Tal vez tener mucho dinero a base de monopolios nuble razón, la coherencia o la agilidad mental. De otra forma no se entiende como el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, no reconozca los privilegios que ha recibido desde el Estado que le han permitido aumentar a lugares insospechados su inmensa fortuna.

¿Cómo empezó Carlos Slim su acumulación de riqueza? Ríos de tinta se han escrito al respecto, pero es bueno recordar que fue Carlos Salinas de Gortari quien le ofreció en bandeja de plata comprar Telmex por debajo de su valor real. El señor Slim pagó solo 442.8 millones de dólares para controlar Telmex, una empresa cuyo valor oficial estaba calculado en casi 8,000 millones de dólares y que en los siguientes cuatro años obtuvo utilidades por más de 31 billones de pesos.

¿Qué le dio Slim a Salinas de Gortari a cambio de esta ganga? No lo sabemos con certeza, aunque Slim mismo afirma en su página oficial que no otorgó favor alguno a su benefactor: “¿Un favor a cambio de qué? Algunos dijeron eso y se manejó con cierta insistencia. Vamos a ver, decían que era socio, creo que si alguien va a hacer un negocio es absurdo comprar una empresa por encima de su valor, a ocho mil 600 cuando la puede comprar a mil. No sé si estamos de acuerdo en eso”.

Slim gana 27 millones de dólares al día, justamente los 27 millones de pobres alimenticios que hay en México. El hombre más rico del mundo habita este mundo en otra dimensión. No tiene la cercanía necesaria con la gente para saber que se siente tener hambre como los tarahumaras en Chihuahua o los ixtleros del Sur de Nuevo León.

Pero sorprende su pérdida total con la realidad. Es un síntoma ciertamente importante a tratar, digno de un psicoanalista. ¿Cómo es posible que a estas alturas de su monopolio en telecomunicaciones: 80 en telefonía fija y 70 en móvil, descalifique el estudio de la OCDE diciendo que son “jaladas de los pelos”?

Peor aún, se burla de la inteligencia de los ciudadanos al negar que lo suyo no son los monopolios: “Cuando en un país alguien tiene 80 por ciento del mercado, es que otro tiene 20 por ciento; entonces, hay competencia”. Competencia habría si él tuviera ese 20 por ciento y las otras compañías el mismo porcentaje, pero él ostenta de manera ostentosa el 80 y 70 por ciento de la telefonía en el país.

Los gobiernos del PRI y del PAN le han permitido ir acumulando la concentración del mercado de las telecomunicaciones. El estudio de la OCDE sobre Políticas y Regulación de Telecomunicaciones en México afirma lo que ya todos sabemos: que los servicios de Telmex y Telcel son deficientes, con unos precios excesivos y rentas caras.

Slim gana desde hace varias décadas. Su fortuna  fue de 74 mil 500 millones de dólares en 2010; 15 mil 500 millones de dólares más que en 2009. Slim gana y gana; nosotros, los consumidores, perdemos desde que él controla la mayor parte del mercado.

Somos sus rehenes, porque como bien dice su publicidad, todo el territorio mexicano es territorio Telcel y si el ciudadano no cuenta con una línea suya sencillamente se quedará incomunicado. La OCDE señala un panorama terrible para México debido a esta concentración, particularmente porque el sistema de concesiones es cerrado y está lleno de barreras para poder acceder a la libre competencia.

El Estado sigue protegiendo al señor Slim y sus negocios, su concentración de riqueza incluye la concentración de poder y bien se sabe que él ha otorgado de manera generosa recursos a los candidatos de distintos partidos políticos para que cuando lleguen al poder le permitan conservar y aumentar sus privilegios. Andrés Oppenheimer dice en su libro México en la frontera del Caos que otorgó 25 millones de dólares a la campaña de Salinas. Se trata de un círculo vicioso entre el empresario y los distintos políticos.

Su vínculo con Salinas de Gortari le dejó grandes ganancias. En 1991 permitió que el aumento en el servicio telefónico fuera del 247 por ciento y así sucesivamente.

El problema es estructural y tiene que ver con instituciones como la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y la Cofetel, cuyas atribuciones en esta materia son confusas y poco claras y siguen permitiendo la concentración del mercado de manera irremediable.

Además de sus monopolios en telecomunicaciones, el señor Slim tiene más de 200 empresas, entre las que se encuentran Inbursa, Sanborns, Sears; y es accionista de otras decenas más como MixUp, The New York Times, OfficeMax y Apple. En los últimos 10 años ha invertido 60 mil millones de dólares en el mundo, lo que convierte a su grupo empresarial en el que más inversiones ha realizado en el planeta.

Y quiere más, no tiene limite, por eso ahora lucha por una televisión abierta y  critica al duopolio televisivo de Televisa y TV Azteca. Un monopolista criticando a otros monopolistas. El colmo de los colmos. Seguramente conseguirá su objetivo y tendrá su tele abierta con sus millones.

Pero tengo una duda: ¿En qué momento el señor Slim perdió el contacto con la realidad? En su página oficial dice “El empresario es un administrador temporal de la riqueza”. ¿Temporal?…  Ojalá así fuera. ¿Cuánto tiempo más necesita para empezar a regresar al pueblo de México lo que le dio a ganar  a manos llenas durante estos años, señor Slim?

El señor Slim es un reconocido filántropo, benefactor generoso y magnánimo cristiano movido por un espíritu altruista. Sus fundaciones y obras de caridad son publicitadas, pero esas gotas de piedad, poco cambio generan en el océano de pobreza, en el que él y otros privilegiados como él y los distintos gobiernos, han convertido a México.

Si de verdad el señor Slim quiere ayudar a mejorar la calidad de vida de los mexicanos, podría empezar bajando un 247 por ciento los precios de su telefonía fija y celular. Y tal vez, empezar a liberar el mercado que se ha encargado de someter. También podría iniciar empresas sustentables con una política social que beneficie particularmente a sus empleados a quienes por cierto les paga poco y mal; y por supuesto a sus clientes. Es importante tener presente los tres elementos: sociedad, ambiente y economía.

Y una duda más: ¿Para qué quiere tanto dinero, señor Slim? Ya aseguró a varias generaciones de su familia. ¿Qué más desea? ¿Cuál es el límite de sus ambiciones? ¿Hasta dónde llega su plutocracia? ¿Cuántos millones más quiere acumular de manera insensible mientras la mitad de los mexicanos vive en la pobreza?

Como generador de riqueza, el hombre más rico del mundo olvidó una cosa importante: repartir, no concentrar. Repartir equitativamente, ese es el mensaje.