El flujo de migrantes sin autorización legal por la frontera se ha reducido bajo la administración de Donald Trump, que ahora ha prohibido el ingreso de personas con motivo del coronavirus, además de la medida ya existente con que obligaba a todos los solicitantes de asilo a esperar en México.

NOGALES, México, Apr 6 (AP).- Las nuevas políticas fronterizas de Estados Unidos, ahora aunadas a la pandemia del coronavirus, están frustrando las labores humanitarias hacia los migrantes que desde hace décadas realizan organizaciones católicas en la frontera con México.

El otrora nutrido flujo de migrantes sin autorización legal por la frontera se ha reducido bajo la administración de Donald Trump, que ahora ha prohibido el ingreso de personas con motivo del coronavirus, además de la medida ya existente con que obligaba a todos los solicitantes de asilo a esperar en México.

La propagación del COVID-19 ha llevado a una organización, la Kino Border Initiative, a cerrar su oficina en Nogales, Arizona. Sin embargo la entidad mantiene su compromiso de seguir funcionando en México, donde en la ciudad también llamada Nogales, ayuda a los migrantes cuyas solicitudes de asilo han sido denegadas por Estados Unidos.

“Ha habido cierta resistencia a este ministerio hacia los migrantes y los refugiados”, declaró el sacerdote jesuita Sean Carroll, director de la agencia. “Pero nuestro compromiso con el bien común no acaba en la frontera, todos somos seres humanos”.

Hace unos meses, antes de la pandemia, la organización de Carroll inauguró un amplio centro de ayuda a migrantes en México. Carroll _quien trabaja de tiempo completo en México_ esperaba ampliar el servicio de dos comidas diarias que había estado ofreciendo a los cientos de migrantes en una destartalada cafetería al otro lado de la calle.

Ahora, ante el peligro del COVID-19, ninguna de las dos instalaciones está siendo usada como comedor. En lugar de ello, los migrantes hacen fila afuera de los dos edificios y uno por uno recibe la comida.

Carroll también ha dejado de oficiar la misa que antes ofrecía en la cafetería y ha pedido a sus voluntarios que no acudan a trabajar, dejando sólo a un pequeño grupo de personal permanente. Recientemente hizo un llamado para donaciones de mascarillas, guantes de hule, gel antibacterial y otros suministros médicos.

“Estamos trabajando con gran diligencia y coraje bajo circunstancias sumamente difíciles”, escribió en su pedido de ayuda.

Circunstancias similares agobian al Hope Border Institute, con sede en El Paso, Texas, y regido por el activista católico Dylan Corbett.

Al otro lado de la frontera, en Ciudad Juárez, México, miles de solicitantes de asilo esperan en refugios y campamentos atestados, tratando de ingresar a Estados Unidos.

Corbett sostiene que su agencia trata de ayudar a esos migrantes, incluso algunos que no pueden entrar en los refugios bajo cuarentena.

“La carga más pasada ahora ha pasado a Juárez, pero para muchas personas si no lo ven, no hay problema”, expresó.

“Hay mucho sufrimiento al otro lado de la frontera, pero cuando los ojos de la nación ya no están en este tema, la labor se hace sumamente difícil”, añadió.