Bronco lleva casi 40 años sonando en México y Latinoamérica con cumbias, rancheras, banda, huapangos. Son de Apodaca, Nuevo León y en su carrera han vendido un estimado de 54 millones de copias. Entre sus mayores éxitos están “Que no quede huella”, “No nos vamos a olvidar” y “Nunca voy a olvidarte”.

“Sergio el bailador” es parte importante de la idiosincracia mexicana. Es de esas canciones que ha trascendido generaciones: de abuela a padre y de padre a hijo. Actualmente es la segunda canción más sonada de Bronco en Spotify, con 14 millones 434 mil 281 reproducciones.

Por Diego Urdaneta

Ciudad de México, 4 de agosto (Vice Media).- “Ya llegó, ya llegó, ya llegó; ‘Sergio el bailador'”; cantaba un hombre de chamarra de cuero negra, mientras hacía con el dedo índice de su mano derecha como si tocara algún teclado de aire. Con la mano izquierda sostenía un vaso de plástico con algún líquido dentro que no supe diferenciar en la entrada del Auditorio Nacional de Ciudad de México. Esta frase es parte de “Sergio el bailador”, uno de los éxitos más grandes de Bronco, que ha llevado la música norteña de México a todo el planeta.

Bronco lleva casi 40 años sonando en México y Latinoamérica con cumbias, rancheras, banda, huapangos. Son de Apodaca, Nuevo León y en su carrera han vendido un estimado de 54 millones de copias. Entre sus mayores éxitos están “Que no quede huella”, “No nos vamos a olvidar” y “Nunca voy a olvidarte”.

“Sergio el bailador” es una canción que emana felicidad. Tiene una de mis líneas de teclado favorita. “Esa línea la compuso nuestro primer tecladista, Eric Garza, que ya no vive. La canción salió en 1982, se grabó en Discos Cadena, el primer estudio importante en Monterrey”, me dijo el líder y compositor de Bronco, Guadalupe Esparza, dentro del backstage de la banda, 45 minutos antes de tocar en el Palacio. Allí, en el camerino, que estaba bastante limpio y sin nada de lo que algún cliché nos hubiera hecho pensar que habría dentro de él, estaban Lupe y los demás integrantes (José Adán Esparza, René Guadalupe Esparza y Javier Cantú) de Bronco ya vestidos con sus botas, sombrero y trajes.

“Sergio el bailador” es parte importante de la idiosincracia mexicana. Es de esas canciones que ha trascendido generaciones: de abuela a padre y de padre a hijo. Actualmente es la segunda canción más sonada de Bronco en Spotify, con 14 millones 434 mil 281 reproducciones.

El esqueleto de la canción nació de la forma más primitiva y clásica en que puede nacer una canción: guitarra y voz. Además, con un poco de vergüenza Lupe me cuenta: “La canción nació con la música y letra y sin ser un músico muy dotado, pues para esa época apenas empezaba a tocar la guitarra”, me cuenta Guadalupe mientras se alista y continúa: “Normalmente hago las dos cosas al mismo tiempo: música y letra. Recuerdo que me daba vergüenza enseñársela a los muchachos y hacia la música con la boca. Esa era mi forma de aportar, tarareando”, agrega Lupe.

“Es difícil sacar música regional mexicana para un nuevo público, pero acaso ¿prefieren quedarse con la de hace años?” dice Guadalupe.

Cada vez que he escuchado esta canción me pregunto lo mismo: ¿Quién es Sergio? Busqué muchas veces y ningún integrante oficial de Bronco era ese Sergio que ya venía, que ya llegaba. Pregunté a los Broncos y me respondieron: “La canción nació cuando yo trabajaba de ayudante de albañil en los ochentas, en el camino, del trabajo a mi casa, escribí las primeras líneas en el boleto del camión. Fue un homenaje a un amigo que siempre iba a los bailes y era muy fan de nosotros. Fue una manera de agradecerle de estar ahí aunque no éramos un grupo famoso. A la canción le agradezco porque abrió la puerta para que Bronco empezara a cabalgar y hasta ahora no ha parado”, me contó al portas de comenzar el concierto Guadalupe.

La canción salió en 1982, época de vinilos. Para aquel entonces las dos canciones con más semanas en la posición número uno eran: “I Love Rock n’ Roll” de Joan Jett and the Blackhearts y “Ebony and Ivory” de Paul McCartney y Stevie Wonder. Fue producida por los mismos integrantes de Bronco y “con la ayuda de Homero Hernández; (premiado como ‘Productor del año’ en México, 1982 luego del primer disco de Bronco) esa canción fue, literalmente, la que nos sacó del pueblo”, me cuenta Guadalupe haciendo memoria de sus primeras grabaciones. El tema, según Lupe Esparza, es su ‘primer gran hit’. “La lanzamos en la radio y sacamos los acetatos del sencillo. No tardó mucho en funcionar: en cuanto salió el disco homónimo Bronco (1985) se acabó el material para hacerlos y se detuvo la producción de vinilos. Fue así que la música de cuatro tipos de botas y sombrero llegó a lugares bien inesperados” agrega el compositor.

“Sergio el bailador” cumple 37 años en este 2019. Mientras entrevistaba a Lupe, una señora interrumpió la conversación y dijo: “Esta canción me trae demasiados buenos recuerdos. Me acuerdo siempre de mi esposo y cuando nos conocimos”. Y sí, es inevitable que este tipo de canciones y melodías te lleven a momentos felices. Para Lupe la canción también le trae recuerdos importantes: “”Sergio el bailador” es de la época en la que nació mi hijo René. Me decían que mi niño venía con ‘torta’ bajo el brazo, y sí, mi niño venía con el éxito de ‘Sergio el Bailador’ bajo el brazo”.

Bronco tiene un catálogo que no muere con el paso del tiempo. Tienen 34 años como banda activa. Es ese tipo de propuesta que al parecer, con cada año que pasa, sus canciones se revalorizan o encuentran una forma de llegarle a nuevas generaciones. Prueba de eso es el gran éxito que tuvo su disco Primera fila (2017), donde reversionaron sus éxitos más conocidos con artistas como León Larregui, Julieta Venegas, Cristian Castro e Illya Kuryaki and The Valderramas con quienes cantaron “Sergio el bailador”. “Esa colaboración fue bastante divertida, del álbum fue la más controversial; porque fusionamos un tema de ellos, ‘Coolo’ y el nuestro. Los seguidores de muchos años no lo recibieron muy bien, pero le gustó al nuevo público”, una condición que dejó en claro que la música regional mexicana se sigue reencontrando con las nuevas generaciones.

Primera Fila (2017) fue un acto de reinvención y es entendible que una banda con casi 40 años de historia lo haga. No todas las bandas son o pueden ser como los Rolling Stones. Lupe me dice que no tenía sentido buscar el mismo sonido o éxito de hace 30 años: “No íbamos a hacer lo mismo de hace años, queríamos buscar hacer nuevas huellas, la historia no deja de ser historia por más fantástica que sea. El músico viejo siempre quiere hacer las cosas como le funcionaron al principio, pero yo he tenido la honestidad de aceptar meterle cosas nuevas a mi música. Es difícil sacar música regional mexicana para un nuevo público, pero acaso ¿prefieren quedarse con la de hace años?” dice Guadalupe.

Además de esa pregunta, otras de las grandes interrogantes que los broncos se hacen es: , ¿cómo se puede llegar a generaciones jóvenes de Latinoamérica con música regional mexicana? “Bronco es un caso excepcional, sin que suene a soberbia. Por ejemplo, la música banda siempre ha tenido el mismo concepto, el formato no tiene muchas variaciones. Por ejemplo: Los Bukis son siempre muy románticos, y nosotros ya tenemos otros caminos por donde hemos cabalgado. Hasta por la música infantil. Eso nos hace diferentes y nos gusta que la gente se sume: no importa la clase o el país”, concluye Lupe refiriéndose a las colaboraciones que ha hecho con artistas de toda Latinoamérica. Termino de hablar con Lupe contándole que en muchas de las fiestas a las que asisto, con regularidad suena “Sergio el bailador” y sonríe con incredulidad.

Antes de irme, le dije a Lupe que me definiera en una sola palabra “Sergio el bailador”, me dijo: “Alegría”.

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