Daniela Rea, una de las nuevas y valiosas voces del periodismo nacional ha encontrado en el documental una voz que no tenía en el periodismo. Quiso decir cosas y mostrar sobre todo ese vacío que se cierne sobre tantos y tantos desaparecidos en nuestro país. Aquí, una nota sobre el documental No sucumbió la eternidad, un verso de Raúl Zurita para la desesperación y lo desolado.

Ciudad de México, 4 de noviembre (SinEmbargo).- “Somos un cúmulo de tragedias”, dice la periodista y escritora Daniela Rea, quien con apenas 33 años de edad se ha convertido en una nueva y poderosa voz dentro del oficio de la información, tan agredido en nuestro México doliente y contemporáneo.

Eso lo decía cuando publicó su primer libro, Nadie nos pidió perdón, un compendio de crónicas publicado por Editorial Urano a través del cual la joven profesional nacida en Irapuato demuestra cómo el Estado traiciona su razón de ser para convertirse en el principal agresor de la sociedad.

Sin embargo, estos años han sido como una especie de refugio de Daniela. No sabíamos por donde andaba y que claro, el nacimiento de su segunda hija la había alejado un poco del periodismo. Nació Naira, que se plegó a su hermana Emilia –eso de que es la segunda no deja nada en claro que es fácil criarla, se quejaba dulcemente Dani-, pero además había hecho un documental y ganado el Premio Musa, para el mejor documental realizado por una mujer.

Daniela Rea es reportera independiente. Inició su labor periodística en Veracruz y trabajó en el periódico Reforma. Sus crónicas y reportajes se incluyen en los libros País de muertos, Generación Bang, Nuestra aparente rendición, Entre las cenizas y 72 migrantes.

En 2013 recibió los premios Excelencia Periodística, otorgado por PEN Club México, y el Género y Justicia, entregado por ONU Mujeres y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Alicia ve a su madre como un fantasma. Foto: Especial

Es integrante de la Red de Periodistas de a Pie y de los Nuevos Cronistas de Indias, de la FNPI.

En el documental No sucumbió la eternidad –un verso de Raúl Zurita-, Daniela Rea trata el tema de los desaparecidos, con dos mujeres, Alicia de los Ríos y Liliana Gutiérrez.

A la madre de Alicia de los Ríos, combatiente de la Liga Comunista 23 de Septiembre, la secuestró y desapareció el Estado mexicano el 5 de enero de 1978, en la Guerra Sucia que el régimen del PRI desató contra militantes de izquierda.

Liliana Gutiérrez es ejemplo de la reciente Guerra del Narco, con su esposo, Arturo, desaparecido en un operativo en Tamaulipas.

Ambos son homenajes a la memoria y demuestra hasta qué punto, como en el Holocausto, si alguna vez esta contienda bélica termina –por ahora no hay nada que lo indique- pasará mucho tiempo para hacer justicia con el pasado y poder seguir el presente sin deudas ni resentimientos.

–¿Cómo se llevó a cabo el documental?

–Fueron como dos cosas. Yo necesitaba experimentar con otro lenguaje para poder contar el efecto de la violencia que iba reporteando en mi lenguaje periodístico. Es la vida cotidiana en la ausencia y en la incertidumbre que no me iba a permitir el periodismo. Por el otro, soy amiga de Liliana y conectamos muy bien, siempre me cuenta cosas que son complejas, de cómo sobrevivir a la ausencia de alguien. Una de esas cosas es cuando me dice: ¿Qué va a pasar si Arturo regresa y resulta que ya no es el hombre del que yo me enamoré?

–¿Por qué desaparece Arturo? Nunca lo dices en el documental

–Arturo desaparece con su hermano Axel. Pero no se sabe por qué desaparece, lo que es terrible en esta Guerra del Narco. Él desaparece dos días después de la masacre de San Fernando. El tenía 13 años yendo a McAllen para comprar mercancías y luego venderlas en los tianguis de la Ciudad de México. Tenía un tiangui aquí, en calle Regina. Ellos paran a cenar en un restaurante y lo que el papá puede reconstruir después es que llegaron dos camionetas con hombres armados, se bajaron y los agarraron. Al hermano lo llevaron en la cajuela de un carro, donde pudo mandar un mensaje a su familia y a Arturo se lo llevaron en otro.

Arturo dejó a un niño, que nació sin conocer a su padre. Foto: Especial

–A lo largo de la historia de México ha habido secuestros y desapariciones todo el tiempo

–Para mí era muy importante vincular las dos historias. Uno, un sentido político, porque no hemos llegado en ningún momento a un estado de justicia, de verdad. Estos crímenes de lesa humanidad permanecen impunes y las primeras desapariciones de la Guerra Sucia, son, efectivamente, las primeras. Para hablar del México contemporáneo, unidas por dos crímenes, que en los últimos tiempos se ha agravado. Por otro lado, cuando empiezo a platicar con Alicia me doy cuenta de que es un proceso muy distinto al de Liliana, ella no tuvo el cuerpo, incluso dice: “Para mí mi madre es etérea”. Creo que eso es lo que pasará con León, el hijo de Arturo y también presentar dos formas de trabajar con la memoria muy distintas.

–¿Cómo nació la idea de la película?

–Bueno, la idea no fue, quiero hacer un documental de desaparecidos, voy a entrevistar a estas dos personas y ya. La verdad es que la película me fue buscando, hasta encontrarme. Fueron las historias las que me demandaron a hacer una película. En un principio la idea era trabajar sólo con Liliana y un día me dice no sé qué hacer, no sé cómo tratarlo y entonces le dije, ¿por qué no vienes a ver a Alicia, nos puede dar consejos? Lo cierto es que Liliana no vino a esa reunión con Alicia y hablando yo con ella, comienzo a conversar con Alicia, donde me dice que la ausencia de su madre no le duele como le duele a Liliana la de Arturo. Esta historia tenía que dialogar con la historia de León y así se fue encontrando la película. La intimidad y las confrontaciones personales no son para ser contadas periodísticamente o al menos yo no tenía las herramientas para ello.

–¿Cómo fue el proceso de filmar tan cerca de la gente?

–Fue un proceso bien bonito. Generoso. Para el equipo es el primer largometraje. Estuvo Mario Gutiérrez Vega, en la Fotografía: Gabriel Villegas, en la Edición: Mariano V. Osnaya y en el Sonido: Guillermo Llaguno. Luego participaron en la producción ejecutiva: Juan Patricio Riveroll, Roberto Garza y Everardo González, en el Diseño sonoro: Nerio Barberis y en la Música original: Leoncio Lara Bon, pero los primeros son con quienes hice el documental. Ciertamente yo era la única que no había trabajado cine, estaba muy abierta a lo que ellos querían decirme y ellos estaban confiados en mi experiencia como periodista y a la idea que yo quería plantear y confrontar. El proceso de rodaje con Liliana y con Alicia, fue de muchísima confianza.

–¿Qué piensas de la vida en México? Aquí parece que la vida no vale nada

–Cuando empecé a buscar fondos para poder filmar la película, un periodista me dijo que era la historia de la derrota. Dos personas deciden ya no buscar a los desaparecidos y yo le dije que no, que el crimen de la desaparición pretende meterte en una inmovilidad brutal. Justo no sabes qué hacer, estas dudas constantes, el hecho de que ellas hayan decidido luchar para heredarle a sus hijos una vida feliz, sin desapariciones, me parece que no es precisamente una historia de la derrota. Hoy me siento optimista y quizá por eso respondo que pese a todo tenemos que seguir generando espacio para que todas las historias puedan ser contadas de manera segura.

Daniela Rea, una de las nuevas y valiosas voces del periodismo nacional. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo