doctorado en literatura en Nueva York, Sierra Madero recoge en esta obra sus investigaciones sobre la relación del imperio de Hugh Hefner con el líder de la Revolución cubana.

También ahonda en el hecho de que en los medios sensacionalistas de Estados Unidos el “Comandante” llegó a ser una auténtica celebridad a partir de toda clase de chismorreos sobre su vida sexual y sus supuestamente relajadas costumbres, con el agravante de su comunismo militante, que le convertía en la “encarnación de todos los males”, según dice a Efe.

Playboy publicó dos entrevistas con Fidel Castro: una en 1967 que fue realizada por Lee Lockwood y otra en 1985, obra del profesor Jeffrey M. Elliot y del congresista Mervyn M. Dymally.

Entre ambas, en 1975, la francesa Oui, otra publicación del grupo con el símbolo del conejito, reprodujo extractos de una entrevista que le hicieron a Castro Frank Mankiewicz y Kirby Jones.

Las entrevistas de Playboy, que se iniciaron en 1962 con una realizada al trompetista y compositor de jazz Miles Davis, llegaron a tener seis millones de lectores.

Castro sabía perfectamente lo que hacía cuando aceptó unas entrevistas de las que en Cuba no se publicó una palabra, dice el escritor cubano, siempre interesado en la historia de la sexualidad y ganador en 2006 del Premio Casa de las Américas por Del otro lado del espejo.

También Hugh Hefner sabía lo que hacía al darle a Castro esa plataforma para ganar simpatizantes para su régimen.

De acuerdo con Sierra Madero, “Playboy desempeñó un papel fundamental en los debates sobre la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba”.

Hefner, junto a la cadena de medios CBS y las empresas Boeing e IBM, entre otras, constituían un grupo que ejercía presión para llegar a un restablecimiento de los lazos económicos y comerciales con la isla caribeña, dice el escritor.

Su “hombre” era Kirby Jones, cercano a la campaña del senador demócrata George MGovern, que era pro castrista.

El grupo logró éxito “a nivel mediático, simbólico y político”.

Documentos desclasificados recientemente por el Departamento de Estado estadounidense prueban que Jimmy Carter tenía la intención de eliminar el “bloqueo económico a Cuba” si era reelegido Presidente de Estados Unidos en 1981, pero fue Ronald Reagan quien salió victorioso de las urnas.

De acuerdo con uno de los memorandos, en una reunión en Camp David con altos miembros de su gabinete el 3 de mayo de 1980, Carter había dicho que “desearía levantar el bloqueo económico a Cuba”.

Lo paradójico es que, dice Sierra Madero, Castro nunca estuvo interesado en que esos esfuerzos prosperaran.

“Su modelo de plaza sitiada y de enfrentamiento con Estados Unidos era clave” para sus propósitos de controlar todo en Cuba, subraya el ensayista.

Es “el malentendido” que rodeó permanentemente a Fidel Castro, según lo definió Sierra Madero en una entrevista con Hypermedia, la editorial que ha publicado Fidel Castro. El comandante Playboy.

“Fue un populista de izquierdas, con un discurso de izquierdas, que terminó más cerca de las derechas”, subraya Sierra Madero del hombre que oficialmente estuvo al frente de Cuba desde 1959 hasta 2007, cuando delegó en su hermano Raúl por una grave enfermedad.

En la entrevista que en 1967 le hizo Lee Lockwood para Playboy el periodista no es en absoluto condescendiente con el líder cubano, al que inquiere si engañó a sus conciudadanos al no declararse comunista hasta que no estuvo afianzado en el poder.

La represión de los opositores y su enojo con el líder soviético Nikita Jruschev por retirar los misiles de Cuba son otros temas en una entrevista calificada por Lockwood como “sincera”.

La respuesta a la última pregunta dice mucho de Fidel Castro.

Lockwood le preguntó si se imagina a si mismo como un viejo estadista retirado. Castro dice que lo que le cuesta más imaginar es ser viejo, porque no podrá escalar montañas, nadar, pescar con caña y otros pasatiempos de los que disfrutaba en ese momento.

También afirma que cuando se retire se dedicará a estudiar, experimentar y trabajar en la agricultura y tratará de no caer en la “manía” de pensar que los jóvenes lo alborotan todo.

Sierra Madero cree que Castro se transformó en un mito debido a la Guerra Fría, un periodo que a su juicio conviene “revisitar”.

El turismo ideológico que promovió para presentar una imagen falsa de una Cuba alegre y feliz a intelectuales y personalidades internacionales fue uno de los puntales para mantener la aureola de la revolución, que para Sierra Madero terminó en 1968 cuando Castro apoyó la invasión soviética de Checoslovaquia.

Si Playboy fue una Disneylandia para adultos, Cuba era Castrolandia y su jefe la principal atracción, señala.

Sobre el futuro de su país, Sierra Madero no es optimista. Opina que el postsocialismo, como ha ocurrido en otros países, significa más pobreza y mas desigualdad y cita a Katherine Verderey, autora de What was Socialism and What is Next? (¿Qué fue el socialismo y que es lo siguiente?): “el socialismo es la ruta más larga y dolorosa para ir del capitalismo al capitalismo”.