Pendientes de ser localizadas en México 73 mil 201 personas desaparecidas, la mayoría de 2006 a la fecha. En casi 4 mil fosas clandestinas se han exhumado 6 mil 625 cadáveres. Guadalupe Aguilar, presidenta de Familias Unidas de Desaparecidos, estima que el manejo de cifras se ha convertido en parte del juego político y no se ocupan de buscar a las personas que siguen sin aparecer. México ahora cuenta con más herramientas jurídicas y las unidades de denuncia y de búsqueda aumentan, pero sin resultados satisfactorios.

Ciudad Juárez, Chihuahua, 4 de agosto (Zeta).- La escena es la misma en todo el país. Adonde viaja el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, siempre encuentra familiares de personas desaparecidas que suplican les escuche e interceda en la búsqueda de sus seres queridos. Mientras eso ocurre, las autoridades solo informan de recuentos de número de desaparecidos, fosas clandestinas, cadáveres y restos humanos exhumados.

Una de esas mujeres es Lupita Aguilar, quien desde hace más de nueve años busca sin éxito a su hijo José Luis, desaparecido en el municipio de Tonalá, Jalisco. En la visita más reciente de López Obrador a Zapopan, ahí estaba la dama, a la que la lucha ha fortalecido y se convirtió en guía de quienes se incorporan a esta dolorosa odisea. La manta de recepción le decía todo al tabasqueño: “Bienvenido a Jalisco, la fosa más grande de México”.

Hay tantas Lupitas como desaparecidos, que al último corte del Gobierno de México, suman 73 mil 201 sin ser localizados, cifra ahora extraída de un registro histórico creado por la Comisión Nacional de Búsqueda y de la Subsecretaría para los Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, dependencias que ahora cuentan con información de 1964 a la fecha.

De acuerdo con esa instancia, desde hace 56 años se tiene el dato de la desaparición de 177 mil 844 personas, de las cuales 104 mil 643 aparecieron vivas o muertas; es decir, el 58.84 por ciento. Sin embargo, las que no aparecen son las 73 mil 201, principalmente de diciembre de 2006 hasta finales de junio de 2020. Cifras escalofriantes que forman parte de lo que el gobierno ahora llama “el rescate de la memoria histórica”.

La búsqueda en Huitzuco. Foto: Dassaev Téllez Adame, Cuartoscuro.

A la par de esos números, la Secretaría de Gobernación oficializó el dato de casi 4 mil fosas clandestinas descubiertas en México de 2006 a la fecha, de donde se han exhumado más de seis mil 625 cuerpos. Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, aseguró: “De este total, mil 143 fosas corresponden a las fosas localizadas entre el primero de diciembre de 2018 al 30 de junio de 2020”. De estas últimas se han exhumado mil 682 cuerpos, de los cuales 712 han sido identificados.

Las entidades federativas con más tumbas apócrifas son Veracruz, Sinaloa, Colima, Guerrero y Sonora. En tanto que los estados que más cuerpos han exhumado de dichas fosas han sido Jalisco, Sinaloa y Colima, en ese orden. En cuanto a personas desaparecidas, se refiere Tamaulipas es primer lugar y Jalisco segundo, según cuentas de las autoridades.

María Guadalupe Aguilar no se siente mejor con los datos. Ni los de antes, ni los de ahora. Lo que tiene es “una sensación de tristeza, de ver que cada vez aumenta y aumenta el delito de la desaparición forzada, y que tristemente esto no nos lleva a encontrarlos. No entiendo ese afán de estar contando y contando cuántos van, cuando eso a nosotros, las víctimas, no nos lleva a nada. Al contrario, a mí me da mucha tristeza”.

La vida de Lupita, como la de muchas y muchos mexicanos, incluso extranjeros, cambió estrepitosamente al verse afectados por la desaparición de un ser querido. La entrevistada ahora es presidenta de Familias Unidas de Desaparecidos (Fundej), actividad que le mantiene viva y con ganas de levantarse todos los días para buscar a su hijo y a muchas otras personas.

“Claro que cambió mi vida, soy enfermera de profesión. Cuando mi hijo desaparece, ya estaba jubilada, pero trabajaba para unos laboratorios particulares y dejé todo. En ese momento dejé todo para buscar a mi hijo y ya nunca he vuelto a trabajar en eso, porque se transformó totalmente mi vida”.

A decir de Guadalupe, no hace otra cosa que, primero, buscar a su vástago, después buscarlo, y continúa buscándolo, pero ahora pone sus conocimientos, su experiencia, poca o mucha, “al servicio de todas mis hermanas de dolor, a todas mis compañeras, a toda esta gran familia que es Fundej”. No desea que otras personas pasen por lo mismo que ella, que vio pisoteados sus derechos humanos por parte de las propias autoridades.

Recuerda que cuando su hijo José Luis Arana Aguilar, de 34 años, desapareció el 17 de enero de 2011, “pensaba que era la única persona que buscaba a su hijo, y cuando puse mi denuncia, y daba vueltas y vueltas, casi a diario a la fiscalía, fui encontrando personas y me junté con unas señoras, decidimos ir a México y así empezó nuestro caminar. Ahora quiero que todas sepan que existe una Ley, que tenemos derechos. Cuando empecé en esto no había Ley, no había fiscalías, no había nada.

“Aquí había una sola oficina donde se denunciaban las desapariciones, con un solo Ministerio Público, con una secretaria y miles de carpetas que parecía que se te iban a caer encima porque estaban en un anaquel que ya no cabían desde entonces. Y así empieza nuestro caminar, he estado aprendiendo. Primero me puse a estudiar Identificación de Personas y Genética. Tengo un diplomado de cada uno”, señala la activista.

Junto con otras madres de familia, Guadalupe participó en la creación de la Ley General de Víctimas. Rememora con agradecimiento a Javier Sicilia, del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. En 2012 inició sus viajes a Ciudad de México para impulsar la Ley, que queda inconclusa al finalizar el sexenio de Felipe Calderón y promulgada con Enrique Peña Nieto. En 2017 se realizan reformas y se crea también la Ley de Desaparición Forzada.

Integrantes de la Asociación Unidos por los Desaparecidos de Baja California encontraron restos óseos de once cuerpos en un espacio despoblado en Tijuana. Foto: Omar Martínez, Cuartoscuro.

Aguilar reconoce que se ha avanzado en muchos aspectos: “Ya tenemos protocolos de búsqueda, ya tenemos Comisión Nacional de Búsqueda, Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y todo lo que se pueda hacer. Ahora con el tiempo me doy cuenta que básicamente han agarrado el tema de los desaparecidos como una cuestión política. De ahí, mi hasta cierto punto molestia, de sus conteos y su registro. Eso me parece cuestión política”.

Y advierte:

“Al principio pensaba que las cifras eran muy importantes, por la memoria, pero ahora lo veo que se toma como política, cuando los desaparecidos es una situación de derechos humanos cien por ciento, porque primero transgreden los más esenciales derechos humanos, que son derecho a la vida, la libertad y la justicia. Y esos tres derechos tan importantes se trasgreden cuando hay un desaparecido”.

Otro aspecto negativo, aún presente, es que “las víctimas indirectas, que somos los familiares de los que se llevan, somos revictimizadas con múltiples cosas. Desde que llega uno a poner la denuncia, posteriormente con las acciones tan inocuas que se llevan a cabo, luego en el Semefo y así le puedo enumerar muchísimas cosas que pisotean terriblemente nuestros derechos humanos. Entonces, la Ley, los protocolos homologados, son herramientas y conocimientos de nuestros derechos para defendernos ante tanta pisoteadera”.

Desde Fundej, Lupita se siente orgullosa de que este y otros colectivos sigan en la lucha porque “no es lo mismo que llegue una persona con conocimiento a la fiscalía a poner su denuncia, a una que llegue sin saber siquiera que hay una Ley. Por eso es tan importante el acompañamiento que hacemos a las víctimas y la ayuda psicológica también, porque al principio siempre se está en crisis. Ojalá y la mayoría llegaran en las primeras horas de las desapariciones. Me he dado cuenta que cuando las desapariciones se denuncian a las primeras horas, tenemos éxito rotundo. Se encuentran, se encuentran con vida, se moviliza todo y sabemos lo que hay que hacer, pero ya cuando pasa tiempo y llegan al colectivo, no crea que podemos hacer muchas cosas. No se puede, porque les damos tiempo de actuar a los delincuentes”.

Por último, asegura que piensa claudicar. “No me da la vida. Desde que Dios amanece, hasta que Dios anochece, ando en reuniones, en acompañamientos, en fosas, en manifestaciones, en todo lo que se pueda hacer, y ahora en estos días de pandemia ya ve que está muy de moda las reuniones en línea, paso de una a otra. A veces estoy oyendo dos al mismo tiempo y no crea que descanso, pero pienso que está bien, porque el mantenerme ocupada me ayuda. Pienso que, si no me ocupara, me afectaría psicológicamente mucho. Eso es lo que me mantiene con vida, con fuerza, y quiero seguir haciéndolo mientras Dios me dé vida”.

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