Rodolfo Araújo, director regional de Inteligencia de Edelman, dijo que “los profundos temores sociales” están dirigiendo al país hacia el populismo.

Bogotá, 5 abr (EFE).- Latinoamérica vive una crisis de confianza en las instituciones, especialmente en el Gobierno, que se refleja en un fuerte descontento en Brasil y México, mientras en Argentina ha mejorado la percepción tras el fin de 12 años de kirchnerismo, según datos regionales presentados hoy.

“En mercados como Brasil o México, la confianza en el Gobierno colapsó en los últimos cuatro años a raíz de varios escándalos”, según el aparte latinoamericano del Barómetro de Confianza 2017 de la agencia Edelman, divulgado hoy en Bogotá.

La encuesta, realizada entre octubre y noviembre de 2016 a más 33 mil personas de 28 países, entre ellos cuatro latinoamericanos -Argentina, Brasil, Colombia y México-, muestra que la corrupción, la globalización, la inmigración y el ritmo de innovación son las preocupaciones más populares en la región.

De acuerdo con el documento, la confianza global en los Gobiernos se ubicó en 41 por ciento, un 1 por ciento menos que en 2016, mientras en México bajó a 24 por ciento (-8 por ciento), en Colombia se mantuvo en 32 por ciento, en Brasil subió a 24 por ciento (+3 por ciento) y Argentina mostró un avance hasta el 33 por ciento (+7 por ciento), todos por debajo del punto neutro del 50 por ciento.

En el caso de México, “los casos de corrupción económica y política han reducido la credibilidad en el sistema”, dijo hoy a Efe Rodolfo Araújo, director regional de Inteligencia de Edelman, al mencionar “los profundos temores sociales” que están dirigiendo al país hacia el populismo.

“El aumento de la desconfianza está abriendo paso a acciones y líderes populistas y es un riesgo muy latente para este y varios países de la región, que al buscar afrontar a la élite corrupta, pueden llegar a caer en gobiernos extremistas”, agregó.

Araújo mencionó el caso de Venezuela, que no fue incluido en la encuesta, pero que “ya sufre los efectos del liderazgo populista, sin progreso económico ni desarrollo social”.

“La única salida para este país es reconstruir las relaciones con principios democráticos, poniendo en el centro de las decisiones al pueblo y no un discurso apasionado”, indicó.

“La gente ahora no tiene paciencia, quiere respuestas rápidas y se ha comprobado que los discursos seductores, como el de Donald Trump en EU, el de la campaña del ‘brexit’ (salida del Reino Unido de la Unión Europea) y el apoyo a la extrema derecha en Brasil, tienen mucha acogida”, afirmó.

Según el directivo, la corrupción y las reformas económicas han aumentado la preocupación de los brasileños y, tras la crisis política que llevó a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, consideran que el “sistema se ha inclinado a favor de élites que son indiferentes al pueblo y que benefician más a los ricos”.

En Colombia, aseguró Araújo, “la pérdida de confianza está vinculada con las relaciones público-privadas, los temas de corrupción y las decisiones políticas que no han cumplido ciertas expectativas, como pudo verse con el acuerdo de paz”.

“En general, los Gobiernos de la región se ven menos adaptados a los cambios y no se percibe que tengan la capacidad para responder a las necesidades de la sociedad, que cada vez es más participativa y que se opone a las jerarquías tradicionales”, sostuvo.

Por el contrario, Argentina ha mostrado “una recuperación de la confianza ciudadana, tras 12 años de Gobiernos kirchneristas y se cree que hay más transparencia con el presidente Mauricio Macri”.

“No sabemos si será sostenible, pero las respuestas de Macri llevan a la población a reconocer que hay un cambio y la confianza sube”, expresó el directivo de Edelman, en referencia a las medidas tomadas por el Gobierno para reducir la inflación, normalizar el mercado cambiario y lograr acuerdos con fondos por deuda en mora.

Sobre casos de corrupción como el de papeles de Panamá o el de Odebrecht, apuntó que afectan más la imagen de los Gobiernos que el de las empresas, porque se leen como parte “del capitalismo de influencia, de problemas de las relaciones gubernamentales”.

“Las personas ven que las empresas pueden recuperar más fácil su estándar ético, mientras que para un Gobierno se debe esperar a un cambio que puede tardar años, lo que dure el mandato”, añadió.