El autor, que llegó a la fama por su novela The Boy in the Striped Pyjamas (El niño con el pijama a rayas), asegura que ha conseguido superar esos abusos y que escribir sus dos últimas novelas le ayudó mucho.

Madrid, 5 may (EFE).- El escritor irlandés John Boyne sufrió abusos sexuales en su adolescencia por parte de un profesor y saber que otro docente de su escuela había sido condenado el pasado mes de enero le animó a denunciar los hechos, según ha relatado en una rueda de prensa en la que ha alentado a otras víctimas a hacerlo.

Boyne (Dublín, 1971) ha presentado este miércoles en una rueda de prensa telemática su nueva novela The Hearts invisible furies (Las furias invisibles del corazón (Salamandra), en la que rinde homenaje a las víctimas de los prejuicios del dogma religioso, la segunda de su amplia obra que ambienta en Irlanda tras su anterior libro, A History of Loneliness (Las huellas del silencio), en la que hablaba de abusos sexuales en la Iglesia.

Para Boyne, todavía quedan casos por descubrir aunque haya salido mucho a la luz en los últimos años, desde mediados de los 90, cuando la gente empezó a denunciar en la Policía hechos que luego acabaron en los tribunales. “Cada caso inspiraba a otros que habían tenido esas malas experiencias para seguir denunciando”.

Algo que le ocurrió a él recientemente, según ha explicado: “En enero de este año uno de mis exprofesores fue enviado a la cárcel durante ocho años por abusos en la escuela a la que yo asistí y eso me inspiró a mí para ir a la Policía y denunciar los casos de abuso que yo sufrí de adolescente en la escuela. Cosas que había decidido dejar de lado como adulto, han cambiado. Pensé que tendría que denunciarlo. Cada persona que denuncia y deja las cosas en manos de la policía y permite que el sistema judicial siga su curso está haciendo lo correcto”.

Al profesor que Boyne denunció no es el que ingresó en la cárcel, aunque ambos le dieron clase, ha recordado: “La escuela a la que yo asistí por desgracia tenía unos cuantos abusadores en su personal, porque no son los únicos”.

Es, sostiene, una de las razones por las que la Iglesia “se ha desmoronado tanto en Irlanda”, ya que muchas personas de la generación de sus padres entregaron su vida a la Iglesia y ahora se sienten “desilusionados” y “traicionados”.

El autor, que llegó a la fama por su novela The Boy in the Striped Pyjamas (El niño con el pijama a rayas), asegura que ha conseguido superar esos abusos y que escribir sus dos últimas novelas le ayudó mucho.

“Hasta los 20 ó 30 años me costó conseguir mantener una relación por lo que había sufrido”, ha rememorado el escritor que dice que con el paso del tiempo ha entendido que era “una víctima y no un participante en esas actividades”.

“Cuando tenía poco más de 20 años me sentía culpable, me sentía avergonzado de lo que había pasado. Ahora ya no siento esas emociones, ni siquiera enfado o ira”, ha dicho.

Aunque asegura que no quiere “demonizar a la Iglesia a lo largo de todos los siglos”, explica que en el período del que habla en su novela, a partir de los años 40, el poder que tenía en las decisiones del Gobierno llevó a la “destrucción de muchas vidas”.

Y a pesar de que las cosas han cambiado tanto en los últimos tiempos, “como de la mañana a la noche”, los hechos “terribles” que ocurrieron han hecho que los jóvenes irlandeses no tengan actualmente relación con la Iglesia católica, sostiene.

En Las furias invisibles del corazón, su protagonista, nacido en 1945, una época “muy oscura”, descubre a una edad temprana su atracción por los hombres y la condena de un entorno que juzga abominable esa orientación sexual le genera una vergüenza y una culpa que le llevará decenios superar.

John Boyne recorre siete décadas de la historia de Irlanda en esta novela en la que por primera vez ha incluido mucho humor, ha señalado, una historia sobre la vida de un hombre en la que hay también compasión y amor y en la que, como en muchos de sus libros, habla de la soledad y el aislamiento.

Para este irlandés, su país es en 2021 un sitio optimista, mucho más moderno y abierto a las opiniones diferentes, en el que los jóvenes crecen en un entorno mucho más saludable que el que vivió él. En definitiva, “un lugar magnífico para vivir”.