México

Yakiri, Gabriela y Andrea: México nos cobra caro denunciar abuso sexual

04/10/2016 - 12:05 am

Yakiri Rubio Moreno, Gabriela Nava y Andrea Noel son tres mujeres que forman parte de la campaña de #NoTeCalles de Change.org. Las tres tienen en común no sólo haber sido agredidas sexualmente sino haber denunciado ante la Ley ese agravio, luchado por conseguir justicia y que sus casos se conocieron luego de que se viralizaran a través de las redes sociales. Las tres víctimas también coinciden en que no creen en las autoridades, pero sí en visibilizar la violencia de género para cambiar poco a poco una realidad que afecta a todas las mujeres mexicanas: la agresión sexual en todas sus formas.

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Ciudad de México, 4 de octubre (SinEmbargo).– “Me escribieron en mi Facebook: ‘eres una puta. Por andar de chillona te vas arrepentir de todo lo que estás haciendo, te va a pasar lo mismo que a Mariana […], cuídate porque a las dos las vamos a violar, a levantar, y las vamos a violar con palos, con botellas, las vamos a torturar, te vamos a cortar los pezones’. De verdad cuando vi eso me puse a llorar…sí temí por vida”, dice Gabriela Nava. Su mirada, que hasta ese momento era relajada, cambió, y su voz también…

Fue una amenaza a través de redes sociales días después de denunciar a su agresor: un hombre que la grabó por debajo de la falda con su celular, mientras se sacaba el pene; ambos viajaban, el pasado 28 de marzo, en un microbús a la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma México (UNAM).

Mariana, otra joven estudiante de la FES Acatlán, fue agredida sexualmente antes que Gabriela. Después de ser amenazada durante semanas por denunciar ante la Ley decidió dejar el caso por la paz. Gabriela sintió pánico por los mensajes que llegaron a su bandeja de Facebook. Sus acosadores, ahora virtuales, sabían sus movimientos. Le hicieron saber que conocían sus rutinas y hasta la dirección de su hogar.

Pero ella, aterrada, sin querer salir de casa y en estrés constante, se dio valor, continuó y no se detuvo hasta descubrir que su agresor era una trabajador sindicalizado de la UNAM, un intendente que había agredido sexualmente a otras alumnas. Nadie lo despidió de su trabajo por acoso sexual; él, afirma Nava, por la presión social que surgió a través de las redes, renunció y simplemente un día ya no se presentó a trabajar. Aunque no fue lo ideal, porque no recibió un castigo luego de su denuncia ante el Ministerio Público y ante las autoridades administrativas de la facultad, el hombre pagó con el escarnio público, debido a que Nava logró grabarlo 11 segundos el día de la agresión y subió a la Red el video para evidenciarlo.

“Sí, hay que denunciar. En mi caso fue alguien desconocido pero, ¿cuántas chicas no son acosadas por familiares, gente cercana a su círculo y no dicen nada por miedo? Hay que romper con el silencio. Si estás siendo acosada, violada, amedrentada por alguien, lo último que deberías hacer es quedarte callada, porque eso va a seguir. Los hombres lo siguen haciendo porque nadie les reclama”, dice Gabriela.

Para Gabriela un teléfono celular con cámara es un arma para las mujeres. Sin esa grabación que le permitió mostrar al mundo el rostro de su agresor, jamás hubiera logrado un poco de justicia, comenta.

“Lo máximo que logré es que renunciara. Le dio miedo regresar a la escuela a trabajar. Yo invertí todo el semestre en esto, pero no me arrepiento. Salieron cosas muy buenas como la campaña [#NoTeCalles]. Siento que ayudamos a visibilizar este problema que pasa a diario y nadie dice nada. Las mujeres deben denunciar, porque mientras más denuncias hagan, más eficaces se vuelven en el MP [Ministerio Público]; los obligas a trabajar, no debería de ser, ellos deberían trabajar porque es su trabajo. Entonces, si nosotras no lo hacemos, ellos no lo harán. México es un país donde reina la impunidad. El castigo social que recibió en mi caso, no digo que sea una solución, pero es una alternativa. Yo sé que la pasó mal, se tuvo que esconder, supe que hasta la esposa lo dejó. Balconearlos al menos para que tengan ese escarmiento”, dice.

Nava afirma que después de la denuncia del hombre que la agredió, se dio cuenta de que en México la violencia contra la mujer está normalizada. Las amenazas en su contra, los apodos de “feminazi”, fue una suerte de: “¿Por qué se están rebelando?”. Sin embargo Gabriela continúa usando sus faldas y vestidos que tanto le gustan.

“Tú no debes cambiar, ellos tienen que cambiar. Ellos son los que están mal. Nosotras no debemos adaptarnos a una condición negativa, hay que adaptarlos a ellos”, dice.

Luego de seis meses de la agresión, Gabriela Nava ya se recuperó de las amenazas de muerte que recibió. Ya sale a la calle sin miedo, hace una vida normal, aunque cuando recuerda ese tiempo, se estremece.

ANDREA NOEL: LA AUTORIDAD DECEPCIONA

Andrea Noel, la reportera estadounidense que el 8 de marzo de este año, justo en el Día Internacional de la Mujer, fue agredida en la colonia Condesa de la Ciudad de México. Caminaba por una de sus calles y un hombre la embistió, le metió las manos por debajo de su vestido y le bajó la ropa interior; tuvo que huir del país por las amenazas de muerte que recibió después de denunciar a su agresor, sin, hasta la fecha, recibir justicia.

Noel invirtió meses y cientos de horas en las oficinas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) sin obtener resultados. Para ella, como víctima, sólo perdió su tiempo en México.

“Yo fui muy insistente en la importancia de la denuncia, no nada más hacer denuncia social, sino denunciar ante la autoridad. Yo vi esto en mi caso, durante toda la investigación, hasta la fecha, he pedido que se me entreguen los videos para tener el rostro del sujeto, que es lo único que he querido desde el día uno, y el Gobierno de la Ciudad de México me ha bloqueado totalmente. Se niegan a entrégarme los videos, a pesar de que hay una decena de éstos que fueron rescatados y que las mismas autoridades no se tomaron la molestia de guardar”, dice Noel en entrevista con SinEmbargo.

Noel asegura que en México la denuncia se hace para fines estadísticos. Ella ya perdió la confianza en que las autoridades resuelvan su caso, pero aún así, invita a las mujeres a denunciar social y administrativamente.

“Que la sociedad esté enterada. Mi confianza en la autoridad no ha aumentado y los veo incapaces para esclarecer este tipo de violencia. La inversión de tiempo es enorme, irreal. Te tienen ahí quemando todo tu combustible para dejarte exhausta. Estamos hablando de cientos y cientos de horas físicas, para que al final no pase ni una sola cosa. A veces me pregunto si hubiera estado mejor hacer sólo mi denuncia social, metiendo mi reporte y no invirtiendo ni una sola hora en la investigaciones, porque al final de cuentas no se investiga”, dice.

Noel fue amenazada a través de redes sociales e incluso de forma física en su casa en México, por lo que tuvo que mudarse inmediatamente a Estados Unidos.

Aunque la joven se fue, las amenazas no han cesado. Pero aún así su caso, dice, no se compara a la violencia que sufren todos los días miles de mujeres en México: “Lo más impactante y decepcionante es la reacción de las autoridades y una acción de la sociedad que desconozco si sean humanos reales, pero eso es lo más fastidioso de todo esto, la no respuesta de la autoridad”.

YAQUIRI CULPA A AUTORIDADES DE LA CDMX

Cuando Yakiri Rubí Rubio Moreno salió de prisión y se abrazó de sus padres, empezó una nueva pesadilla: huir, mudarse de domicilio en varias ocasiones, dejar su barrio –Tepito donde vivió siempre–, para evitar ser alcanzada por la venganza de la familia de su violador, a quien le cortó la yugular en defensa propia.

La joven que estuvo en la cárcel tres meses por asesinar a uno de sus dos agresores, un par de hermanos que la secuestraron en la colonia Doctores de la Ciudad de México para llevarla a un hotel, golpearla y violarla, fue absuelta del delito de homicidio calificado que el Ministerio Público buscó imputarle, pero no por ello recobró su tranquilidad.

La familia del hombre al que asesinó ya pagó una vez para que la asesinaran cuando estuvo presa y ella sabe, dice, que mientras el otro agresor siga libre “por culpa de las autoridades capitalinas”, su vida y la de otras mujeres corre peligro.

“Es un hecho que he venido diciendo desde que estaba en la cárcel. Ellos no tienen porqué meter a mujeres inocentes que se defienden. Cuando salí, salí culpándonos a ellos: si mi agresor responde de manera agresiva, la culpa la tienen la autoridad por dejar a un agresor en la calle”, reitera.

De las autoridades capitalinas, diceYakiri, sólo recibió acoso. Colocaron una cámara frente a su domicilio en Tepito e intervinieron los teléfonos de ella y de sus familiares.

“Nosotros desconfiamos de la autoridad del Gobierno capitalino, porque siempre protegió a mi agresor. Cuando vivía en Tepito me pusieron una cámara en frente de la puerta. Los teléfonos están aún intervenidos y creemos que es para vigilarnos, para saber qué estamos haciendo”, precisa.

Yakiri sigue esperando la disculpa de Rodolfo Ríos Garza, Procurador General de Justicia capitalino, y de todos los funcionarios que participaron en su proceso, en el que cometieron omisiones y protegieron a sus agresores.

A pesar del sufrimiento que padeció por denunciar, Yakiri invita a las mujeres a no quedarse calladas ante una agresión sexual.

“Sí, aquí está el resultado de mi caso, no me callé, seguí a pesar de todo. Quería seguir viviendo por mi libertad y contar lo que me había pasado. He invitado a las mujeres a que denuncien, a que no se queden calladas, creo que hay que señalar a los agresores, juzgarlos a ellos”, dice.

Yakiri se siente afortunada de haber sobrevivido al ataque que sufrió en ese hotel de la colonia Doctores, en donde creyó en un momento que la lucha estaba perdida y que no saldría de ese lugar con vida.

Su agresor era más fuerte, más alto, le doblaba la edad, el peso y estaba armando. “Tenía todas las de perder. Yo sabía que no iba a salir con vida y no sé que pasó, de dónde saqué fuerza para defenderme. Pero me dieron esa oportunidad para dar el testimonio a muchas mujeres”.

en Sinembargo al Aire

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