La serie fue una de las primeras producciones que se atrevió a mostrar todas las secuelas que sufren los soldados tras ser secuestrados durante la guerra, y después de nueve años y ocho temporadas, la ficción es considerada uno de los mejores dramas de los últimos tiempos.

Por Itzel Roldán

Ciudad de México, 4 de julio (Vanguardia).- Prisoners of War o Hatufim fue un drama de televisión israelí que tuvo gran éxito en 2010, la serie narraba la historia de aquellos soldados que regresaban a casa después de años de ser prisioneros de guerra, explorando su reintegración a una sociedad que los convirtió en íconos nacionales y a una vida familiar interrumpida, mientras resolvían el trauma de haber sido secuestrados y torturados. Meses después de su estreno, la cadena 20th Century Fox adquirió los derechos de la producción, y tan solo un año después, estrenó Homeland.

Cuando Homeland nació, en octubre de 2011, la televisión era otra. Incluso el mundo era otro. Las series atravesaban un moderna edad de oro, con Breaking Bad y Mad Men todavía al aire. La multiplicación exponencial de contenido con la revolución de las plataformas aún ni se vislumbraba, y las cadenas de cable buscaban dramas de prestigio con hombres atormentados y esa relatividad moral que caracterizó a aquellas producciones.

Homeland contaba con todos los elementos para triunfar, la serie que ya está disponible en Amazon Prime Video con siete de sus temporadas, fue una de las primeras producciones que se atrevió a mostrar todas las secuelas que sufren los soldados tras ser secuestrados durante la guerra, y después de nueve años y ocho temporadas, la ficción es considerada uno de los mejores dramas de los últimos tiempos. Después de su primera temporada, la serie lo ganó prácticamente todo en los Premios Emmy: Mejor Drama, Actriz y Actor protagonista, Guión.

Una analista de la CIA se enfrenta a problemas familiares y de salud a la par que lucha contra el terrorismo. Foto: Especial

Pero, ¿qué hace a Homeland tan especial? Además del “juego del gato y el ratón” entre la agente de la CIA –interpretada por Claire Danes- y un prisionero de guerra –a quien le daba vida Damian Lewis- que regresa a casa convertido en héroe pero del que la agente desconfía, aquella primera temporada enganchó por esa dualidad y, sobre todo, por la tremenda química de sus protagonistas. Danes y Lewis eran una ‘bomba de atracción’ a la que los ejecutivos de la cadena no estaban dispuestos a renunciar.

RENOVARSE O MORIR

De acuerdo con el periódico El País, la tercera temporada de Homeland fue un fracaso, por lo que meses después la serie hizo borrón y cuenta nueva. La producción se convirtió en una antología que en cada temporada iba reflejando la nueva realidad a la que los televidentes se iban enfrentando. Los responsables de la serie empezaron a reunirse cada año con un grupo de agentes de inteligencia en activo y retirados, funcionarios del Departamento de Estado y periodistas.

De aquellas reuniones salían muchos de los temas que se trataban después en los episodios. Sin duda, Homeland evolucionó y pasó a ser una de las series que mejor refleja nuestro mundo, con una capacidad impresionante para apegarse a la actualidad. Un ejemplo: en un momento dado de la quinta temporada, que se desarrollaba en Berlín, los personajes hacían referencia a los atentados de París del 13 de noviembre de 2015, muy pocos días después de que tuvieran lugar. El terror que vivían en la serie se sentía en la realidad.

Por suerte, este nuevo enfoque fue muy importante en la cuarta temporada y a partir de la quinta entrega, fue el personaje de Carrie Mathieson, quien llenaba completamente la pantalla. Su personaje nos introducía en las decisiones que debía tomar a nivel presidencial el gobierno de los Estados Unidos, donde la intuición y el conocimiento del terreno de agentes de campo como Carrie, pueden ser más importantes que la frialdad de algunos analistas en la toma de decisiones cruciales para el destino de muchas personas. Así, convirtieron a Homeland en el resurgir de las series de espionaje.

ESPÍAS Y ROMANCE

“Es una crónica, en sentido poético, del mundo que estamos viviendo”, así describió la serie el actor Mandy Patinkin, quien le da vida a Saul Berenson. Y es que la sexta entrega se trasladó a Nueva York, con una trama situada entre las elecciones y la ceremonia de investidura del nuevo presidente, el estreno fue pocos días antes de que Donald Trump asumiera su cargo como presidente de Estados Unidos.

La producción está protagonizada por Claire Danes. Foto: Especial

De hecho hoy en día, se considera que este drama fue el que retomó el género de los espías, algunos más atrevidos afirman que lo ha hecho por todo lo alto. Lo cierto es que lleva años conquistando al público de todo el mundo; y no es de extrañarse, ya que la realidad es que nos encanta saber, aunque sea a través de una ficción, cuáles son aquellos problemas que crean los conflictos internacionales.

Al final, la serie construyó un mundo alternativo que, sin embargo, en muchos aspectos es un espejo de la realidad. Por ello, hace algunas semanas su octava y última temporada dejó impactados a sus fanáticos, pues sin duda la producción inicio en un mundo muy diferente en el que terminó este 2020.

MÁS ALLÁ DE LA REALIDAD

En la séptima temporada de Homeland, sus guionistas procuraron una vez más desarrollar la historia muy apegada a la realidad. Si en las primeras temporadas el enemigo era el fundamentalismo islamista, en la séptima, y penúltima, Rusia es la gran rival, tal como en la vida real.

La penúltima temporada se estrenó en febrero de 2018, cuando Trump lleva un año largo en la Casa Blanca y la trama rusa era el tema del momento. Serie y realidad confirman una evidencia: los hackers se han convertido en una de las mayores y más potentes armas de destrucción masiva.

La cuarta temporada recibió críticas por el retrato que se hacía de los musulmanes. En un episodio de la quinta temporada, un grafiti en árabe en una de las calles por las que pasaba la protagonista decía “Homeland es racista”. Nadie se dio cuenta hasta que se emitió.

Los guionistas reflexionaron y decidieron cambiar el foco en sucesivas entregas hacia el nuevo (o viejo) enemigo ruso y hacia los peligros que surgían del interior de Estados Unidos, desde la amenaza de la ultraderecha hasta el abuso de poder en la Casa Blanca.

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