Ciudad de México, 4 de agosto (SinEmbargo).- Varios no tienen ni cinco años como reporteros y ya han visto caer asesinado a más de un compañero. Ejercen su trabajo periodístico en medio del horror y la incertidumbre de Veracruz, el estado más peligroso para esta profesión en México.

El acoso contra la prensa es diario, denuncian. Sobre todo a través de las fotografías que les toman personas que, temen, trabajan para el Secretario de Seguridad Pública del Gobernador Javier Duarte de Ochoa, Arturo Bermúdez Zurita.

“La situación es crítica. No hay condiciones para hacer tu trabajo: está la censura que ejercen los propios medios, las fotos que nos toman cuando cubrimos marchas, el registro que dice tener el secretario de Seguridad Pública”, comentó un reportero de 27 años, residente de la ciudad de Xalapa y cuyo nombre se omite por seguridad.

En el panteón, en la despedida de Rubén. Foto: Cuartoscuro

En el panteón, en la despedida de Rubén. Foto: Cuartoscuro

Como él, unos 15 jóvenes periodistas de la capital de Veracruz llegaron el domingo a esta ciudad para acudir al funeral de su amigo y colega, el fotorreportero Rubén Espinosa Becerril, de 31 años, colaborador de la revista Proceso y de la agencia Cuartoscuro, quien fue encontrado asesinado el pasado viernes junto a cuatro mujeres en un departamento de la colonia Narvarte.

“Todo esto nos deja aún más vulnerables, porque si esto le pasó a él quiere decir que nos puede pasar lo mismo a quienes nos manifestamos o exigimos justicia por los compañeros. Estamos en la total indefensión”, agregó el mismo periodista, amigo cercano de Espinosa, entrevistado en el panteón Dolores de esta ciudad.

Rubén Espinosa fue descrito como un ejemplo profesional y de compañerismo para varios. No sólo fue quien viajó ex profeso a Distrito Federal, en 2013, para tratar de hacer algo por sus colegas y denunciar la situación de violencia e impunidad que impera en Veracruz. Allá fue además una especie de conciencia, quien les recordaba la necesidad de mantenerse íntegros, de los riesgos de dejarse cooptar por “el chayo” con que el Gobierno del estado trata de comprar a toda la prensa. Era, también, quien organizaba los cursos de seguridad para que nadie se convirtiera en el siguiente periodista de Veracruz en ser asesinado.

“Y ahora él es el número 14”, comentó otro reportero de Xalapa.

Rubén Espinosa fue enterrado entre aplausos y exigencias de justicia. Foto: Luis Barrón, SinEmbargo

Rubén Espinosa fue enterrado entre aplausos y exigencias de justicia. Foto: Luis Barrón, SinEmbargo

Decenas acompañaron ayer a la familia Espinosa Becerril al cementerio ubicado al oeste de la Ciudad de México. Eran las 2:30 de la tarde cuando llegó la carroza con el féretro de madera que despidieron sus padres, hermanos, cuñados, sobrinos, su novia y amigos. Estaban, también, decenas de fotógrafos, varios de ellos capitalinos integrantes del colectivo FotorreporteroMx, que se formó en esta ciudad cuando el hoy asesinado vino en 2013 y les contó el terror que se vive en Veracruz. A varios les escurrían lágrimas detrás de los lentes fotográficos mientras hacían su trabajo de registrar el sepelio para sus medios. Decenas de cámaras quedaron por segundos sobre la tierra, junto a la tumba cubierta de flores, en señal de protesta.

“Fue un gran hombre, un gran hermano, un gran tío y una gran pareja. Llegó a la línea siendo un guerrero. Para la familia es un orgullo. Todo lo que él hizo, lo aprendió solo”, dijo casi al final Alma Espinosa Becerril, parada junto a su madre y frente al sepulcro, desde donde también pidió que no se solicitaran entrevistas. Por eso había expresado lo que Rubén fue para la familia y, también por eso, invitó a quien quisiera a dar un mensaje en memoria de su hermano.

“Dejamos el cuerpo de Rubén, pero su alma, sus ideas y su corazón están renaciendo apenas”, dijo Alejandro Meléndez, fotógrafo capitalino, de El Financiero, y uno de los últimos que estuvo en contacto con Espinosa. “Tú eras ojos para todas y todos. Hoy seremos tu voz para exigir justicia”, escribió una joven en una cartulina que sostuvo en alto.

Los fotógrafos asistentes al entierro, cubrieron la tumba de Rubén con sus cámaras. Foto: Cuartoscuro

Los fotógrafos asistentes al entierro, cubrieron la tumba de Rubén con sus cámaras. Foto: Cuartoscuro

REPRESIÓN A ESTUDIANTES, MOMENTO CRÍTICO

A ningún colega de Espinosa entrevistado por este medio le caben dudas de que el Gobierno de Veracruz está detrás del crimen perpetrado el viernes en un departamento ubicado en el cuarto piso de Luz Saviñón 1909. Varios de los que llegaron a las honras fúnebres conocieron también a Nadia Vera, la antropóloga chiapaneca de 32 años que, como el periodista, había sido también abiertamente crítica de Javier Duarte y parte de movimiento estudiantil de la Universidad Veracruzana que ha protestado por la represión.

Y fue precisamente la cobertura de este movimiento, consideraron ayer periodistas de Xalapa, el detonante de la persecución que concluyó con el asesinato de ambos. “Todo se vincula a esta cuestión de los ocho estudiantes agredidos (el 5 de junio). De ahí se vinieron las amenazas directas, todo se magnifica y se da todo esto”, dijo uno de los reporteros.

Nadia-Vera-PROMO

La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal informó anoche en un comunicado que había localizado, en la delegación Coyoacán, un vehículo Ford Mustang 2006, color rojo y cuyo tarjetón se encontró en el interior del departamento donde ocurrió el crimen. La propietaria, agregó el texto, sería la mujer de 29 años “presuntamente de nacionalidad colombiana” y sobre quien el gobierno capitalino solicitó información al Instituto Nacional de Migración.

Los nombres de las mujeres víctimas siguen sin ser difundidos de manera oficial. Sólo la identidad de Nadia Vera fue confirmada ayer por amigos que ya estaban en contacto con la familia de la antropóloga, que ya habría recibido sus restos en Chiapas. Otros nombres que han difundido diversos medios son el de Yesenia Quiroz Alfaro, maquillista de 19 años y originaria de Mexicali, Baja California; Alejandra sería el nombre de la mujer procedente de Estado de México y, al parecer, empleada doméstica; mientras que, de la víctima de origen colombiano, se han reportado los nombres de Nicole o Simone.

Rubén Espinosa estaba en ese departamento –que todo indica compartían al menos tres de las otras víctimas– porque, el jueves por la noche, habían improvisado una pequeña reunión. Desde ahí se comunicó con algunos amigos y, también, con su editor en Cuartoscuro, Moisés Pablo Nava, con quien acordó un encuentro para hoy martes 4 de agosto en el que concretarían su ingreso de planta a la agencia.

A las 14:13 horas envió un último mensaje avisando que se disponía a salir “a la calle”. Una cantidad no determinada de personas armadas, sin embargo, ingresó después al departamento y sometió a las mujeres y al fotorreportero, golpeándolos severamente, dejando señales de tortura y, a cada uno, un disparo de pistola calibre 9 milímetros en la cabeza.

En el comunicado de ayer, la Procuraduría capitalina agregó que la cámara de vigilancia ubicada a la entrada al edificio –una de al menos nueve ubicadas en esa cuadra- “estaba averiada”, por lo que no habían obtenido información relacionada con los hechos.

Camaras-promo

“Es lo mismo en todos lados. Están encubriendo todo, y de la forma más cínica”, agregó otro fotógrafo veracruzano y amigo de Espinosa cuando se le preguntó si creía en la versión del gobierno del Distrito Federal.

-¿Por qué seguir siendo reportero? –se le preguntó a otro.

“Yo tengo coraje, miedo. Pero, dentro de mis objetivos, en ningún momento ha pasado por mi mente abandonar la lucha. Como bien decía Rubén: trabajar con la frente en alto, porque nosotros ejercemos nuestro trabajo de manera honesta –respondió. Él siempre nos incentivaba, a que no nos dejáramos comprar por la autoridad, a prepararnos”.

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