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María Rivera

06/07/2022 - 12:02 am

La negación

“La verdad es que no sabíamos, hace un año o dos, las consecuencias de los contagios en el cuerpo, a largo plazo, y aún hoy, no las conocemos del todo y no sabemos cómo tratarlas. Si además el virus sigue mutando, pues la incertidumbre aumenta”.

“(…) lo único que podemos hacer es una sola cosa: no vivir en la negación, evitar contagiarnos o recontagiarnos con las nuevas variantes”. Foto: Crisanta Espinosa Aguilar, Cuartoscuro

Ay, querido lector. Escribo esta columna con desasosiego y algo de resignación. Esto porque no, no parece que se esté prestando la atención que exige el asunto más importante de nuestros tiempos y que afecta la vida de millones de personas en todo el mundo. Me refiero, obviamente, a la pandemia. Usted dirá “pero si todo el tiempo se habla de ello”, y es cierto. Se habla, así rutinariamente y de manera superficial y hasta de manera equivocada. Esto ha generado que las personas estén mal informadas, y sosteniendo conductas de riesgo; que los gobiernos hayan podido tomar medidas equivocadas y hasta criminales sin el menor asomo de reproche o cuestionamiento. No es un fenómeno de México, sucede en todo el mundo.

¿A qué me refiero, exactamente? Pues verá, querido lector, el problema es que la pandemia no solo no terminó sino que sigue su curso fatal, empeorando, mientras las personas creen que acabó, o que con la vacunación hemos logrado vencerla. Conceptos como “la endemia”, o lo “leve” de la variante Ómicron han sido usados para crear una idea equivocada de lo que significa que estemos en una pandemia y lo que significa para nuestro cuerpo contagiarnos.

Estos conceptos se usaron para hacerles pensar a las personas que el virus SARS-CoV-2 podía comportarse como la epidemia estacional de la influenza, lo que significa que las infecciones podrían darnos una vez por año, y si nos vacunamos, de manera leve. Creo que no es necesario evidenciar que era una mentira. Las olas de COVID no obedecen a criterios estacionales, sino a la rapidez con que se generan las mutaciones y a la inexistente de inmunidad de rebaño. Esto implica lo que estamos viendo ahora. Olas con tres o cuatro meses de diferencia, con variantes nuevas capaces de reinfectar a quienes ya habían sido infectados o vacunados. Esto significa que las personas podrían acumular tres infecciones por año, de una enfermedad que no es gripe ni es leve a largo plazo.

Las vacunas, como sabemos, no evitan el contagio y tampoco el desarrollo de secuelas o COVID largo. Conforme la pandemia avance cada vez más perderán efectividad para prevenir enfermedad grave, lo cual es natural si el virus continúa mutando, esto es, si sigue esparciéndose por el mundo sin control alguno, con las personas convencidas de que la COVID es una gripa. No solo eso, entre más tiempo pase, los beneficios de la vacunación van decayendo. No es lo mismo una vacuna dos semanas después, que cinco meses, lo que perpetuará el recurso de las múltiples dosis de vacunación. Lamentablemente, cada vez estaremos menos protegidos hasta que no se produzcan vacunas esterilizantes, si es que estas se producen alguna vez.

El otro concepto, el de lo leve, en realidad es también una falsedad y es el más delicado. Circulan ya en las redes, personas de todo el mundo que están problematizando el concepto de long COVID, y el de las infecciones leves sin consecuencias, así como estudios científicos. El “covid largo” se sabe ya, le sucede al 30 por ciento de las personas que se contagian. Son secuelas que surgen a partir de la enfermedad. Todo esté conocimiento ha ido surgiendo poco a poco, a partir del estudio de las personas que se han contagiado. Se ha necesitado tiempo para conocer la real naturaleza de la infección con el paso de los meses y si algo se sabe es que el covid no es una gripa que pasa “y ya”, como mucha gente piensa. Es un bicho completamente distinto y es silencioso: muchos análisis médicos son incapaces de detectarlo como origen de una enfermedad posterior, por lo que muchos pacientes han sido tachados de “ansiosos” cuando en realidad era el virus alterando su sistema nervioso.

Ahora se especula, por ejemplo, que tal vez el covid largo no implica solo secuelas, sino infección activa. Esto debido a la publicación de estudios donde se da cuenta de que se encontraron reservorios virales en el intestino meses después de que personas cursaron con infección leve, lo que significaría que el cuerpo no “se deshizo de él” como se pensaba. También han descubierto que las re-infecciones dañan el sistema inmune de maneras realmente preocupantes, reduciendo las defensas del cuerpo humano y dejándolo expuesto al desarrollo de enfermedades por reactivación de algunos virus como el del herpes zoster o desregulándolo, causando enfermedades autoinmunes como la hepatitis fulminante infantil. Enfermedades para las cuales, lamentablemente, la medicina no tiene cura hoy. También, se han descubierto de manera accidental micro coágulos en distintas partes del cuerpo.

Es muy probable que lo que es hoy es anecdótico en las redes (personas subiendo sus conteos de glóbulos blancos disminuidos tras meses de una infección leve, con cuadros compatibles con inmunodeficiencia severa, personas denunciando que padecieron daños pancreáticos por el virus, personas con desarrollo temprano de Parkinson o con severos daños nerviosos) se convierta en un tiempo en conocimiento científico. La medicina estará siempre varios pasos atrás porque, como decía al principio, esta es una enfermedad nueva. La gente ha sido mal informada con meros supuestos o con conocimientos que sencillamente resultaron falsos. La verdad es que no sabíamos, hace un año o dos, las consecuencias de los contagios en el cuerpo, a largo plazo, y aún hoy, no las conocemos del todo y no sabemos cómo tratarlas. Si además el virus sigue mutando, pues la incertidumbre aumenta.

Ante esto, querido lector, lo único que podemos hacer es una sola cosa: no vivir en la negación, evitar contagiarnos o recontagiarnos con las nuevas variantes. Especialmente, con la que se está propagando en el mundo, B.A. 5 mucho más contagiosa, y con más escape inmunitario. Usar un cubrebocas de alta eficiencia, ventilar espacios, no convivir sin cubrebocas, son las sencillas medidas para protegernos a nosotros y a los demás. Evitemos, entre todos, más dolor, enfermedad y sufrimiento.

María Rivera
María Rivera es poeta, ensayista, cocinera, polemista. Nació en la ciudad de México, en los años setenta, todavía bajo la dictadura perfecta. Defiende la causa feminista, la pacificación, y la libertad. También es promotora y maestra de poesía. Es autora de los libros de poesía Traslación de dominio (FETA 2000) Hay batallas (Joaquín Mortiz, 2005), Los muertos (Calygramma, 2011) Casa de los Heridos (Parentalia, 2017). Obtuvo en 2005 el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
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