Vestida con una camisa de mezclilla, un tanto sucia por tantos días recorridos, Rudi Yesenia Bonilla narra, en su parada por Puebla, la travesía a la que se ha enfrentado, en la que se ha desmayado cuatro veces, pero sigue de pie para conseguir que su hija tengan un mejor futuro, el mismo que ella hubiese querido tener.

Con notable cansancio, pero muchas ganas de seguir su sueño, la hondureña aseguró que el pueblo mexicano ha mostrado solidaridad con ellos, pues les han brindado alimentos, bebidas y vestimenta.

Por Nallely Guadarrama Castillo y Magarely Hernández

Puebla, Puebla, 5 de noviembre (PeriódicoCentral/SinEmbargo).– La Caravana Migrante llegó a Puebla después de 17 días de que inició su travesía en territorio mexicano. La noche del 3 de noviembre comenzaron a llegar a la entidad miles de centroamericanos que tienen como objetivo cumplir el sueño americano que les promete una mejor vida trabajando en Estados Unidos.

Traen a cuestas la pesadilla que han vivido en sus países de origen y que los ha llevado a internarse en tierras lejanas para mejorar su vida y la de sus hijos. Las historias que se cuentan son innumerables. Una de ellas es la de Rudi Yesenia Bonilla, una mujer que nació en Honduras y quien se vio obligada a huir ante los niveles de violencia.

Con su hija de 14 años de la mano se sumó a la Caravana Migrante para recorrer primero Guatemala, y después México desde Chiapas hasta la frontera norte.

Rudi Yesenia, sentada sobre las colchonetas brindadas en el albergue de la Iglesia de la Asunción, narró que salió solamente con cerca de mil 500 pesos, pero con mucha ambición de poder tener una mejor vida.

Los migrantes descansaron en un albergue que se instaló en la Iglesia de la Asunción, en Puebla. Foto: Mireya Novo, Cuartoscuro

Vestida con una camisa de mezclilla, un tanto sucia por tantos días recorridos, expuso la travesía a la que se ha enfrentado, en la que se ha desmayado cuatro veces, pero sigue de pie para conseguir que su hija tengan un mejor futuro, el mismo que ella hubiese querido tener.

“Lo más complicado ha sido el camino, porque a mí se me daño un pie de tanto caminar, (…) también se me ha bajado la presión, me he desmayado como 4 veces, pero he seguido a delante para llegar a E.U para ayudar a mis hijos”, afirmó.

Con notable cansancio, pero muchas ganas de seguir su sueño, la hondureña aseguró que el pueblo mexicano ha mostrado solidaridad con ellos, pues les han brindado alimentos, bebidas y vestimenta.

Rudi Yesenia, cansada por el viaje, se sobaba los pies mientras y expresaba su deseo de poder llegar a Estados Unidos, y pese a los improperios lanzados por su presidente Donald Trump a los migrantes, se dijo esperanzada de que les den una oportunidad, pues lo único que desea es poder trabajar para darles un mejor futuro a sus hijos.

“Ojalá Trump nos dé una oportunidad de trabajar haya, él no nos quiere haya, pero nosotros vamos con el buen fin de trabajar, soy persona de bien, no voy a hacerle daño a nadie, yo voy a trabajar, que Dios le ablande el corazón”, dijo.

DELINCUENCIA ME COBRABA IMPUESTO

En una de las bancas del parque Aquiles Serdán, frente a la iglesia de la Asunción, Cristian José Castillo recordaba su travesía para llegar a Estados Unidos.

Con tan solo 18 años, el hondureño se arriesgó y salió solo de su país de origen buscando el sueño americano. Con una mochila desgastada y rota en la mano, Cristian José narró que tuvo que huir de Honduras porque no encontraba trabajo, y a veces solo le dejaban laborar uno o dos días a la semana por solo 100 lempiras, lo que equivale a 82 pesos mexicanos.

El joven hondureño, salió de su país con 500 lempiras (413 pesos mexicanos), dinero que pidió prestado para poder emprender su viaje. La pobreza y la delincuencia lo obligaron a dejar Honduras.

Los migrantes narran que los han ayudando, en parques, iglesias y albergues, ahí nos paramos a comer. Foto: Cuartoscuro

Cristian José, explicó que en su país, cobran un impuesto de guerra los delincuentes, una especie de cuota que exigen a los comerciantes para dejarlos vender.

“La pobreza me hizo emigrar, la delincuencia también, luego te quieren obligar a hacer cosas, yo estoy joven no quiero agarrar calle ni vicios, te cobran un puesto de guerra, (…) por ejemplo no puedes poner un negocio porque luego te caen, te cobran el impuesto de guerra”, expresó.

Preocupado por su futuro, el hondureño aseguró que su meta es llegar a Estados Unidos para trabajar y poder tener una mejor vida.

Nos han estado ayudando, en parques, iglesias y albergues, ahí nos paramos a comer. Todos se han portado buena onda en México”, aseguró.

NI LOS PROFESIONALES ENCONTRAMOS TRABAJO

Desde uno de los comedores del albergue, el hondureño Lester Javier Casco, con la cabeza cabizbaja, recordó las carencias sufridas en su país. Pese a que estudio para ser magistrado, nunca encontró trabajo, pues aseguró que el gobierno hondureño vende las plazas y al ser de bajos recursos no hay oportunidad de poder ejercer su carrera.

Con 2 mil lempiras en mano (mil 652 pesos mexicanos), y sin ningún familiar, el hondureño emprendió el viaje desde Guatemala, donde alcanzó a la Caravana de Migrantes, en búsqueda de una vida mejor.

Afirmó que durante su paso por territorio mexicano no han recibido ningún tipo de agresión, pero desgraciadamente en algunas ocasiones entre los mismos migrantes existe discriminación.

“Gracias a Dios no hemos recibido agresiones, (…) nos han apoyado aunque no es su obligación, las agresiones son de los mismos de la caravana, hay de todo tipo de personas, entre ellos mismo pelean, algunos hacen bullying a otras personas”, expresó.

Sin embargo, Lester Javier mencionó que al entrar a territorio poblano, un grupo armado y encapuchado, detuvo el camión y aunque no existió algún tipo de agresión, existe el rumor de que dos camiones están desaparecidos.

“A los camiones los pararon gente encapuchada, casi en la entrada, con marcaras de calavera y rifles exagerados, no sabemos que paso, (…) detuvieron el camión, hasta este momento los rumores dicen que están desaparecidos dos camiones”, dijo.

“LOS MEXICANOS NOS HAN APOYADO”

El salvadoreño Vicente Santiago expresó que debido a la violencia y el desempleo tuvo que salir de su país. Además, aclaró que su objetivo es llegar a Estados Unidos, pues consideró que todos los países latinoamericanos se encuentran en la misma situación económica.

“Todos vamos para Estados Unidos, es muy raro que alguien se quiera quedar aquí, todos sabemos que en Latinoamérica la situación económica está igual, yo ya viví en Estados Unidos y me consta que haya si hay trabajo”, afirmó.

Al municipio de Puebla, arribaron alrededor de mil 600 migrantes, los cuales fueron trasladados a los albergues. Foto: Cuartoscuro

Descansando sentado en las colchonetas del albergue de la iglesia de la Asunción, el salvadoreño aseguró que pese a que los mexicanos no se encuentran contentos con su presencia, los migrantes han recibido apoyo durante su viaje.

“Dejé El Salvador por el desempleo y la violencia, cuesta encontrar un trabajo, (…) he escuchado que no están muy contentos con nuestra presencia, pero nos han apoyado y no he recibido agresiones”, dijo.

Al municipio de Puebla, arribaron alrededor de mil 600 migrantes, los cuales fueron trasladados a los albergues del polideportivo de Xonaca, el templo de San Sebastián de los Lagos y la iglesia de la Asunción.

En este último punto es donde se concentraron la mayoría de ellos, pues más de 650 personas migrantes llegaron a descansar en el lugar que se encuentra en la 45 Norte en la Colonia Aquiles Serdán.

SE ENDEUDARON POR ESTUDIAR

Cristina es madre soltera y salió de Honduras en compañía de sus tres hijos: Naomi, Michelle y Francisco. Cristina llegó la noche del pasado sábado, en medio de la lluvia, al albergue que fue habilitado en la Capilla de San Juan de Los Lagos. Acostada en las colchonetas que les proporcionaron y tapada con las cobijas, cuenta que decidió salirse de su país porque a pesar de que trabajaba, no le alcanzaba el dinero para sostener los estudios de sus tres hijos.

“Era una calamidad, no podía, los tenía estudiando a los tres”, comentó.

La mujer y sus tres hijos estaban en un refugió que se encuentra en la parte trasera de la iglesia, destinado solo a mujeres y niños. Comentaron que se sienten mucho más tranquilos pues al fin, pudieron dormir calientitos y bajo un techo. Cristina aseguró que, por un momento, pensó en regresarse porque vio cómo varios niños se asfixiaron y a otros, los atropellaron, pero se puso a pensar, “solo Dios sabe si puedo llegar hasta cierta parte para trabajar y ganar un poquito más para salir adelante”.

Un albergue fue habilitado en la Capilla de San Juan de Los Lagos. Foto: Cuartoscuro

Michelle, la mayor de sus hijas, quien está acostada al pie de su mamá mientras sus hermanitos juegan, dijo que apoyó la decisión de su mamá porque ella veía cómo por tenerlos estudiando, pedía préstamos y no podía pagarlos.

“Mi mamá allá, en Honduras, tenía préstamos y no los podía pagar por lo mismo de tenernos estudiando a los tres. Yo estaba en sexto, mi hermanito en tercero y mi hermanita estaba en preparatoria, no pudimos terminar el año por lo mismo, porque mi mamá me dijo: vámonos, en el nombre sea de Dios, solo Diosito sabe lo que estamos sufriendo acá y nos vinimos y gracias a Dios no nos ha pasado nada”, relató Michelle.

Lo más difícil que han pasado Cristina y sus hijos, es aguantar el frío. Solo descansan en las noches. Michelle y Cristina, en ocasiones no duermen, pues tienen que cuidar a los dos pequeños.

Mientras se realizaba la entrevista, afuera estaban sirviendo comida pero Cristina dijo que prefería quedarse acostada y tapada. Durante la noche, les agarró la lluvia y se mojaron las cobijas, motivo por el cual comenzaba a sentirse un poco mal.

La mañana de este lunes continuaron su camino hacia la Ciudad de México. Si Cristina logra conseguir un empleo estable que le permita pagar vivienda y la escuela de sus hijos, se queda en México pues no tiene un destino fijo en Estados Unidos.

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