Mujer migrante cruza entre tormenta de arena el Río Bravo la frontera en Juárez.

“Como se describió arriba, la situación socioeconómica para muchas personas migrantes en México ha sido mucho más precaria durante la pandemia de COVID-19 que antes”. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro

Por Joscha Isenmann y Fernando Baquedano

@SinFronteras_1

Desde hace 13 meses, el mundo se encuentra en las manos de la pandemia por COVID-19. La enfermedad y las restricciones que son altamente necesarias para detener la propagación del virus, cambiaron casi todas las áreas de nuestras vidas. En este texto quiero dar una visión, sobre cómo la pandemia ha cambiado el acceso al empleo y a la vivienda (ambos siendo derechos humanos) para personas migrantes o sujetos a protección internacional en México.

Ni la pandemia de COVID-19, con todos sus cierres de fronteras y restricciones ha logrado detener la migración. Tal vez, durante la pandemia menos personas han podido salir de sus países de origen y los que salieron, fueron menos percibidos que en otros tiempos, sin embargo, la movilidad humana ha ocurrido en todas las épocas de la historia y es un hábito tan natural, que tenemos que aceptarla como un hecho, aún en tiempos de crisis.

Tal como la movilidad humana no ha cesado, las personas migrantes que quieren construir su nueva etapa de vida en México deben continuar con sus procesos de integración. Sin embargo, éstos se vieron afectados gravemente por la pandemia, por ejemplo, por el cierre de actividades educativas, restricciones en el acceso a servicios de salud o por la falta de oportunidades para conocer a nuevas personas y crear redes de apoyo.

Un factor, que impactó en especial a la población migrante, fue los cambios en el mercado laboral en México. Para eso, se debe entender que gran parte de la población migrante es vulnerable. Eso quiere decir, que sufren de diversos factores que les dificultan el acceso a sus derechos básicos en México, entre ellos un nivel bajo de educación, pobreza, poco conocimiento del idioma castellano o el sufrimiento de discriminación a causa de xenofobia y desconfianza. Por esos factores es complicado acceder a empleos formales. Por ello, gran parte de la población migrante tradicionalmente labora en trabajos informales, los cuales no cuentan con horarios fijos, un sueldo digno y regular o el acceso a un seguro médico. De repente, la única opción de obtener un ingreso regular fue acceder al mercado laboral formal, el cual cuenta con bastantes obstáculos para que personas migrantes lo puedan acceder: En muchas empresas piden un nivel de estudios alto, un documento migratorio permanente o, en pandemia, dispositivos electrónicos y un espacio apto para trabajar desde casa.

Por eso, en Sin Fronteras IAP intentamos apoyar a las personas migrantes y sujetas a protección internacional en acceder a un empleo digno y formal, preparándolos para un proceso de selección donde uno debe entregar un Currículum Vitae elaborado y convencer en una entrevista laboral. Otra parte muy central en este trabajo es la Red de Aliados Solidarios para el Empleo (RASE), un conjunto de personas y organizaciones que apoyan al fortalecimiento de las capacidades para el empleo de las personas extranjeras en situación de vulnerabilidad, que son beneficiarias de Sin Fronteras IAP, para mejorar su integración a la sociedad mexicana.

Como se describió arriba, la situación socioeconómica para muchas personas migrantes en México ha sido mucho más precaria durante la pandemia de COVID-19 que antes. Esto también se vio reflejado en el tema de la vivienda: la gran mayoría de las personas migrantes vive en espacios rentados y debido a empleos precarios y temporales, para muchas personas no ha sido posible ahorrar algún recurso para el futuro. La pérdida de la vivienda entonces se vuelve una amenaza constante y no todas las personas migrantes cuentan con propietarios que entienden o disculpan un pago atrasado o incompleto. Otro factor importante es, que debido a la situación económica precaria, muchas personas migrantes no cuentan con un espacio amplio para resguardarse o con las herramientas para realizar un trabajo en home office. Así, el “Quédate en Casa” se vuelve mucho más difícil de cumplir, cuando las personas viven sin privacidad en un mismo cuarto y con la presión de no tener un ingreso fijo.

Es un hecho que la vivienda y el empleo son dos de los factores más importantes en el proceso de integración de una persona migrante. Una vivienda digna no sólo brinda un lugar para vivir, sino significa tener un espacio seguro y acogedor, situación que las personas migrantes no gozaron en sus países de origen y por la que decidieron salir de ellos.

Finalmente, la integración de la población migrante se debe entender como un beneficio para el país y para los mexicanos, ya que puede contribuir a la economía, la diversidad y a construir un país más humano y justo.