“El potencial que tiene el trolebús para consolidar una visión de ciudad sustentable en el corto plazo es enorme, puede impulsar distintas formas de movilidad bajo parámetros de alta calidad y seguridad, como ya está sucediendo en otras ciudades del mundo”. Foto: María José Martínez, Cuartoscuro

Por Carlos Samayoa*

Recientemente la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió la Recomendación General 32/2018, la cual señala que las autoridades federales, estatales y municipales han violado los derechos humanos a la salud y a un medio ambiente sano de toda la población porque el aire en las ciudades mexicanas presenta altos niveles de contaminación que ponen en riesgo nuestra salud, por lo que pidió a los gobiernos implementar políticas públicas de movilidad sustentable, que incluyan poner en circulación transporte público urbano de cero emisiones, entre otras medidas.

La pregunta es cómo lograrlo cuando a lo largo de los años el transporte público ha sido desatendido mientras la tasa de motorización aumenta. Menos del 30 por ciento de la población se mueve en automóvil, y el parque vehicular existente emite el 70 por ciento de contaminantes a la atmósfera; tener segundos pisos y más carriles para vehículos resultan medidas insuficientes.

La solución está en una mayor inversión para el transporte público y cabe añadir que el panorama ambiental y de salud que enfrentamos en las grandes ciudades, hace inminente la necesidad de acelerar y priorizar la implementación de sistemas eléctricos.

Hay ciudades, como la CDMX, en las que estos sistemas son altamente viables, especialmente porque ya existe la infraestructura. La red de trolebuses es un ejemplo de transporte público eléctrico que debe fortalecerse, ya que ofrece una mayor sustentabilidad frente a otras opciones basadas en la quema de combustibles fósiles.

La modernización del trolebús podría ser el inicio de una nueva etapa para la movilidad a través de un plan integral para tener auténticos corredores Cero Emisiones, en los que haya una excelente armonía con ciclistas. Contar con carriles compartidos y unidades con capacidad para que los usuarios transporten su bicicleta, como ya sucede en el trolebús de Guadalajara, sería un paso a un esquema funcional de intermodalidad.

El potencial que tiene el trolebús para consolidar una visión de ciudad sustentable en el corto plazo es enorme, puede impulsar distintas formas de movilidad bajo parámetros de alta calidad y seguridad, como ya está sucediendo en otras ciudades del mundo. Para lograrlo se necesitan casi 7 mil millones de pesos que pueden ser asignados para el siguiente año.

Esta decisión está en manos de las personas que integren la nueva administración de Gobierno, así como en legisladores, que tienen un papel relevante en la asignación de recursos públicos. Si así lo quieren (esperamos que asís sea), el 2019 será el fin de una lógica de desigualdad en el presupuesto destinado a la movilidad, en la que tradicionalmente se privilegia el uso del automóvil aún cuando la mayor parte de la población se traslada en transporte público.

*Carlos Samayoa es responsable de los temas de movilidad de Greenpeace México

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