La manera en que aprendemos a comer, beber u oler nos lleva a cuestionarnos cómo fue que llegamos a equiparar estas acciones y nuestros hábitos de consumo con la alimentación. Las bebidas y comidas (sin importar su costo) son para disfrutarse y encontrar en los sabores y aromas ese medio para transportarnos a ese lugar interno, el deleite de disfrutar.

Por Fernando Rubí León

A Gabriela

Ciudad de México, 4 de septiembre (SinEmbargo).- En muchas ocasiones solemos dar por hecho muchas cosas, es tanto nuestro agobio cotidiano: las responsabilidades, hijos, trabajo, ingreso, etcétera, que seguimos un ritmo que no nos permite darnos un pequeño tiempo de remanso para cuestionar los motivos de nuestras actitudes y acciones, a pesar de que pasamos tiempos muertos en el transporte o en casa.

La manera en que aprendemos a comer, beber u oler nos lleva a cuestionarnos cómo fue que llegamos a equiparar estas acciones y nuestros hábitos de consumo con la alimentación, conceptos que no son necesariamente equiparables.

Aquellos que crecieron en un ámbito rural recuerdan el fogón de la cocina tradicional, la nixtamalización para preparar el maíz antes de ser molido y crear la masa de las tortillas que se disfrutaban en esas comidas de infancia o juventud, hoy son objeto de gourmetización por parte de los exponentes de la cocina contemporánea mexicana; esta alimentación antes fue desvalorizada por ser considerada comida de pobres o fuera de la modernidad. El proceso de modificación de nuestra dieta nos ha dirigido a consumir la mayoría de los productos industrializados con una publicidad engañosa y disponibilidad casi ubicua, de esta forma, hemos permitido el olvido de la evocación que la gastronomía tradicional simple y muy nutritiva, nos provoca.

No es lo mismo BEBER (COMER), DISFRUTAR, GOZAR.

BEBER es la acción de ingerir, absorber, consumir un líquido

COMER es la acción de masticar y deglutir alimento sólido.

DISFRUTAR es un proceso mental relacionado con lo que pienso sobre lo que hago.

GOZAR consiste en saber vivir saboreando TODO lo que la vida me otorga, aquí y ahora.

El hábito que antes se tenía en las zonas rurales de caminar (en ocasiones descalzo) para recolectar el maíz, especies y hierbas para preparar la comida del día es un gozo que hemos dejado que disfrutar. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿comemos?, ¿bebemos?, ¿nos hidratamos?, ¿nos alimentamos?, ¿disfrutamos de ese momento que llamamos comida? o ¿nos dejamos llevar por lo que se dice en los medios tradicionales y digitales que nos bombardean con la publicidad engañosa de los productos industrializados? Disfrutar una comida o alimento va desde ingerir un atole matutino acompañado con un tamal, guajolota, chilaquiles, etcétera, hasta las comidas caras que uno pueda imaginar.

Las bebidas y gastronomías de México son amplias y variadas, un espectro que no ha sido suficientemente difundido y divulgado. Los que cuentan con el privilegio de haber vivido en provincia seguramente se entrometieron en la cocida de la mamá o de la abuela para robarle una tortilla recién hecha y caliente para ponerle sal, frijoles, chile o cualquier otra cosa, o introducir el dedo por no aguantar el ansia (de salivar) para saborear la salsa, el caldo, el mole, ese platillo que contaba con esa preparación e ingredientes que nos llevaba a pedir una segunda ronda; todo esto fue cambiando, al menos, en los últimos 30 años, algunos identifican este cambio desde que la masa (de maíz) industrializada de manera maniquea evadió el proceso de nixtamalizar los granos de maíz que agregaba muchos nutritientes para quienes la comían.

La invocación íntima y personal es lo que hace la diferencia entre ingerir o consumir y DEGUSTAR. Degustar es el proceso de saborear y percibir con deleite sensaciones.

Los abuelos dejaron de comunicar este gusto por hacer las cosas a los hijos y estos perdieron el interés por trasmitirlo a sus hijos (nietos). En la actualidad muchos se enfocan en lo efímero e inmediato, modificar estos hábitos para recuperar eso que hace a la comida o bebida de la abuela única nos llevará, tanto a niños, jóvenes y adultos, a aprender de nuevo para comer mejor cada día, alimentarnos y no consumir, experimentar sensaciones agradables y desagradables, sabernos falibles, torpes y vulnerables (incluso interpretarlo como doloroso), para (re)descubrir nuestros sentidos y a nosotros mismos, para saber decir cuando me gusta o no algo y por qué, para saber cuando una cerveza, mezcal, tequila, vino, etcétera, es para mí y no dejarnos llevar por la publicidad que busca consumidores y no seres humanos variopintos con antecedentes diversos capaces de interpretar de manera distinta cada sabor y aroma.

Las bebidas y comidas (sin importar su costo) son para disfrutarse y encontrar en los sabores y aromas ese medio para transportarnos a ese lugar interno, el deleite de disfrutar de un pulque, pozol, tuba, tascalate, tejate, tejuino, tegüino, chilate, chileatole, bupu, agua de lechugilla… y con esto encontrar entre sus distintas formas de preparación ese gozo que nos hace comunes en la diferencia.

Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos.
Salvador Dalí

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