Al menos 11 de las víctimas encontradas desde 2011 en Ciudad Juárez fueron secuestradas por una red criminal de trata que opera en las calles del Centro de Ciudad Juárez. Así lo consignan testigos que han aportado sus versiones a la Fiscalía y que describen la forma en que se les “enganchaba”, para después obligarlas a realizar trabajo sexual.

El mercado Reforma es el primer punto de la extensa escena de este crimen que busca establecer la investigación ministerial. El siguiente es una vecindad de dos pisos ubicada unas seis cuadras al poniente, en Melchor Ocampo 133, casi esquina con 16 de Septiembre y que, dice la acusación, funciona como casa de seguridad de elementos de Los Aztecas; un sitio donde guardan droga, dinero y a las mujeres víctimas después de los secuestros.

Todo esto sucede a sólo ocho cuadras de la estación Delicias de la Policía Municipal.

A las muchachitas, a las víctimas, dicen los testigos, las usaban también elementos de las fuerzas federales, militares, policías locales…

Foto Alicia Fernández

Inmediaciones del mercado Reforma. De acuerdo con la acusación, aquí ocurrió el secuestro de varias víctimas. Foto: Alicia Fernández

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Ciudad Juárez, Chihuahua, 6 de julio (SinEmbargo).– En la entrada sur del mercado Reforma, entre las calles Noche Triste y La Paz, cientos de maniquíes exhiben sobre las banquetas pantalones de mezclilla y decenas de ganchos ofrecen playeras de hasta tres por 120 pesos. Ropa de todos colores cubre a primera vista las despintadas fachadas de dos pisos de ese cruce ubicado una cuadra al norte de Francisco Javier Mina y a un lado de la Catedral y la Plaza de Armas. Decenas de jóvenes, hombres y mujeres, atienden los negocios. Decenas más los vigilan. Hay puestos de todo tipo en las aceras, de dulces, lentes, discos, comida periódicos, revistas. Hay también estéticas, joyerías, tiendas de novias y, como en varias calles más de este primer cuadro de la ciudad, vecindades derruidas y prostitutas.

Las pistas encontradas desde 2010 en este cruce por Norma Laguna fueron confirmadas. De acuerdo con la acusación que presenta ahora la Fiscalía, la red de trata que opera en la zona Centro secuestró a la mayoría de las víctimas, efectivamente, en los alrededores del mercado Reforma, entre los locatarios, vendedores, clientes y oficiales armados que patrullaban entonces.

“La trata era investigar a muchachas que trabajaban ahí en la zona Centro, en los puestos de los Quiroz (frente al mercado), puestos de comida, estilistas, por lo regular eran muchachas de 13, 14, 16 años, 18, esas muchachas se mandaban a pedir directamente de Chihuahua, Estados Unidos, ya se encargaban de buscarlas, tomarles fotos, investigar qué familia tenían, en qué trabajaban, si eran policías o no, hasta la gente que estaba muerta se investigaba para, por un lado, de eso amenazarlas”, declaró en junio ante el Tribunal Oral uno de los principales testigos de la Fiscalía, identificado como LJRL y presunto integrante de la misma red criminal hasta su detención, en 2013.

En otras ocasiones, agregó el mismo testimonio, invitaban a las víctimas a bailar a la Avenida Juárez o, en otras, él mismo las “enganchaba” haciéndose pasar por un menor perdido y “cuando me acompañaban, ya ellos estaban ahí afuera de la troca, esperando a que llegáramos y ya, las subían contra su voluntad”.

La teoría que busca probar la Fiscalía describe un organigrama encabezado por un hombre identificado como Adrián Roldán de la Cruz, “Miguelito” o “Z1”, que murió en abril de 2013 luego de un enfrentamiento con agentes ministeriales que lo buscaban por presunta extorsión. Como su “brazo derecho” fue señalado Jesús Hernández Martínez, alias “el Gordo Maloso”, que sería encargado de trasladar a las víctimas a realizar el trabajo sexual, cobrar y vigilarlas; Víctor Chavira, “El Chino”, hoy fallecido y dueño de una tienda de botas ubicada frente al estacionamiento del mercado, las habría “enganchado” con ofertas de trabajo; Manuel Vital Anguiano, “Don Meny”, y José Gerardo Puentes Alva, “El Gera”, también les ofrecían empleo; César Félix Romero, “Félix”, vigilaba la prostitución; Edgar Jesús Regalado Villa, “El Piwi”, y Jesús Damián Pérez Ortega, “Patachú”, las seducían o secuestraban, en lo que también participaba José Antonio Contreras Terrazas, “El Koyac”, además de otros no incluidos en este juicio, como Pedro Payán Gloria, alias “El Pifas”, o Eduardo Sánchez Hermosillo, “El Flaco”.

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Vecindad en calle Melchor Ocampo 133, que un testigo dice es casa de seguridad la pandilla de los Aztecas. Foto: Alicia Fernández

El mercado Reforma es el primer punto de la extensa escena de este crimen que busca establecer la investigación ministerial. El siguiente es una vecindad de dos pisos ubicada unas seis cuadras al poniente, en calle Melchor Ocampo 133, casi esquina con 16 de Septiembre y que, dice la acusación, funciona como casa de seguridad de los Aztecas; es decir, para guardar droga, dinero y a mujeres víctimas después de los secuestros. Todo, a ocho cuadras de la estación Delicias o Centro, de la Policía Municipal.

Las piezas fueron descritas en la sala 2 de Juicio Oral de este Distrito Judicial Bravos a través de la voz distorsionada de LJRL. Hoy de 19 años, el joven respondió al interrogatorio desde una sala contigua y sólo ante las jueces. Ahí, declaró haber conocido las actividades de La Línea desde los ocho años, cuando un integrante de este grupo criminal, también dedicado a la venta de drogas y a la trata de personas, lo adoptó de manera informal. A partir de 2008, agregó en su relato, conoció a integrantes de la pandilla de los Aztecas y uno de sus modus operandi.

“La levantaron el Patachú y el Piwi, ahí en La Paz y Mina, y se la llevaron de ahí, no sé cómo, no sé si la subieron a una troca o no (como indican otros testimonios), si se la llevaron caminando o no, pero a mí me avisaron por radio que ya la habían levantado”, dijo el testigo sobre Idaly Juache.

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Norma Laguna, madre de Idaly Juache. Una las primeras en encontrar las pistas en el exterior del mercado Reforma. Foto: Alicia Fernández

–Después de que se entera usted que la levantan, ¿a dónde se la llevan? –interrogó el agente del ministerio público.

–A la vecindad.

–Luego menciona usted que le dan unos golpes, si mal no recuerdo ¿el Patachú?

–Así es.

–¿Usted vio?

–No, el Piwi me habló por radio y me dijo que ya tenían a la ‘31’ ahí en la vecindad, y me dijo que me pusiera trucha si miraba cajas o no, o sea, cámpers de policía, y ya me dijo “aquí está ya golpeándola y a ver qué pasa ahorita”, y pues ya me colgó el radio y ya bajé como a las, casi como a la hora después de eso y ya no estaba.

–Y nos recuerda por favor ¿quién es quien la levanta a esta joven propiamente?

–El Piwi.

–¿El Piwi?

–Así es, se la había mando pedir El Negro, el patrón propiamente, el patrón directo del Pifas, se la pidió pues como está ahorita en la fotografía, pelo rizado y el cuerpo que tenía, no quiero decir obviamente el cuerpo, verdad, pero ya El Piwi la había mirado, ya la tenía localizada, ya tenía la información de ella, como una semana ya investigándola y ya, la levantó y se la llevó para la vecindad.

–Cuando a ella la llevan a la vecindad, ¿usted la ve?

–Así es.

–Y una vez ahí, ¿qué es lo que usted mira?

–Cuando me salí fui a dejar mercancía a los puntos donde se vendía, ya regresé como a los quince minutos otra vez, como media hora más o menos, a recoger otra vez mercancía y a guardar el dinero, y ya no estaba (…) No sé a dónde se la llevó, no sé si la mandó a Chihuahua a prostituirla, pero sí, tengo entendido que sí, porque El Negro la había mandado a pedir, pero no me comentaron si sí la mandaron para allá a prostituirse.

–Desde su experiencia y como trabajador de ese grupo que usted menciona, cuando hacían los levantones, ¿de qué forma lo hacían, de manera violenta?

–A veces de manera violenta, o a veces, pues es que El Piwi procuraba mejor enamorarlas, ya el Patachú, El Piwi los demás ya saben cómo hacerle, se enamoraban, se confundían y con un engaño se llevaban a equis lugar y ya las levantaban, o a veces sí, a la fuerza.

–¿Era común que se las llevaran a otros lugares?

–Nada más tengo entendido que se las llevaban a Chihuahua o a Estados Unidos, o a veces se las dejan ahí mismo a los jefes, en las casas de seguridad que tienen ellos.

El espacio crítico y el ambiente de vigilancia clandestina que contribuyó por años al silencio en esta zona fueron descritos con mayor precisión cuando el mismo testigo declaró ante el tribunal lo que sabía sobre Deisy Ramírez.

–A ella ¿por qué la levantan?

–Creo que andaba hablando cosas de los Aztecas, que viene siendo El Pifas, el Patachu, el Piwi, el Yeyo, el Erick…

–¿Cómo qué cosas?

–Pues la movida que hacía uno. Es que esta gente no es una gente que se cuide, simplemente toda la gente del Centro, siendo comerciantes, taxistas, ruteros, checadores de las rutas, los que están en los puestos trabajando, sabe quiénes son los Aztecas, quiénes traen “el power”, quiénes son los que mandan ahí y saben también que ellos se dedican a la trata de blancas, o sea secuestrar chavitas y ponerlas a prostituirse fuera de aquí de Ciudad Juárez, ella andaba hablando quiénes eran los que vendían, los que extorsionaban, “mira que el checador es halcón, así como la ves tú”, andaba diciendo ella, y pues los rumores nos llegaron a nosotros y el Pifas dio la orden de que fueran el Patachú, el Piwi y a como cinco minutos bajó El Pifas (de la vecindad al mercado) y fue cuando la levantaron.

Al describir lo ocurrido a Jéssica Leticia Peña, el testigo agrega que el comerciante Víctor Chavira, “El Chino”, habría empezado a entregar a solicitantes o empleadas de su negocio de botas a cambio de no pagar la extorsión impuesta por los Aztecas.

–A esa muchacha se le levantó por órdenes del Chino, duró como dos meses trabajando con él, ahí en las tortas, y la misión de él era siempre estar contratando muchachas ahí en esos lugares, siempre tenía locales afuera de que se busca personal, muchachas de 18 años, y ya decía ahí la escuela que requerían, primaria, secundaria, y pues nomás que fueran trabajadoras y todo eso, y ya de esa manera una vez nada más habló Pifas y ya, dijo que ya estaban investigadas, que sí se podía dar luz verde para mandarlas para Chihuahua y ya de esta manera la levantaron el Pifas, el Patachú y el Piwi.

–¿Por qué dice que la entregó El Chino?

–El Chino trabajaba con el Pifas, tenía locales de botas, y porque no le cobraran la extorsión así empezó a trabajar, después empezó a entrar en el sentido de entregar chavitas de 17, 16 años para la prostitución…

DOBLE CRIMEN EN OCAMPO 133

La vecindad a la que alude el testigo en el juicio sigue abierta, sin vigilancia. Una puerta metálica conduce a un pasillo polvoriento que al fondo tiene una escalera y, a ambos lados de la parte superior, otros dos pasillos con viejas puertas de madera. Un enclenque pasamanos negro protege del vacío. Un hombre que se identifica como Ángel García atiende al llamado en una de las habitaciones y, al solicitársele una entrevista sobre lo que se expone en el juicio, dice que ya estado ahí la Fiscalía preguntando y no saber más que la condición para rentar es que los clientes tengan un trabajo. Sobre mujeres jóvenes que llegaran, respondió no rentar a desempleados menos a menores. “Sólo tratamos de evitar problemas”, dijo.

La versión del testigo protegido LJRL, sin embargo, indica que, en 2011, supo que ahí se cometieron al menos dos feminicidios. Uno contra Jusalet Alejandra de la Cruz, de 16 años, y otro contra Nancy Gómez, de 19, asesinadas a golpes, cuchilladas y sus cuerpos abandonados en el viaducto Gustavo Díaz Ordaz, el 12 de agosto.

–Fueron levantadas igual; una de ellas era novia del Patachú, igual, el Patachú le sacaba una mercancía para que se las guardaran, pero se la robaron, y anduvieron en lo que es el ‘Sanzur’, en ‘La Playa’, en ‘La Cueva’, en ‘El Chess’, gastando todo el dinero, pichándole a todos ahí bebidas alcohólicas. Y a nosotros nos avisaron los halcones que hay dentro de esos bares, y así de esa manera fue el Patachú, El Piwi, yo y El Pifas a esos antros, y las invitaron a bailar, a tomar y tomar, sin que ellas supieran que uno ya sabía que ellas habían robado el dinero. Yo me fui a mi casa, donde estaba viviendo con mi esposa y mi hija, y desde como a las cuatro de la mañana me habló otra vez el Pifas, que me fuera para la vecindad. Cuando llegué entré y ya tenían a las muchachas ahí, las estaban golpeando; me salí para afuera para ver que no pasara nada de policía o equis cosas, después de eso, como a los 15 segundos salieron ya lo que es Pifas, Patachú, Piwi y el Koyac, ya con las mujeres muertas en unas bolsas azules, y a una de ellas que se le salía el pelo del zíper…

–Y ¿qué hicieron con ellas? –preguntó el agente del ministerio público.

–A esa hora, como a las cuatro y media, cuatro cuarenta, nos fuimos por el Viaducto, ahí bajando del Smart Altamirano, y ahí las tiraron, bajando.

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Exterior del Hotel Verde, donde varias de las víctimas de la presunta red de trata fueron vistas entre 2009 y 2010. Foto: Alicia Fernández

TRATA A LA LUZ DEL DÍA

El tercer punto crítico del crimen identificado en el juicio, con base en las pistas encontradas desde 2010 por las familias, es una negociación denominada Hotel Verde, un edificio de tres pisos ubicado seis cuadras al norte de la vecindad, en el cruce de las calles Mariano Samaniego e Ignacio Manuel Altamirano, en la colonia Bellavista, ya casi frente al río Bravo. Ahí, de acuerdo con diversos testimonios presentados en el juicio, entre 2008 y septiembre de 2010 fueron vistas las víctimas, algunas intoxicadas con un disolvente conocido como “agua celeste” –identificable porque se inhala a través de un trapo– y todas ofreciendo servicios sexuales. Entrevistas recabadas entre los vecinos completan un panorama en el que, en ese periodo, los años más violentos y de mayor cantidad de elementos armados patrullando, entre la Ignacio Manuel Altamirano y la parte oeste de la avenida Juárez, entre las tapias, vecindades y baldíos, caminaban decenas de jovencitas ejerciendo la prostitución. Hombres vigilando son parte también de lo que se describe. “Se veía que eran menores. Venían señores de El Paso y se las llevaban, pero eran muchachitas”, dice una persona entrevistada en los alrededores del hotel. “Había un padrote ahí que les daba droga, y la recepcionista también, se las vendía, y ahí andaban, en traje de baño”, agregó el testimonio a SinEmbargo.

María García, madre de Jéssica Peña García, llegó al Hotel Verde desde los primeros días posteriores a la desaparición de su hija, en 2010, cuando se dedicó a buscarla entre los bares y hoteles de la zona Centro y así dio con la recepción, donde vio menores desnudas salir de una de las habitaciones. En su búsqueda en la zona, agregó García, también identificó a Jesús Hernández, señalado igualmente por varios otros testigos como vigilante de este prostíbulo. La madre de Andrea Venzor narró también un encuentro entre un conocido y su hija que habría tenido lugar en las inmediaciones de la misma negociación. “Él la detuvo de la muñeca, le dijo: ‘Andrea, regresa a tu casa, tu familia te busca, si vieras cómo está tu mamá’. Y m’ija se tapaba la nariz con el brazo y le dijo: ‘Yo no soy Andrea’, y él le respondió ‘cómo no te voy a reconocer, tu sonrisa, tus labios, tu voz’. Pero ella dijo ‘no, no soy”, publicó El Diario al reportar el testimonio en la audiencia judicial. “Él le dijo ‘vámonos, Andrea, tu familia te necesita, tu mamá sufre mucho, te busca mucho’. Entonces m’ija le dijo: ‘mira, sí soy yo, pero ¿sabes qué?, por favor no le digas a mi mami dónde me viste, no le digas”.

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El Hotel Verde, clausurado desde 2010, después del homicidio de dos policías federales en el exterior. Foto: Alicia Fernández

El fenómeno de la trata de jovencitas era tan abierto en esta parte de la ciudad, dice Santiago González, coadyuvante de la Fiscalía en la acusación, que fue incluso captado por la cámara del vehículo de la compañía Google que, en abril de 2009, recorrió las calles de la colonia. Ahí, dijo el abogado en entrevista, a dos cuadras del Hotel Verde, se puede observar a plena luz del día a cuatro menores reunidas en la esquina, vestidas con ropa sugestiva y tratando de no ser vistas. Tres de ellas están sentadas; una volteada de perfil, dos más con la cabeza entre las rodillas. Una cuarta aparece de pie en la imagen, dando la espalda. A un lado de ellas, hace notar González, aparece un hombre vestido con pantalón corto de mezclilla, playera de tirantes blanca y cachucha. Su media filiación, agrega el abogado, corresponde con la de Eduardo Sánchez Hermosillo, “El Flaco”.

Los rastros del crimen quedan relativamente claros hasta esta parte del Centro Histórico de la ciudad, que fue descrita en el juicio por los peritos de la Fiscalía como una “zona de confort psicológico y físico para los agresores, donde conocían atajos y movimientos para llevar a cabo sus delitos”.

El Fiscal estatal para la Investigación de Crímenes de Género, Ernesto Jáuregui, explica en entrevista con SinEmbargo que a los seis acusados, además de la red de trata, se les está acusando también del asesinato por considerarse este delito como “una consecuencia lógica y natural de todas las acciones de captar, enganchar, mantener y vigilar la explotación” de las once víctimas. Privadas de la vida en su mayoría por un traumatismo cráneo–encefálico, o un golpe contundente en la cabeza, los motivos por los que habrían sido asesinadas, agregó en entrevista, podrían ser diversos, desde que las jóvenes se enfermaran, embarazaran o fueran adictas.

Pero lo cierto es que lo ocurrido después de la zona Centro, confirma Santiago González, está pendiente aún de ser resuelto. El lugar donde ocurrió cada una de las ejecuciones y aun quiénes las cometieron son parte de los huecos. Hay datos para suponer que a varias las trasladaron atadas, dicen los coadyuvantes. Y Lupita Pérez Montes, por ejemplo, agrega información de la Fiscalía, fue vista con vida en El Valle de Juárez.

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Ernesto Jáuregui, fiscal especial para la Atención de Delitos de Género del Estado de Chihuahua. Foto: Alicia Fernández

‘LAS USABAN PARA PLACER’

Entre 2008 y hasta al menos 2012, si algo había seguro camino El Valle desde Ciudad Juárez es que había que pasar por inspecciones militares colocadas a lo largo de la carretera federal 2. Había un retén en San Agustín, en el kilómetro 29, junto a un balneario; hubo otro temporal en Loma Blanca y un campamento militar permanece aún ocupado en El Porvenir. La salida sur a Chihuahua está también igualmente vigilada por un puesto de revisión obligado para casi todos los conductores.

En ese contexto, la interrogante: si los integrantes de la pandilla de los Aztecas, que presuntamente trabajan para La Línea o el Cartel de Juárez, estaban secuestrando mujeres jóvenes en la zona Centro, que está bajo su influencia, ¿cómo fue que las trasladaron al Valle de Juárez, zona no sólo presuntamente controlada por un grupo rival, el Cartel de Sinaloa, sino además intensamente patrullada e inspeccionada por miles de militares y policías municipales, estatales y federales?

Una probable respuesta es también la versión del testigo LJRL, que en más de una ocasión durante su interrogatorio declaró ante el Tribunal Oral que la organización criminal contaba con la protección de oficiales de todos los niveles. “A veces me tocaba pagarle a la Policía Municipal, Federal, Estatal, aparte siempre por radio estábamos comunicados y nos estaban diciendo lo que pasa, qué tan ‘caliente’ está El Valle, dónde andan los ‘doblados’ (o Artistas Asesinos, pandilla rival), qué andan haciendo. Al igual nosotros sabemos y tenemos que estar listos o truchas por si se calienta el jale”, dijo.

–Ustedes en su labor, ¿tenían comunicación con soldados? –le interrogó uno de los defensores.

–El Pifas.

–Que usted conozca, ¿qué tipo de comunicación tenía?

–Con los soldados de Chihuahua.

–¿Con los de Chihuahua?

–Así es.

–¿Y con los de aquí?

–No, con los de aquí no, que yo sepa.

–Para clarificar, ¿por qué tenia comunicación con los soldados el Pifas, como usted lo refiere?

–Porque era un punto en donde también se les llevaban las mujeres, a veces las pedían para un día o dos para placer, como se le pueda decir, o simplemente a veces ahí se quedaban con ellas, era un punto donde también se guardaban las muchachas mientras se trasladaban a Estados Unidos o a donde se fueran a llevar.

–Desde su conocimiento, usted menciona que en el Arroyo del Navajo iban y las tiraban, ¿correcto?

–Así es.

–¿Y mencionó que hombres y mujeres?

–Así es.

–Entonces, ¿nos puede precisar dónde las mataban?

–En la vecindad o en casas de seguridad que tenían cerca del Valle también, en Zaragoza, Parajes de San Isidro, para Anapra, esos lugares solamente recuerdo.

RED PARA LA GUERRA

En la entrevista, el abogado González explica que algunos acusados de esta presunta red de trata, como Manuel Vital Anguiano, aparecen en las denuncias de desaparición de mujeres que se han registrado desde al menos 1995 en la zona Centro de Ciudad Juárez. Pero si esta problemática aumentó por decenas en los años de la disputa armada por el territorio del crimen organizado, agrega el abogado, el diagnóstico es que fueron secuestradas y prostituidas para satisfacer las demandas sexuales de todos los que participaron en la ola de ejecuciones.

“Los Aztecas manejan todo tipo de negocios ilícitos, y las jóvenes eran parte de este negocio, y ante la cantidad de sujetos, agentes federales, personas que carecen de valores, hay demanda de servicios sexuales en ese clima, por parte de personas violentas, de todos los que están o estaban en el crimen organizado, asesinándose”, dice.

“El mismo testigo menciona: ‘los jefes nos las pedían de cierta manera’, y se perfilaban, unas para la prostitución, otras para vender droga, otras para alguien que la hubiera solicitado, otras se las llevábamos a los federales”, agrega.

González explica también que otro testigo en el caso del homicidio del “Z1” declaró que habían sido reclutados en Aguascalientes para llegar a delinquir a Ciudad Juárez y que, como primer pago, Roldán de la Cruz les había llevado pizza y dos mujeres. “Se describen como parte de las prestaciones del crimen organizado –explica González. No les puedes dar seguro social, pero les das droga, mujeres”.

En ese contexto de violencia, agrega el abogado, las personas más vulnerables fueron las mujeres jóvenes y pobres, cuyas desapariciones, dice, no fueron consideradas noticia ni importantes para las autoridades que no investigaron cuando todavía era tiempo de detener los crímenes. Pero en medio de las ejecuciones masivas con armas largas, dice, decenas de jovencitas fueron tomadas como “botín de guerra”.

¿Evidencias? “La ubicación, la línea temporal. Esto ocurre entre 2009, 2010 y 2011, y si se ven los registros, es la llegada de agentes federales, militares y no contabilizada de otros grupos armados”, dice.

El aumento en la prostitución fue notorio en esos años, en los que varios ciudadanos dijeron haber atestiguado la llegada de sexoservidoras sobre todo a los hoteles donde se hospedaban los policías federales. La demanda era tal que, de acuerdo con lo que testificó Jesús Hernández en el juicio, él rompió relaciones con “Z1” porque éste trataba mal a las mujeres, por lo que él empezó a dedicarse a la trata de personas pero ya “por su cuenta”.

La presencia de elementos uniformados, no sólo patrullando por las calles aledañas al hotel Verde, sino en el exterior de la negociación, como clientes, fue reportada por testigos en el juicio y por las personas entrevistadas en ese sector de la Bellavista. Tan acreditada está la frecuencia de sus visitas, dice González, que el hotel cerró en septiembre de 2010 precisamente por el homicidio de dos integrantes de esta corporación que fueron baleados en el exterior.

“Dice la Procuraduría General de la República que andaban haciendo una investigación, pero ellos no son investigadores. Se sabe que estaban esperando servicios sexuales”, dice el abogado.

“La corrupción es el principal aliciente para que todo esto funcione. Para que pueda haber un rapto, para que se pueda mantener a la persona no oculta, sino ofreciéndola, pues tiene que haber una participación de las autoridades, para que hayan podido tenerlas a la vista y no hacer ningún tipo de movimiento”, agrega.

La corrupción aparece también en la explicación de los vecinos de la colonia Bellavista a quienes se les preguntó por qué no denunciaron cuando vieron menores ocupándose como prostitutas: “Los militares debieron verlas. Ahí estaban”.

PROMO-JUAREZ